






















El petrolero apareci� en el horizonte del Mar de Filipinas. El Sara Sky, con bandera de Sierra Leona, fue el primero en atracar en Manila cargado con m�s de 700.000 barriles de crudo ruso. Sucedi� a finales de marzo. Era la primera vez en cinco a�os que a la capital filipina llegaba petr�leo de Rusia, simbolizando el giro pragm�tico de una regi�n acorralada por la crisis energ�tica desatada por culpa de una guerra lejana.
Apenas unos d�as antes de la llegada del Sara Sky, el presidente filipino, Ferdinand Marcos, hab�a declarado la emergencia energ�tica nacional. Fue el primer pa�s del mundo que lo hac�a. Las reservas filipinas, dependiente casi por completo de las importaciones de Oriente Pr�ximo, apenas alcanzaban para 45 d�as. En ese contexto, el origen del petr�leo dejaba de ser una cuesti�n geopol�tica para convertirse en un asunto de supervivencia.
Desde Manila hasta Han�i, el Sudeste Asi�tico se ha lanzado a los brazos del crudo ruso en medio del shock energ�tico. El bloqueo del estrecho de Ormuz -arteria por la que transita m�s del 80% del crudo destinado a Asia- ha dejado a la regi�n expuesta en su punto m�s vulnerable. La respuesta ha sido recurrir a Rusia, el proveedor que Occidente intent� aislar tras la invasi�n de Ucrania.
Indonesia ha negociado con Mosc� la importaci�n de hasta 150 millones de barriles de crudo ruso. Vietnam y Birmania han firmado contratos para recibir energ�a nuclear rusa y Tailandia explora acuerdos en fertilizantes. Incluso Malasia, hist�ricamente exportador de hidrocarburos, est� asegur�ndose suministro procedente del r�gimen de Vladimir Putin, que ha encontrado una inyecci�n para su mermada econom�a como proveedor indispensable.
Gracias a las exenciones temporales impulsadas por Estados Unidos sobre el sancionado crudo ruso, aliados de las potencias occidentales como Filipinas pueden ahora retomar esas transacciones dentro de un marco legal sin recurrir a la conocida como flota fantasma, los barcos que operan al margen de los circuitos tradicionales del comercio mar�timo.
Este acercamiento al petr�leo ruso ha encendido las alarmas en la Uni�n Europea, que ha intensificado sus advertencias a los pa�ses del Sudeste Asi�tico. La semana pasada, la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, inst� a la regi�n a "mirar m�s all� de la urgencia inmediata" y advirti� que la compra de petr�leo ruso contribuye a financiar la guerra en Ucrania.
Un mensaje que apenas resuena en las calles de Ceb�, la provincia m�s antigua de Filipinas que este jueves y viernes acoge la cumbre anual de la Asociaci�n de Naciones del Sudeste Asi�tico (ASEAN), donde los l�deres de los 11 estados miembros discutir�n precisamente sobre seguridad energ�tica.
"Desde las naciones ricas de Occidente hablan de principios, pero nosotros hablamos de comer. Sin combustible, no hay trabajo", dice Ernesto Villanueva, transportista del puerto. En una gasolinera en el centro de Ceb�, una fila de coches y motos espera llenar el dep�sito aprovechando que el di�sel acaba de bajar por debajo de los 100 pesos. "Desde las comodidades en Europa no pueden atreverse a exigirnos que pensemos en Ucrania. Si el petr�leo ruso es lo �nico que llega y es m�s barato, no tenemos elecci�n. Que vengan ellos a explic�rselo a mis hijos", defiende el taxista Marites L�pez.
Mientras la UE habla desde la l�gica de las sanciones y la presi�n diplom�tica, desde Asia responden desde la urgencia de mantener sus econom�as en funcionamiento. "Nosotros, con una econom�a siempre en crisis y mucha pobreza, no tenemos ning�n margen. Si hay petr�leo ruso y es m�s barato, lo tenemos que usar", asegura Liza, estudiante en la Universidad de Ceb�.
Las cifras respaldan toda su frustraci�n. Conductores de transporte p�blico en Filipinas reportan ca�das de hasta el 80% en sus ingresos debido al aumento del precio del combustible. Algunos han dormido en la calle para ahorrar costes. El Gobierno ha tenido que implementar semanas laborales de cuatro d�as para reducir el consumo energ�tico, una medida que evidencia la gravedad de la situaci�n.
El choque entre principios y necesidad define la nueva geopol�tica energ�tica en Asia. La regi�n no solo enfrenta escasez, sino tambi�n una tormenta perfecta: producci�n dom�stica en declive y dependencia extrema del gas natural licuado.
En Pakist�n, los cortes el�ctricos diarios son cada vez m�s prolongados, incluso en las franjas de mayor demanda. En el norte de India, con temperaturas que superan los 40 grados, la falta de electricidad convierte la vida cotidiana en un ejercicio de resistencia. En este pa�s, el m�s poblado del mundo, los agricultores dudan de si pueden costear fertilizantes, cuyo precio se ha disparado tras la interrupci�n de exportaciones desde el Golfo P�rsico. En muchas otras naciones asi�ticas, el encarecimiento de la energ�a amenaza con erosionar a�os de crecimiento econ�mico.
En el aire, el impacto de la crisis tambi�n es cada vez m�s visible. El combustible de aviaci�n en Singapur ha alcanzado m�ximos hist�ricos, obligando a las aerol�neas a recortar entre un 10% y un 15% de sus vuelos. Algunas rutas entre el sur de Asia han desaparecido temporalmente. Otras se han encarecido hasta volverse inaccesibles para una parte de la poblaci�n. Una de las aerol�neas m�s populares, la hongkonesa Cathay Pacific, ahora aplica un recargo de 200 d�lares estadounidenses a los vuelos de larga distancia. Viajar vuelve a ser un lujo para muchos bolsillos.
La crisis tambi�n est� acelerando una transici�n que llevaba a�os gest�ndose. Las ventas de veh�culos el�ctricos se disparan, los paneles solares se multiplican en tejados urbanos y rurales, y tecnolog�as alternativas ganan terreno a un ritmo inesperado. En Filipinas, las importaciones de paneles solares chinos han superado todas las previsiones. Instaladores locales hablan de una demanda hasta diez veces superior a la habitual.
Pero esa transici�n, se�alan los expertos, no resuelve el problema inmediato. Las naciones del Sudeste Asi�tico necesitan energ�a urgente. Y, en ese tablero, Rusia juega con ventaja. El Kremlin ha sabido convertir el aislamiento en oportunidad. Los altos precios energ�ticos y la reconfiguraci�n de las rutas comerciales le han permitido reforzar su influencia en una regi�n donde, adem�s, su imagen p�blica sigue siendo relativamente positiva. Encuestas recientes muestran que, en pa�ses como Indonesia o Vietnam, Rusia mantiene niveles de aprobaci�n superiores a los de Estados Unidos.
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