





















Luiz In�cio Lula da Silva necesita ser Mark Carney. Al presidente brasile�o le vendr�a muy bien que Donald Trump se ensa�e nuevamente con su pa�s, como ya hizo en julio de 2025. Aquella batalla contra el imperio por la soberan�a revitaliz� a Lula y le permiti� cerrar el a�o como favorito para ganar las elecciones del 4 de octubre, y eventualmente la segunda vuelta del 25 de ese mes, y convertirse por cuarta vez en el l�der de la mayor econom�a de Am�rica Latina. Pero ese efecto ya se esfum�, y el viento de cara es cada vez m�s fuerte para el veterano l�der de izquierdas.
Necesita, como sucedi� con el hoy primer ministro de Canad�, que el presidente de los Estados Unidos ofenda otra vez a Brasil, en lo posible profundamente y a la puerta de las elecciones. Con la guerra de tarifas y la insistencia en hablar de Canad� como el estado n�mero 51 de la Uni�n, la elecci�n de abril de 2025 gir� 180 grados: los conservadores ten�an una gran ventaja y termin� ganando la centroizquierda. No en vano, Lula reuni� meses atr�s a varios de sus ministros para estudiar qu� podr�a hacer el pa�s si Trump decidiera atacar Brasil.
�Le har�a semejante favor Trump? Ya nada es impensable en la pol�tica mundial de hoy, ni hablar en un Brasil que enhebra historias cada vez m�s apasionantes e inveros�miles. El senador Fl�vio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 a�os y tres meses de prisi�n por liderar un fallido intento de golpe de Estado, es hoy el favorito para instalarse en 2027 en el Palacio del Planalto. El fuerte viento que sopla a favor de la derecha en la regi�n est� ganando intensidad en Brasil, donde franjas importantes del electorado simplemente comienzan a cansarse de toda una vida con Lula.
"Ser� su s�ptima vez como candidato. Y adem�s intent� ser candidato en 2018, cuando estaba preso. Lamento que un campo pol�tico como el de Lula sea totalmente dependiente de una persona. Contar con nuevos liderazgos all� ser�a algo importante para la democracia brasile�a", afirm� en una reciente entrevista con EL MUNDO Eduardo Leite, gobernador de R�o Grande do Sul y frustrado precandidato del conglomerado centrista del Partido Social Democr�tico (PSD). El candidato del PSD es Ronaldo Caiado, que, si ganase, promete amnistiar a Bolsonaro.
Lula insiste, convencido, en que m�s que un presidente �l es alguien destinado a "cuidar del pueblo brasile�o", pero la pregunta es si los brasile�os quieren ser cuidados, y si quieren ser cuidados por Lula, que de ganar en octubre gobernar�a de los 81 a los 85 a�os. Vuelve, as�, el recuerdo de Joe Biden.
En octubre de 2022, el Gobierno de Biden, combinado con el de Emmanuel Macron, fue fundamental para que la Administraci�n de Bolsonaro aceptara a rega�adientes el muy ajustado triunfo de Lula (50,9% contra 49,1%), pero en los �ltimos a�os el reiterado y consistente intento del l�der brasile�o ha sido distanciarse de Biden. �Por qu�? Porque no puede permitirse que se ponga en duda su salud y sus condiciones mentales para gobernar.
Lula goza, en efecto, de mucha mejor salud que el Biden de aquel terrible a�o final de su mandato. Desde que en diciembre de 2024 fue operado de un hematoma subdural tras golpearse la cabeza al caer en el ba�o, su evoluci�n ha sido notable. Su esposa, Janja, no deja de subir videos a las redes sociales en los que se ve al ex sindicalista metal�rgico levantando pesas y practicando todo tipo de ejercicios. Pero as� como el perfil de Janja baj� notablemente tras una serie de episodios que irritaron a varios ministros, la hiperactividad de Lula en las redes sociales comienza a percibirse como contraproducente. No son pocos quienes ven a Lula bajo el prisma del dicho popular: "Dime de lo que presumes y te dir� de qu� careces". Y el drama de Lula es que si en los exigentes meses de campa�a la salud le jugara una mala pasada, el Partido de los Trabajadores (PT) no tiene un sustituto confiable para ofrecer. El PT es Lula y Lula es el PT.
