Es la líder de la división española de la ONU para la igualdad de género y el empoderamiento femenino. El 16 de junio lanza la Gran Alianza HeForShe, que impulsa la igualdad como un compromiso compartido con los hombres

Eva D. Castro, presidenta de ONU Mujeres España.
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- Ha estudiado a fondo el movimiento feminista y la evolución social. ¿En qué punto nos encontramos realmente?
- Si analizamos los datos, todavía nos quedan tres siglos para conseguir la igualdad real. Está cuantificado. Por eso, desde el Comité Español de ONU Mujeres insistimos en que hay que acelerar el ritmo. Estamos en un momento en el que, lejos de lo que parece, avanzamos menos; lo que estamos es defendiéndonos más que avanzando. Existe una crisis de financiación brutal a nivel internacional que está asfixiando a las organizaciones de base que trabajan en zonas de conflicto. Sin recursos económicos no se va a resolver ningún problema estructural. En España somos referentes en leyes, pero faltan implementación y una mayor coordinación entre sanidad, educación y las fuerzas de seguridad.
- Habla de problemas estructurales. ¿Qué brecha supone el principal freno en el día a día?
- La violencia de género siempre va por delante, es algo intolerable. Pero otra brecha fundamental y invisible son los cuidados. No están en el centro de todas las políticas ni muchísimo menos. Los cuidados están totalmente desprestigiados y precarizados; cuando se cobra por ellos, los salarios son ínfimos. De la situación a la que nos vemos expuestas las mujeres por tener que cuidar se deriva la mayor parte de los problemas laborales, como no llegar a los puestos de poder. El techo de cristal empieza en casa. Necesitamos un modelo que sitúe los cuidados en el centro y que exija corresponsabilidad real a los hombres.
- Menciona la violencia de género como brecha principal. ¿Es ese nuestro mayor reto como sociedad?
- Absolutamente. Hay que hablar de violencias, en plural. Más allá de la violencia física, que es la cima de la escalera, existen otros tipos invisibles como la violencia obstétrica o la violencia política, que vemos todos los días en el telediario con nuestras representantes. Pero nuestro gran caballo de batalla, el mayor reto del siglo XXI, es la violencia digital. Existe una corriente de mensajes negacionistas que está provocando un retroceso absoluto. El algoritmo busca el impacto, funciona así, pero las grandes plataformas tienen una responsabilidad enorme que deben asumir. No puede ser que los menores, que solo se comunican en esos entornos, reciban impactos dañinos continuamente. Hay que legislar y dotar también a la inteligencia artificial de perspectiva de género para que no excluya a las mujeres de procesos tan cotidianos como pedir financiación o un seguro. Actúa como si fuéramos un riesgo.
- Sorprende que ese retroceso del que habla se esté detectando precisamente entre los más jóvenes.
- Cíclicamente se le achaca todo a la juventud y no se puede generalizar, pero sí hay un problema evidente. Quienes todavía no han desarrollado un espíritu crítico son más fáciles de convencer por los discursos negacionistas que saturan las redes sociales. Yo estoy mucho en las aulas y lo veo: cuando entras a hablar de igualdad, la primera reacción de chicos y chicas es de rechazo, un «uf, otra vez el mismo rollo». Se saben la teoría de memoria pero el mensaje les genera rechazo porque lo reciben como un ataque y no se sienten interpelados.
- Ante este panorama, ¿qué papel deben desempeñar los hombres? ¿Se les ha dejado de lado en el discurso del cambio?
- Tienen todo el papel. Las mujeres somos el 52% de la población, no somos un colectivo, somos la mitad de la sociedad. Sin los hombres es imposible andar. Este año nos estamos volcando en el movimiento HeForShe en España para invitar a los hombres a ser los líderes que necesitamos. El talento no tiene género, pero las startups lideradas por mujeres solo absorben entre el 20% y el 30% del capital riesgo. Si los hombres, que ocupan mayoritariamente los espacios de toma de decisiones, no nos abren la puerta, no entraremos nunca. Necesitamos que ejerzan un liderazgo inclusivo en las empresas y que sean corresponsables en sus hogares para que las mujeres dejemos de ser presas del tiempo.
«Los cuidados en el hogar nos convierten en presas del tiempo y comprometen nuestras posibilidades profesionales. El techo de cristal empieza en casa»
- Los medios de comunicación parecen haber rebajado la intensidad de su cobertura sobre estos temas. ¿Nos hemos saturado?
- Se ha normalizado la violencia y eso es gravísimo. Antes era impensable ver con tanta cotidianidad un caso de violencia de género en el telediario; ahora la gente lo ve mientras cena y mira para otro lado. Hemos asumido esa realidad. Además, los medios siguen fallando en mostrar referentes femeninos. En las tertulias y mesas de expertos se sigue priorizando la voz de los hombres. Si las mujeres dejamos de salir de forma natural en la cobertura mediática y cultural se lanza el mensaje indirecto de que los problemas que sufrimos tampoco son importantes.
- Mirando al futuro, ¿qué cambios veremos en la próxima década?
- Siendo sincera, a lo mejor la igualdad no avanza en los próximos diez años; es surrealista, pero es una posibilidad. Lo que sí es seguro es que el mundo va a sufrir una evolución tecnológica brutal y nos va a obligar a legislar el entorno digital de manera urgente, porque no queda otra. Si de mí dependiera elegir una sola medida global para esta década, exigiría paridad absoluta en todos los círculos de toma de decisiones del planeta. Si el 50% de esos puestos los ocuparan mujeres, las cosas cambiarían de forma radical. Estoy segurísima.
























