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El primer ministro británico, Keir Starmer, ha anunciado este lunes su dimisión como jefe del Gobierno del Reino Unido en una comparecencia desde Downing Street, aunque permanecerá en el cargo hasta que el Partido Laborista elija a su nuevo líder. La decisión marca un giro político de gran alcance en el país y abre un periodo de transición en el Ejecutivo.
"La pregunta que se hace el grupo parlamentario de mi partido es quién debe liderarnos para las próximas elecciones generales y yo he aceptado su respuesta", ha explicado Starmer ante los medios, justificando su salida del liderazgo político.
El mandatario británico ha informado además de que ya ha comunicado su decisión al rey Carlos III, siguiendo el protocolo institucional habitual en este tipo de situaciones. Starmer ha aparecido acompañado de su equipo más cercano en una intervención breve pero de fuerte impacto político.
Su sucesor al frente del Partido Laborista será previsiblemente Andy Burnham, alcalde del Gran Mánchester, quien se desplaza este lunes a Londres para formalizar su toma de posesión como diputado, un requisito imprescindible para optar al liderazgo del partido y, posteriormente, al cargo de primer ministro.
La transición no será inmediata. Burnham ha planteado un periodo de aproximadamente tres meses para evitar una ruptura brusca en la dirección del Gobierno. Durante ese tiempo, Starmer continuará como primer ministro en funciones, lo que le permitirá representar al Reino Unido en citas internacionales clave como las próximas cumbres de la OTAN y de la Coalición de apoyo a Ucrania.
La dimisión de Keir Starmer abre así una nueva etapa política en el Reino Unido, marcada por la incertidumbre interna en el Partido Laborista y por la necesidad de garantizar una transición estable en la jefatura del Gobierno británico.





















