Se llama Jorge Garrido (29), pero para sus más de 5 millones de seguidores en YouTube y 6 millones en Instagram es El Estepario Siberiano. Es el batería más viral, aunque también triunfa en el mundo real: giró con Residente y Saratoga y ahora lo hace con su grupo, The Cost

Jorge Garrido, 'El Estepario Siberiano', en Valencia.Araba
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- Se llama Estepario siberiano, pero es de Valencia, que ni lo uno ni lo otro.
- [Ríe] Sí, es extraño, la verdad. Siendo sinceros, es que ese nombre no lo puse yo. El caso es que yo nunca he tenido redes sociales, contra todo pronóstico, y el cantante del proyecto que tenía hace una década, Jaume, me creó un perfil de Facebook con el nombre de El estepario siberiano. Siberiano porque toco en tirantes y siempre me llamaba "siberiano" y estepario, no sé, acabaría de leerse la obra de Hermann Hesse y le dio por ahí. Francamente es un mote que salió de rebote; no tuve una elucubración al respecto ni hay una gran filosofía detrás del nombre.
- Tengo la sensación de que para que un batería sea famoso tiene que estar muy loco, ser muy bueno o, a poder ser, las dos cosas.
- Es extraño el caso de los baterías. Generalmente yo le doy importancia a la personalidad, porque que en el 90% de la música que escuchamos la batería suele ser bastante sencilla. Ya no te digo en el metal, sino en el rock, en el pop, suelen ser ritmos bastante sencillos. Y también, en contraste, algunos de los baterías más famosos de la historia tocan esa música. Nunca ha sido una cuestión de virtuosismo, creo. En el caso de la batería hay muy poca correlación entre el virtuosismo y la fama. Los más famosos de la historia no han sido virtuosos del instrumento jamás, me atrevería a decir. Phil Collins no es una persona que esté tocando coordinación con siete miembros a la vez, ni mucho menos. Es una persona que toca lo que tiene que tocar y que, además, canta y lo ha hecho con mucha personalidad. O Travis Barker, Lars Ulrich... No son personas que destaquen por el virtuosismo, ni mucho menos. Han tenido una personalidad fuerte que ha conseguido atraer la atención de la masa en el momento correcto de la historia.
- En España tenemos buenos baterías, pero igual ninguno tan exitoso o referente como pudo ser Paco de Lucía con la guitarra. ¿A qué se puede deber? A Drumeo va usted y ya.
- Sí, tenemos ese problema, por llamarlo de algún modo. Pero también es cierto que hoy en día cada vez más este tipo de logros, como por ejemplo lo de Drumeo, se vincula directamente a la cantidad de visitas. No tenemos ninguno como podríamos tener 20, no creo que la nacionalidad en este caso suponga ni un pro ni un contra. En España tenemos unos baterías de una calidad espectacular. Quizás son personas que han apostado por el trabajo real y no por el virtual, que creo que es la situación de, por ejemplo, Miguel Lamas, que es uno de los baterías más exitosos de España de todos los tiempos. Graba decenas de discos al mes y no es mainstream porque no se dedica a hacer vídeos haciendo chorradas, él hace el trabajo de verdad y da la cara por el instrumento día a día. Pero tenemos otras figuras como la mía que sí que alcanzan más visitas y apelan a una audiencia más amplia, pero, claro, llamar a eso "batería" es dar un salto muy grande. Eso es algo que ha surgido desde hace 4 años y es más una creación de contenido como puede ser la de un youtuber que la de un músico.
- El primer vídeo lo subió hace 10 años, pero el subidón vino después. ¿Cómo fue?
- Pues la gente espera siempre que haya como un punto de inflexión en el que estás metiendo 100 visitas y metes 10 millones. Y la verdad es que no es así. A día de hoy solo en Instagram, que son vídeos de formato corto, llevo unos 2.000. Esos son 2.000 días en los que has ido subiendo contenido día tras día. Y personalmente, no he visto un momento en el cual despunte. Es como cuando estás perdiendo peso y de repente ves a tu abuela que hace dos meses que no la veías y te dice "che, qué flaco estás". Pero cuando estás dentro de la rueda, no ha llegado a haber un momento en el cual explote la audiencia. O si lo ha habido ha sido bastante comedido.
