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Salgo de esta charla con Dora Casal con una visión más rica sobre la moda. Una no imagina hasta que lo oyes que una prenda, una chaqueta de corte por ejemplo, pueda necesitar ensamblar más de 50 piezas. De ahí deduzco que Dora me habla de una confección cuasi artística, y si, así lo ven los diseñadores, un trabajo con mimo donde cada pieza se construye como si fuera "un hijo. Y a mi, que tengo dos, no me hables mal de mis hijos".
Dora nació en una aldea gallega de treinta habitantes, de padres emigrantes en Suiza con una infancia entre la pequeña aldea y la ciudad de Zurich, entre abuelos y una nana italiana que le legó el gusto por el italiano. No poca cosa pues esto le abrió, en Orense, las puertas profesionales a la moda. Venía de estudiar empresa y trabajaba en un banco, cuando vio la oferta de un diseñador que pedía entre los requisitos hablar italiano con proveedores. Un traje a la medida que le ofrecía Adolfo Domínguez.
Hoy, disfruta como CEO de Roberto Verino del Know how de una empresa y un diseñador con 42 años de historia, de la evolución de un sector para ella apasionante, más cuando se conoce desde dentro, un negocio con muchas variables, las colecciones nacen y mueren en poco tiempo y ajustar compras, fabricación, distribución y tiendas no es suficiente, hay que observar tendencias e interpretar mucho feeling. Todo son detalles. "Claro, juega todo, el color, si llueve o no llueve…"
Llueva o no, las colecciones de primavera ya están aquí y nos las hemos puesto de fondo en esta charla, en la que me ha fascinado el concepto de "armario emocional", las dieciocho o veinte prendas que cuando lo abrimos queremos ponernos y poco menos que nos hablan.
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