
























Estados Unidos tiene 11 portaviones nucleares. Pero s�lo es capaz de desplegar tres en la guerra que ha lanzado conjuntamente con Israel contra Ir�n. Hacer eso le ha costado dos meses, porque la �ltima de esas naves, el George H.W. Bush acaba de llegar al teatro de operaciones. Y, entremedias, ha estado a punto de producirse una tragedia, cuando el portaaviones m�s moderno de la flota estadounidense, el Gerald Ford, sufri� un incendio en medio de la campa�a de bombardeos que tard� 30 horas en ser extinguido, carboniz� los dormitorios de 600 soldados, y oblig� a la nave a estar dos semanas sin combatir, mientras era reparada en Malta y Croacia.
La moral en el barco es, adem�s, muy baja. Esta es la primera misi�n del Ford, que entr� en servicio el a�o pasado, y cuya tripulaci�n lleva 10 meses sin ver a sus familias. Es la singladura m�s larga de un portaviones estadounidense desde el final de la Guerra Fr�a y, cuando termine, a mediados de junio, se contar� entre las m�s prolongadas de ning�n barco de este tipo en la historia de la Marina de Estados Unidos.
El Ford ha tenido m�ltiples problemas de funcionamiento; el m�s conocido, un monstruoso atasco de sus retretes en febrero, algo especialmente importante en un barco en el que hay 4.500 personas. Numerosas informaciones sin confirmar apuntan a que ese incidente, o incluso el incendio de marzo, podr�an haber sido actos de sabotaje de la propia tripulaci�n, harta de ver c�mo una misi�n de seis meses en el Mediterr�neo Oriental se ha convertido en una de un a�o que ha involucrado dos conflictos: la captura de Nicol�s Maduro en el Caribe y el bombardeo de Ir�n desde el Mediterr�neo y el mar Rojo.
As�, de sus 11 portaaviones, Estados Unidos s�lo puede desplegar tres frente a Ir�n, en una guerra en la que el Pent�gono reconoce haber gastado ya 25.000 millones de d�lares. Si lleva a cabo una acci�n contra Cuba, deber� utilizar bien fuerzas basadas en su territorio -algo sencillo, dado que la isla est� a 100 kil�metros de Florida- o buques de asalto anfibios -en realidad, portaaviones ligeros- de los Marines.
Pero, si Estados Unidos tienen 11 portaviones nucleares -que, adem�s, es una cifra fijada por ley-,�c�mo es posible que s�lo pueda desplegar, y tras un esfuerzo considerable, tres en la mayor guerra que ha lanzado desde la Tormenta del Desierto en la que expuls� a Irak de Kuwait, pese a que Teher�n es hoy un enemigo mucho mejor armado y competente que lo era Bagdad y que Washington s�lo cuenta con el apoyo de Israel en vez de los 35 pa�ses que le apoyaron en 1991?
La respuesta es una combinaci�n de realidades militares e industriales. Las primeras son simples: normalmente, los grandes sistemas navales de armas estadounidenses operan con la regla de los tres tercios. Es decir, pasan un tercio de su vida en puerto, un tercio en misiones de entrenamiento, probando nuevas armas y t�cticas, y un tercio desplegados en misiones. Eso implica que, en circunstancias normales, s�lo un tercio con realmente operativos.
Pero ahora, se ha sumado un problema de calendario. Todos los portaviones de la Armada de Estados Unidos son nucleares. Eso significa que no necesitan repostar combustible en puerto, lo que les da una autonom�a realmente infinita. Pero cada 25 a�os, los barcos deben cambiar su combustible nuclear. Eso significa, literalmente, desmontar parte de la nave, acceder a sus dos reactores -lo que significa hasta cortar planchas de acero del barco por la mitad- sacar las barras de uranio enriquecido usadas y reemplazarlas con otras.
La operaci�n se combina con una reestructuraci�n de arriba a abajo de todo el barco. Es, casi, como desmontar el portaaviones y volverlo a hacer, con lo que este sale pr�cticamente como nuevo del astillero. Y con una factura descomunal, que ronda los 5.000 millones de euros, a la que hay que sumar los aproximadamente 15.000 que cuesta la construcci�n y equipamiento de un portaaviones y de su Ala A�rea Embarcada, que consiste en unos 70 aviones y helic�pteros.
El �nico inconveniente es que todo el proceso, denominado RCOH (las siglas en ingl�s de Recarga de Combustible y Remodelaci�n Compleja) lleva entre tres y cinco a�os. En ese periodo, el nav�o est� en dique seco. Y en todo Estados Unidos s�lo hay un astillero capaz de hacer el RCOH. Est� en Virginia, y pertenece a la empresa Huntington Ingalls.
Todo el proceso es una maquinaria que tiene que funcionar perfectamente engrasada. Y ah� es donde el sistema est� fallando. El Covid-19 ralentiz� el RCOH del George Washington, que tard� casi seis a�os. A continuaci�n, lleg� el del John C. Stennis, que tambi�n va con retraso, y no concluir�, con suerte, hasta finales de a�o. Huntington Ingalls se har� cargo entonces de la renovaci�n del Harry S. Truman, pero al mismo tiempo deber� llevar a cabo una reparaci�n, que probablemente dure m�s de un a�o, del Ford, reci�n llegado de su odisea de Venezuela, Ir�n, incendio, retretes atascados... y, encima, con una tecnolog�a completamente nueva, ya que ese barco inaugura una nueva clase de portaaviones totalmente diferente de sus predecesores. Entretanto, el astillero deber� seguir construyendo otros dos barcos de la clase Ford, el Enterprise y el William J. Clinton.
Todo eso significa un cuello de botella de dimensiones abrumadoras. Y a ello se suma la doctrina militar estadounidense, que exige tener permanentemente un portaaviones en activo en el Atl�ntico y otro en el Pac�fico, ante posibles amenazas de Rusia y China, respectivamente. El colapso es tan grande que la Marina de EEUU ha tenido que hacer algo excepcional: prolongar la vida �til del venerable Nimitz, que entr� en servicio en 1975, y que, por tanto, cumpli� los 50 a�os de vida �til el a�o pasado. De lo contrario hubiera roto la regla de los 11 portaaviones que, aunque es flexible -siempre que el Congreso lo autorice temporalmente- no est� para muchas interpretaciones cuando China est� construyendo una flota de grandes portaaviones convencionales.
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