Entrenadora y seleccionadora nacional de la que fue su disciplina: natación artística. Ganó cuatro medallas olímpicas compitiendo. Sumó una como entrenadora de Estados Unidos. Y salvó una vida. Publica 'Mentalidad, propósito, pasión'

Andrea Fuentes, en Madrid.MUNDO
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- Miedo a mojarse imagino que no tendrá.
- [Ríe] No tengo ninguno.
- En el libro habla de cómo perseguir metas en un contexto de presión normalizada y sin pagar el precio de la autoexigencia tóxica. ¿Hay que dejar de ver como un fracaso decir basta?
- ¿Sabes cómo conseguí eso? Bueno, a ver, si me escucha un neurocirujano se va a cagar en mí, pero fue el tema de que al final lo que hacemos no catapulta nuestra identidad.
- ¿En qué sentido?
- En el sentido de que, a ver, si tienes que desactivar una bomba, si te equivocas vas a morir, entonces entiendo un poco la presión tóxica por supervivencia. Yo que sé, si tienes que operar a alguien y tienes que saber lo que cortas. Pero todo lo demás, cuando la vida de alguien o la tuya no dependen de si fallas o no, hay que relativizarlo mucho más. Al final parece que nos estemos jugando el pellejo y nos crea mucho estrés. Y pasan los años y no hemos disfrutado la vida lo que merece. Yo que he vivido la muerte de cerca pienso que si son dos días, para qué complicarnos tanto. Y se lo digo mucho a mi equipo: no te van a dejar de hablar, no te van a meter en la cárcel, no te van a pegar un tiro si fallas; hazlo lo mejor que puedas y sácate ese miedo de encima. Y rinden mucho mejor.
- Su disciplina y los deportes artísticos siempre han tenido esa imagen tóxica.
- Sí. Ahora se está cambiando el paradigma, porque se necesita, pero ha habido mucho maltrato emocional e incluso físico en algunos casos. Pero los tiempos cambian y tal y como ha cambiado la educación, las generaciones que vienen ahora no aceptan según qué cosas y tienen toda la razón del mundo. Yo lo hago desde hace años incluso sin saber si tendría resultado o no. Nunca sacrificaré el bienestar o el respeto hacia la persona con la que estoy tratando por un resultado. Prefiero hacerme peluquera o cualquier otra profesión en la que no tenga que arruinarle la vida a nadie.
- Cuenta que le dice a sus nadadoras que le gustaría que si volviesen a nacer eligiesen la misma vida. ¿Conoce a muchas que no lo harían?
- Sí, incluso compañeras mías. Ganar medalla olímpica y después de los años decir: "Si llego a saber que era así me dedico a otra cosa". Se me rompió el corazón. Incluso después de la medalla dicen que si volvieran a nacer no lo repetirían. O gente con medallas de oro. Mira a Michael Phelps ahora, que no lo quiere para sus hijos.
- ¿Es su caso?
- No, para nada. Si volviera a nacer lo volvería a vivir y con mucha honra. Pero encima es que he disfrutado el proceso. Y no quiero que nadie en mi equipo diga que ojalá hubiese elegido otro camino, sino al revés: qué suerte he tenido de poder vivir esta experiencia y gracias a eso estoy preparada para lo que sea. Quiero preparar a mis deportistas para que salgan de aquí con alas en vez de mochila con pesos.
- Habla también de la relación con los cuerpos y cómo le costó darse cuenta de que no quitan puntos por cada gramo.
- Mira que es lógico y me lo dijo mi marido, Víctor. Tantos años sufriendo con la báscula, que nos pesaban cada día, y con el que hay que estar más y más delgada y luego al final no lo pone en ningún lado. Y ahora con redes sociales no es tan obvio y tan directo, pero está ahí: hay mucha presión social para estar en una tipología específica. En nuestro caso lo más bonito es admirar lo que puede hacer tu cuerpo gracias a la fuerza que tiene, más allá de cómo se ve. O sea, quiero que admiren todo lo que llega a hacer su cuerpo junto a su mente, porque están haciendo algo mágico.
"Nunca sacrificaré el bienestar o el respeto hacia la persona por un resultado"
- Con lo caro que está todo, ¿perderemos a los deportistas del futuro por no poder acceder a una piscina?
- Pero el nuestro no es un deporte caro. Al final, piscinas hay en todas partes y solo necesitas un bañador y una pinza. Incluso a veces, ni pinza. Y justamente es un deporte que no lo haces para enriquecerte, sino por amor al arte. En España tenemos mucha suerte porque nuestra situación es muy positiva en relación al resto del mundo. El apoyo del Consejo Superior de Deportes y de los patrocinadores privados es mucho más elevado que en otros países. Yo vengo de EEUU y no tienen ni becas: se buscan la vida de ellas aunque sean campeonas olímpicas. Yo le veo más peligro en que se ha convertido en un deporte muy difícil y que requiere ya mucha apnea y no sé si mucha más gente lo va a querer hacer si seguimos así.
- En este sentido, se hizo muy famosa por su rescate de Anita Alvarez. La foto es espectacular.
