An�lisis
La primera ministra italiana necesita vender la relaci�n con Trump como uno de sus mejores activos electorales

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni.
JORGE DEL PALACIO
Actualizado
Cuando el Papa Le�n XIV respondi� a las provocaciones de Donald Trump con un solemne "Si alguien quiere criticarme por anunciar el Evangelio, que lo haga con la verdad", no s�lo llam� la atenci�n sobre el hecho de que la Iglesia tiene su propia doctrina sobre la "guerra justa". Tambi�n recordaba que la acci�n pol�tica de la Iglesia, cuya verdad se dice eterna, no se ajusta al tempo de la pol�tica terrenal.
El encuentro entre Marco Rubio y el Papa Prevost escenific� este contraste entre una pol�tica pensada a corto plazo y otra dise�ada a largo plazo. La urgencia de quien necesita asegurar la orientaci�n del voto cat�lico pensando en las midterm americanas de este a�o, frente a la tranquilidad que acompa�a a quien tiene la misi�n de reconducir el catolicismo a su unidad en los pr�ximos a�os. La posici�n de Le�n XIV no es pro-Trump ni anti-Trump, vela por los intereses de los cat�licos. Juega en una dimensi�n que no se deja atrapar por la l�gica binaria que preside la pol�tica de Trump. Por eso para el presidente norteamericano el perfil del Papa Le�n XIV resulta desconcertante e irritante al mismo tiempo, como dec�a ayer en estas p�ginas Massimo Franco.
Muy otra es la posici�n de Giorgia Meloni, quien aspira a renovar su cargo en 2027 si se mantiene el calendario electoral. El actual Gobierno italiano es el segundo m�s longevo en la historia de Italia desde el final de la Segunda Guerra Mundial, solamente superado por el Gobierno Berlusconi II (2001-2005). Se trata de un dato que va m�s all� de la an�cdota, porque la estabilidad de la que ha gozado el Gobierno de Giorgia Meloni desde el primer d�a ha funcionado como instrumento de legitimaci�n de un partido y una tradici�n pol�tica sin experiencia de Gobierno cuyo principal objetivo era demostrar que pod�an llevar con seguridad las riendas del Estado.
La llegada de Meloni al poder puso en marcha una pol�tica exterior pragm�tica que hasta la fecha hab�a dado un buen rendimiento al Gobierno italiano: posici�n de firmeza contra Rusia, abandono de la ret�rica soberanista contra la Uni�n Europea y, sobre todo, la construcci�n de una relaci�n privilegiada con los EEUU a trav�s de la amistad Meloni-Trump. Una pol�tica exterior que buscaba, en �ltima instancia, realzar el protagonismo de Italia en Europa erigi�ndose en el int�rprete de un nuevo equilibrio entre Washington y Bruselas.
No obstante, para Meloni la guerra de Ir�n iniciada por EEUU y apoyada por Israel se ha convertido en un problema inc�modo que ensombrece la imagen de autonom�a, estabilidad y coherencia que ha querido proyectar en la esfera internacional. Trump ha convertido a los EEUU en un "hegem�n predatorio" -como lo ha bautizado el profesor Stephen Walt- que no s�lo amenaza a sus enemigos, sino que chantajea y coacciona a sus aliados para condicionar su pol�tica exterior. Y los recientes ataques de Trump al Gobierno italiano, inesperados por parte de un aliado especial, encajan en este patr�n de comportamiento.
Meloni, en definitiva, no goza del beneficio del tiempo del que s� disfruta Le�n XIV para reconducir su relaci�n con los EEUU. Y aunque ha dado sobradas muestras de saber acomodarse a las circunstancias y mudar de piel en funci�n de la necesidad, si la reuni�n con Marco Rubio no da sus frutos a la presidenta italiana le resultar� dif�cil volver a vender la relaci�n con Trump como uno de sus mejores activos electorales. Ni siquiera a los suyos, pues el partido de Meloni viene de una robusta tradici�n antiamericana. Y ya se sabe: donde hubo fuego siempre quedan cenizas.





















