






















Daniel Lozano
Actualizado
Delcy Rodr�guez compareci� ayer lunes ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) con el broche de la pol�mica clavado en su chaqueta blanca, el mismo que provoc� el �ltimo altercado diplom�tico con Guyana y con otros pa�ses caribe�os. Como si con sus gui�os pol�ticos -en este caso, con el mapa nacional que impuso Nicol�s Maduro tras el refer�ndum patri�tico de 2023, convertido en imperdible nacionalista- pudiera enmascarar el olvido revolucionario sobre el famoso Esequibo, territorio en litigio hist�rico bajo administraci�n de Georgetown.
Los 160.000 kil�metros cuadrados de "monte y culebra" (as� denominan en Venezuela a la selva) conservan en sus entra�as atl�nticas una de las mayores riquezas en petr�leo, gas y otros minerales del planeta. El mismo territorio que hoy lidera el mayor milagro econ�mico del mundo, con Guyana disparando su Producto Interno Bruto (PIB) a�o tras a�o gracias al petr�leo que extrae la estadounidense Exxon Mobil. El Dubai de las Am�ricas, le llaman los m�s visionarios.
La presidenta encargada del Gobierno de facto defendi� como pudo la posici�n hist�rica de Caracas y no dud� en calificar el proceso abierto en la CIJ como un absurdo antijur�dico, adem�s de lanzar unas acusaciones imposibles contra la peque�a Guyana, que fuera uno de los pa�ses m�s pobres del continente: "Del mismo modo que los imperios coloniales borraban la historia de los pueblos que pretend�an dominar, se pide a esta corte ordenar la destrucci�n de mapas, prohibir la ense�anza de la historia, acabar con los s�mbolos y arrancar la Guayana Esequiba del coraz�n de los venezolanos".
Un alegato sorprendente y s�lo posible en la nueva situaci�n en Venezuela, con el chavismo reciclado bajo protectorado de Washington obligado a abandonar sus amenazas b�licas contra Guyana, que tanto preocuparon los �ltimos a�os a los vecinos de ambos pa�ses. Basta con recorrer la historia reciente del pa�s sudamericano para recordar que Maduro aprovech� los altercados fronterizos con Guyana para fracasar en su intento de forzar una ola patri�tica entre los venezolanos con el objetivo de mitigar el �xito alcanzado por Mar�a Corina Machado en las hist�ricas primarias democr�ticas de 2023.
El refer�ndum patri�tico convocado semanas despu�s oblig� a la revoluci�n a inventarse unos n�meros electorales imposibles: 10 millones de supuestos votantes pese al desinter�s absoluto del pa�s, con alrededor de dos millones de electores. En una maniobra posterior, el chavismo acus� a varios dirigentes opositores muy cercanos a la l�der democr�tica de traici�n a la patria. A la postre, se convertir�a en un laboratorio de lo sucedido al a�o siguiente durante las presidenciales. Lo m�s pintoresco es que fueron los opositores los que dieron la batalla sobre la venezolanidad del Esequibo durante todo el chavismo.
Decidido a exprimir al m�ximo la situaci�n, Maduro se invent� un nuevo estado (regi�n) en el mapa de Venezuela, llamado Guayana Esequiba, con gobernador y una capital incluida, eso s� en territorio venezolano. Siempre sobre el papel, porque la alianza militar de Estados Unidos con Guyana desanim� a ir m�s all� al dictador, que se enga�� a s� mismo con la idea de inventar sus propias Malvinas. Los mismos mapas que con tanto sentimentalismo reivindic� ayer la presidenta encargada.
"Esta corte fue creada para resolver conflictos, no para alentarlos. Ninguna sentencia brindar� una soluci�n definitiva aceptable para ambas partes, por el contrario va a exacerbar las diferencias y llevar�a a las partes a atrincherarse en sus respectivas posiciones, alej�ndolas del arreglo pr�ctico, satisfactorio y mutuamente aceptable al que se comprometieron en 1966 con su forma en el Acuerdo de Ginebra de 1966", a�adi� Rodr�guez, para dejar claro que Venezuela participa a rega�adientes en las sesiones del CIJ y que est� dispuesta a desconocer su resoluci�n final.
La apuesta de Guyana es diametralmente distinta: defender el statu quo actual, insistir en la "amenaza existencial" de las pretensiones venezolanas y apostar por el laudo arbitral de 1899, que otorg� al Reino Unido la soberan�a de la zona, "heredada" por Georgetown tras su independencia de 1966. El Esequibo, con apenas 125.000 habitantes, supone dos tercios del territorio de Guyana. Fueron las Naciones Unidas las que decidieron, ante las posturas enconadas de ambos pa�ses, que fuera la CIJ la que dictamine sobre la demanda presentada por Guyana en 2018.
Qui�n le iba a decir a los dirigentes bolivarianos que el escenario geopol�tico del Caribe cambiar�a para siempre en 2015, cuando ExxonMobil descubri� el primer yacimiento de crudo frente a las costas esequibas. Casi dos d�cadas de olvido chavista gracias a las ma�as diplom�ticas de Fidel Castro, aliado hist�rico de Guyana, quien convenci� a Hugo Ch�vez de que esa demanda sobre territorio tan pobre no val�a la pena. A cambio, el comandante supremo se jugaba algo muy suculento: el apoyo pol�tico de los pa�ses de la Comunidad del Caribe (Caricom), regado adem�s con millones de barriles de petr�leo venezolano, indispensable en la Organizaci�n de Estados Americanos (OEA) y en otros organismos internacionales para ocultar la deriva autocr�tica de Caracas.
M�s all� de la diatriba hist�rica y geopol�tica, la participaci�n de una presidenta encargada bajo sospecha en la audiencia de la CIJ se enmarca en la campa�a de legitimaci�n de la peque�a de los Rodr�guez, en la que tambi�n participa Jos� Luis Rodr�guez Zapatero, y que le ha servido para recorrer buena parte del pa�s bajo el eslogan de la confianza.
Una mandataria "confiable" que cruza el Atl�ntico para viajar a Europa, pese a estar sancionada por la Uni�n Europea (UE), gracias a la independencia del m�s alto tribunal de Naciones Unidas. En sus m�s de cuatro meses en el Palacio de Miraflores, Delcy s�lo hab�a viajado al Caribe: a la isla de Granada y a Barbados, donde provoc� a las autoridades de Guyana con su famoso broche del Esequibo.
Uno de los grandes temas internacionales por dilucidar es si Rodr�guez participar� en la Cumbre Iberoamericana que se celebrar� en Madrid en noviembre, para lo que cuenta con la connivencia del gobierno espa�ol. "Es perfectamente normal que participe", insisti� ayer Jos� Manuel Albares, ministro espa�ol de Exteriores.
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