- Me estaba costando mucho llegar y estaba pensando que tenía que llegar antes de que tocase el suelo. Es lo más rápido que he nadado en mi vida. No era la primera vez que pasaba en el mundo de la natación artística, pero justo era un Mundial y en la prueba de solo. La distancia era grande, el fotógrafo estaba ahí... He hablado con él y ahora ya somos colegas, pero, claro, es que dio la vuelta al mundo. Él dice que solo estaba ahí observando la belleza del momento y apretó. La propia Anita lo tiene colgado en grande en su casa desde que pasó, antes de ganar una medalla olímpica. No solo consiguió dominar el miedo -porque valiente no es el que no tiene miedo, sino que a pesar del miedo sigue adelante- sino que encima consiguió disfrutar del proceso y ganar una medalla olímpica. Ahora tiene colgada la foto con la medalla al lado.

Andrea Fuentes, entonces seleccionadora de Estados Unidos, rescata a Anita Alvarez durante el Mundial de Budapest en 2022.Oli ScarffAFP
- En el libro cuenta que el pobre socorrista no ayudó mucho.
- Lo hubiese mandado a tomar por culo, ¿eh? [Ríe] Pobre, el tío pensaría: "Vengo aquí de vacaciones con deportistas olímpicos, nadadores que llevan toda su vida pasando 10 horas al día en el agua y nadan mucho mejor que yo". El pobre hizo lo que pudo, pero cuando estaba ahí me pesaba llevar a los dos... Era como: "¿Te puedes apartar, por favor, que ya sé lo que tengo que hacer?". Casi lo mando a tomar por culo y le doy un patadón. Yo creo que era muy novato, pobre. Ahora lo han cambiado y desde ese episodio ponen a socorristas muy avanzados y están preparados al borde de la piscina a punto de saltar. En la última Copa del Mundo hubo siete casos porque estaban en altura, fue en Medellín, y el socorrista nadó más que cualquier deportista.
- ¿Cómo es su relación con Anna Tarrés?
- Muy buena. Hicimos la presentación del libro y estaba en primera fila. Y muy divertida también porque ahora somos rivales. Ella de momento es oro con China y yo voy a por ella y su equipo. Y ya veremos cuando pasa. A veces también me ayuda, le pido su opinión y a veces la escucho y otras no, pero yo la respeto un montón y ella a mí, la verdad.
- Ya sé que es pronto, pero tras ganar medallas, ser seleccionadora de Estados Unidos y España, escritora... ¿Algún plan para después? ¿O ya sueña con jubilarse?
- Me está gustando mucho que cada vez hay más más oportunidades de hacer conferencias inspiradoras. Para empresas, sobre todo, que buscan visiones externas a las que están acostumbrados y que les inspiren.
- Alguien como usted, que es todo técnica y no poca disciplina, ¿opina de la forma cuando ve a alguien como yo haciendo el pino a duras penas donde no cubre?
- Si hay niños muchas veces les ayudo y nos lo pasamos bien. Me encanta hacerlo. A ver, si es alguien mayor, no, pero si son niños les ayudo y jugamos.
- ¿Cuándo ha sido más feliz lejos del agua?
- Viajando. Me encanta. Conecto con la naturaleza un montón. Cuanto más diferentes sean los países al mío, mejor. Por ejemplo, Islandia con la naturaleza que hay, o Birmania con el tipo de cultura que tiene. Si fuera millonaria me dedicaría solo a viajar.
- ¿Y lo más feliz que ha sido empapada?
- Te diría que el momento de medalla olímpica, que fueron cuatro veces, pero, en verdad, algunos entrenamientos en los que recuerdo reírme un montón con mi equipo o la primera vez que nos salió una acrobacia increíblemente difícil. Son momentos de máxima unión. Acabamos de hacer algo que creíamos imposible, es algo tan mágico, especialmente cuando lo consigues en equipo.
- ¿Se ahoga en un vaso de agua?
- Pues mira, ayer me salió todo mal, todo en contra, a punto de perder los papeles. Y pensé: "Acabo de escribir un libro, voy a aplicarlo". Tuve mis 5 minutos de ultracrisis, pero me sirvió un montón. No me ahogo en un vaso de agua, pero tengo recursos para salir.
- ¿Y haciendo qué se encuentra como pez...? Bueno, ya sabe.
- Me flipa la gente que es capaz de ser ellos mismos y sacar temas incómodos y poder hablarlos. Cuanto más incómodo sea el tema, más pez en el agua me siento, porque me encanta explorar ese campo.
- El último juego de palabras lamentable, se lo prometo: ¿Quién no hace 'nada'?
- No sé, me sale que la nada no existe, pero es muy cutre [Ríe].
La pregunta impertinente
Pregunta: ¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho y qué respondió?
Respuesta: Fue un comentario. Era deportista e íbamos a ir a dos juegos del 2008. Un estilista me tenía que vestir para unas fotos y el tío me dijo: "Con este cuerpo de macho que tienes, con esa espalda tan grande, cualquiera te viste". Pensé que pobre hombre, porque yo no soy modelo ni quiero serlo: soy deportista y me encanta mi espalda. Pero solo me quedé mirando en silencio más de cinco segundos, bajó la mirada y lo entendió todo.






