El mal ambiente en el Gobierno creci� con la doble derrota parlamentaria de los �ltimos d�as. El Senado rechaz� la nominaci�n de Jorge Messias como miembro del Supremo Tribunal Federal (STF), algo que no le suced�a a un presidente desde 1894, nada menos que 132 a�os. Horas despu�s, el Senado y la C�mara de Diputados derribaron el veto total de Lula al proyecto de ley que modifica las normas de c�lculo de las penas y reduce las sanciones para los condenados por los hechos del 8 de enero de 2023. Esto beneficia directamente al ex presidente Bolsonaro, condenado a 27 a�os y tres meses de prisi�n por liderar un fallido intento de golpe de Estado. En dos o tres a�os podr�a beneficiarse de un r�gimen de prisi�n semiabierto.
El d�a a d�a de Lula es un agotador marat�n, una sucesi�n de actos, reuniones y m�tines en los que apela a un lenguaje popular y directo para hablar de lo divino y de lo humano, casi siempre dando c�tedra, dici�ndoles a los brasile�os como son o deber�an ser en realidad las cosas. Nada le es ajeno, y las salidas de tono y de protocolo son frecuentes. A fines de marzo, durante una visita en el interior del Estado de Sao Paulo a los talleres de la aerol�nea Latam, Lula, de traje, corbata y gorra, comenz� a correr en c�rculos mientras simulaba hacer volar un peque�o avi�n a escala. Los operarios, altos cargos, empresarios y periodistas quedaron at�nitos, y la oposici�n m�s recalcitrante aprovech� para decir que la escena demostraba que el presidente no est� en sus cabales.
Una oposici�n que crece. La reciente janela partid�ria (ventana partidaria), una extravagancia de la pol�tica brasile�a que una vez al a�o permite a los pol�ticos cambiar de partido en pleno ejercicio de sus cargos, fue desfavorable para el PT y consolid� a la derecha y la centroderecha. A eso se sum� el efecto de las renuncias masivas de ministros y gobernadores, obligados a hacerlo por presentarse a cargos electivos.
As�, el PSD (no hay que tomarse en serio lo de "socialdemocracia", se trata de un partido decididamente de centroderecha) subi� de tres a seis gobernadores, mientras que en el Congreso -donde 115 de los 513 diputados cambiaron de grupo-, el Partido Liberal (PL) de los Bolsonaro subi� de 87 a 96 diputados y el PT de Lula se mantuvo estable con 67.
El clima de malestar en el Gobierno creci� con recientes sondeos en los que Bolsonaro comenz� a exhibir una leve ventaja en una eventual segunda vuelta con Lula el 25 de octubre. En la �ltima reuni�n del gabinete antes de que los ministros dejaran el cargo, el jefe de la Casa Civil (una suerte de primer ministro) ech� en cara al responsable de Comunicaciones que los brasile�os no se enteran de las buenas noticias, de los hechos positivos del Gobierno de Lula.
En un a�o, 2026, en el que los brasile�os deber�an sentir los efectos de la exenci�n total del IRPF para aquellos que ganan hasta 5.000 reales (unos 920 euros), el Gobierno de Lula prepara un nuevo "paquete de bondades" espoleado por la guerra en Ir�n, pero tambi�n por la necesidad de modificar el rumbo de las encuestas y el Zeitgeist que devuelve al pa�s los vientos favorables a la derecha que gobern� entre 2019 y 2023. La inflaci�n que crece y el dato de que el 80% de los hogares est� endeudado contribuyen a ello.
El regreso de la corrupci�n al primer plano refuerza esa percepci�n, con integrantes del STF, fundamental para la estabilidad de la democracia brasile�a, vinculados al gigantesco esc�ndalo en torno al Banco Master. A su vez, uno de los hijos de Lula, conocido como Lulinha, se fue a vivir a Espa�a en medio de acusaciones e investigaciones por sustracci�n de fondos del sistema p�blico de pensiones (INSS).
Y mientras Fl�vio Bolsonaro busca consolidar su candidatura, Michelle, la esposa del ex presidente, da se�ales de sus ambiciones y, como en tantos otros pa�ses, nace un Milei local.
Ren�n Santos, tal su nombre, se hace fuerte entre los m�s j�venes llamando Judas a Fl�vio Bolsonaro y con propuestas como convertir al empobrecido Nordeste en el "Brasil saud�" o a R�o de Janeiro en una ciudad-estado. Y Romeu Zema, otro candidato de derecha, crece en las encuestas.
Esos confusos espacios ideol�gicos compiten con la derecha de Bolsonaro por seducir a la poblaci�n con f�rmulas de mano dura para resolver la crisis de seguridad ciudadana, una batalla que Lula ya no elude: el presidente afirm� recientemente que el pa�s "est� en una guerra" contra la delincuencia, una afirmaci�n que incomod� a parte de sus votantes y revela las angustias y necesidades de la izquierda gobernante.
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