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Si se extrapolan los resultados de las elecciones locales del Reino Unido a unas elecciones generales, el partido ultranacionalista Reform UK quedar�a cerca de la mayor�a absoluta en el Parlamento, y podr�a gobernar sin problemas con el respaldo del Partido Conservador. No habr�a, sin embargo, ninguna manera de que las fuerzas de izquierda o de centroizquierda pudieran mantener el poder, que actualmente ejerce el primer ministro laborista Keir Starmer.
�sa es la conclusi�n de un an�lisis de la cadena de televisi�n Sky News. Es un an�lisis chapucero, porque las elecciones locales apenas se han realizado en una parte del pa�s, y en algunas circunscripciones la participaci�n no ha llegado al 30%, mientras que el agregado de las generales de julio de 2024 fue el 59,7%. Pero, incluso con ese an�lisis de la cuenta de la vieja, la se�al es clara: el duopolio pol�tico de conservadores y laboristas se ha acabado. Y, de esas dos formaciones, la que tiene m�s que perder es la segunda. As� que Starmer es un n�ufrago pol�tico, con los tiburones nadando en c�rculos alrededor suyo.
Esos tiburones tienen nombre y cargo: Wes Streeting, ministro de Sanidad; Angela Rayner, ex viceprimera ministra con Starmer y diputada; y Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester, que es la segunda o tercera (seg�n el criterio que se aplique) �rea metropolitana del pa�s. Los tres son laboristas, como Starmer, y los tres aspiran a echarlo y sucederle. Pero Burnham (de izquierdas) no puede porque no es miembro del Parlamento. Rayner (tambi�n de izquierdas) y Streeting (en la l�nea centrista del primer ministro) s� est�n en condiciones de alcanzar la jefatura del Gobierno. Pero no est� nada claro que vayan a conseguir apoyos suficientes.
La cuesti�n no es tanto "si lo lograr�n". M�s bien, se trata de "cu�ndo lo lograr�n" y "qui�n lo lograr�". Starmer trat� el lunes de reafirmar su liderazgo con un discurso de media hora seguido de una rueda de prensa en su residencia oficial de Downing Street en el que simplemente volvi� a dejar claras sus credenciales tecnocr�ticas y su aversi�n al riesgo, que es exactamente lo que le reprochan los cr�ticos, sobre todo los del ala izquierda laborista.
Las palabras del primer ministro siguieron el esquema can�nico de lo que se espera de un discurso destinado a resetear una marca pol�tica (el laborismo) y personal (la de Starmer) en ca�da libre. Reconoci� el fracaso -"los resultados fueron duros, muy duros" - pero afirm� que no puede irse porque, precisamente, hacer eso ser�a huir en un momento en el que el Partido Laborista afronta una pinza de los populistas de derecha -el Reform de Farage- y de izquierda -el Partido Verde de Zack Polanski - que son "peligrosos, muy peligrosos" no ya para su formaci�n, sino para el Reino Unido. "Si no lo hacemos bien, nuestro pa�s se deslizar� en direcci�n a un sendero muy oscuro", advirti�, con un mensaje que ignor� ol�mpicamente al Partido Conservador, a quien el jefe del Gobierno trat� casi como a una fuerza del pasado, que solo tiene cabida en su discurso para echarle la culpa de la situaci�n que hered� en 2024.
Fue Starmer en estado puro, con algunas variaciones. Pese a su cr�tica de Reform, no mencion� ni una sola vez el medio ambiente, las minor�as ni la igualdad de g�nero. Us� la frase de inequ�voca resonancia faragiana -y, en general, de derecha populista en todas partes- de "tomar el control de nuestra seguridad econ�mica, nuestra seguridad energ�tica, y nuestra seguridad de defensa". Us� el anticuado, pero patri�tico, "British Steel", que dej� de existir hace siete a�os, para referirse a la nacionalizaci�n de la �ltima siderurgia que queda en Reino Unido, en Scunthorpe, en una regi�n industrial en declive en la que el laborismo cedi� terreno frente a Reform.
El primer ministro insisti� en que la decisi�n se basa en la defensa "de los trabajadores", sin mencionar el componente estrat�gico de salvar a esa f�brica. Y volvi� a decir que quiere poner al Reino Unido "en el coraz�n de Europa", algo que nadie sabe qu� quiere decir. Starmer se mostr� partidario de integrar al pa�s en el Mercado �nico, pero poco despu�s de 2029. O sea, despu�s de las elecciones. Hacer campa�a para la reelecci�n cuando se es el primer ministro m�s impopular desde que existen encuestas requiere moral. Y es, tambi�n, una se�al de que para Starmer la cautela forma parte de su ADN.
El resultado fue un fracaso. Cuando empez� el evento, 34 parlamentarios laboristas hab�an pedido formalmente su dimisi�n por el desastre electoral. A �ltima hora de la tarde ya eran 52. Tambi�n lo hab�a solicitado tres miembros de su Gobierno. Pero hay que tener en cuenta que los brit�nicos llaman "Gobierno" a un �rgano formado por unas 122 personas. As� que el efecto de todo esto es m�s psicol�gico que pol�tico. Por ahora, no hay ning�n candidato para suceder a Starmer. Mientras eso no cambie, el primer ministro no tiene de qu� preocuparse.
Incluso aunque alguien, en un ejercicio de audacia, se lanzara al cargo de jefe del Gobierno, el proceso no habr�a hecho m�s que empezar. Primero, deber�a alcanzar el apoyo expl�cito de 81 parlamentarios, o sea, el 20% de la bancada laborista. Despu�s, necesitar�a el respaldo de otros afiliados al Partido con cargos ajenos al Parlamento, incluyendo a l�deres sindicales. Y, finalmente, los 250.000 afiliados del laborismo podr�an votar.
En el Partido Conservador, echar al primer ministro es muy sencillo, lo que explica la cascada de tres jefes del Gobierno en los 22 meses que van de septiembre de 2022 a julio de 2024. En el Laborista, casi imposible. Parad�jicamente, fue ese complejo procedimiento lo que salv� en 2016 el liderazgo de Jeremy Corbyn, el l�der de la izquierda irredenta del partido. Una d�cada m�s tarde, eso est� jugando en favor de su n�mesis, Keir Starmer.
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