





















SALUD HERNÁNDEZ-MORA Bogotá
Actualizado
En un país partido en dos, con amenaza de violencia en las calles si ganara la derecha, el outsider Abelardo de la Espriella se ha alzado con la victoria y será el próximo presidente de Colombia a partir del próximo el 7 de agosto. Obtuvo el 49'7 por ciento de los votos frente a los 48'5 del candidato petrista, Iván Cepeda, con el 98'22% de los sufragios escrutados.
Las encuestas le daban el triunfo por un margen de entre siete y cinco puntos, pero en los últimos días su rival le acortó distancias.
Comienza, por tanto, una etapa complicada, cargada de incertidumbre en un ambiente caldeado, tenso. El abogado independiente, que nunca había hecho política y solo cuenta con un diminuto grupo parlamentario, tendrá que afrontar una oposición radical, fuerte, que no le hará la menor concesión. Y falta por ver cuál será la reacción de las bandas criminales que apostaron por Cepeda y obligaron a la gente en las regiones que dominan a votar por él. Y de Gustavo Petro, porque también supone una dura derrota para él. Nada más conocer la pequeña diferencia, anunció que esperará al escrutinio oficial y que impugnará varias mesas.
Uno de los aspectos más preocupantes es que Gustavo Petro sigue sin reconocer los resultados del pasado 31 de mayo, algo que nunca había ocurrido en Colombia, por un supuesto fraude que nadie secundó. Volvió a advertir que no aceptará los datos que arroje el conteo de la Registraduría Nacional, esperará al escrutinio final, que suele demorar uno o dos días más.
Y el domingo, al abrir las urnas oficialmente, insistió en que solo los jueces podrán determinar quién ha ganado las elecciones, en línea con un mensaje muy polémico que publicó en X sobre los formularios E14, que rellenan a mano los jurados. Afirmó que son manipulables con unos argumentos peregrinos que fueron refutados en la misma red social por periodistas, políticos y expertos.
«El pirómano sigue ambientando el desconocimiento de los resultados electorales y el consecuente golpe de Estado», respondió el senador electo Andrés Forero.
Para el congresista del Partido Verde Juan Carlos Lozada, si Petro mantiene su actitud, «el país se incendia. Lo que esperamos del presidente es ver al estadista, no el militante, el activista, el Petro que hemos visto ahora. Al desconocer resultados hoy, puede poner en grave riesgo la estabilidad institucional de Colombia».
Nada indica, por ahora, que el presidente vaya a modificar esa posición porque, al margen de los supuestos fraudes, ha sugerido a los suyos tomar las calles si Cepeda no fuese elegido. Y voces destacadas de la ultraizquierda han avisado de posibles brotes de violencia en caso de una victoria de El Tigre.
«Es violencia lo que va a venir si ellos ganan, y las víctimas de esa violencia vamos a ser nosotros», afirmó Carlos Carrillo, ex director de la Unidad Nacional de Riesgos y Desastres, activista de la campaña de Cepeda, en entrevista con El Olfato. «El país se va a incendiar porque ellos lo están incendiando. La gente está votando con odio, está en medio de una especie de psicosis colectiva».
La incertidumbre sobre la reacción de los petristas radicales ha sembrado el miedo en parte de la ciudadanía. Colombia vivió el llamado «estallido social» que supuso paralizar el país de manera violenta, con muertos y heridos, durante dos meses.
En todo caso y para evitar desconfianzas, el presidente del Consejo Nacional Electoral, Cristian Quiroz, informó que cuentan con más de 15.000 observadores internacionales, desplegados por toda la nación, a los que hay que sumar más de 2.000 invitados con la función de supervisores del proceso electoral, así como 266.764 testigos electorales.
«Vamos a aceptar los resultados, somos unos demócratas, pese a que no pudimos ir a varias regiones del país y con un presidente y ministros haciendo campaña», manifestó De la Espriella. Por su parte, Cepeda, que tardó una semana en aceptar el veredicto de las urnas en primera vuelta y lo hizo presionado por los centristas que pretendía atraer a su orilla, en esta ocasión aseguró que no pondrá problemas.
El presidente volvió a desafiar las restricciones electorales que le prohíben hacer campaña. A modo de reto y a sabiendas de que no está permitido, mostró a las cámaras de televisión su papeleta antes de introducirla en la urna. Y ha realizado actos públicos en diferentes provincias para respaldar a Cepeda pese a que el Consejo de Estado le había ordenado, el 28 de mayo, dejar de hacerlo.
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