- En los vídeos habla en inglés. ¿Ha sido difícil esto? Porque aquí criticamos tanto un acento bueno como uno malo.
- Sí, es un ejercicio que tuve que realizar. Por fortuna, mi canal solo ha tenido dos lenguajes predominantes entre la audiencia que tengo. El primero fue el español: el canal empezó fuerte en Latinoamérica y en España y por lo tanto yo podía utilizar sin ningún problema mi lengua materna. El caso es que en el momento en el que eso cambia y ves que la balanza empieza a girar hacia el costado del inglés, tienes que convertir el canal en un canal de habla inglesa, por suerte o por desgracia. Además, económicamente también hay motivos, porque el pago de las visitas (que en mi caso cobro poco o nada porque todo lo que hago tiene copyright si hay música) de Norteamérica comparado con el pago de las visitas de una persona que viva en España es ridículo. El mismo vídeo con la misma cantidad de visitas si lo haces en español, ganas 20 veces menos dinero, literalmente [Ríe]. No fue el factor principal por el cual pasé a usar el inglés, pero es uno también de peso.
- ¿Da más dinero la creación de contenido o los bolos?
- No, yo no soy batería: yo vendo ropa. A mí me da dinero la venta de ropa. Los conciertos, pues es cierto que ahora, por ejemplo, con Residente he hecho una gira bastante grande y obviamente te da de comer, pero mi fuente de ingresos número uno es tener una tienda de ropa. Yo soy el gestor de la tienda, rehago el stock, hago los envíos y todo lo que hay que hacer. Prácticamente es como si tuviera un Bershka; soy el dueño de un Bershka y cada vez que alguien me hace el favor de comprarme un gorrito o una camiseta, pues por ahí me entra el dinero.
"Los conciertos dan de comer, pero yo no soy batería, yo vendo ropa; es como si tuviera un Bershka"
- ¿No saca nada?
- En YouTube, Instagram y TikTok, el resumen económico es bien sencillo. Instagram y TikTok, cero euros literalmente, total y absolutamente desde el principio de los tiempos. Y YouTube, si es un vídeo en el cual no hay nada de música, lo puedo cobrar. Pero como la gente puede comprobar, vídeos en los que yo no toco o no aparece música de fondo, básicamente hay uno de cada 10. Entonces, el dinero que sale de ahí, prácticamente no cuenta.
- ¿Le da vértigo ser famoso? ¿Modera las opiniones para evitar líos?
- En cierto modo, siempre he tenido el lujo de intentar ser quien soy y, además, siempre he tenido en mente que no quería de ninguna manera convertir mi canal en nada que no fuera batería. Rara vez he hablado de cualquier asunto político. No creo que mi canal sea una plataforma de reivindicación política, ni mucho menos. Me limito a hacer lo que sé hacer y lo que me gusta: tocar música y tocar mi instrumento, lo cual tiene pros y contras. Soy una persona que ha estudiado ciencias políticas y no sé si la gente compartirá mi punto de vista o no, pero, desde luego, no era mi intención al crear el canal de la batería ponerme a hablar de lo que yo pienso o siento. Otra cosa sería que luego a la gente le interesara o no; yo dudo que así fuera. Pero la verdad es que se ha mantenido bastante apolítico. Con respecto a lo de la fama, no me da mucho miedo, porque, joder, ¿qué habría que buscarme a mí? Puede desagradar que yo toque una canción o no, pero realmente poco más. Como intento no meter nada político por medio, pues te puede desagradar mi bigote pero sería difícil que me hicieran una campaña de acoso y derribo por nada porque prácticamente tengo el expediente totalmente en blanco.
- ¿Qué haría hoy ese estudiante de ciencias políticas si no hubiera despegado el canal?
- Es una pregunta bien difícil, porque la vida me llevó a la batería, pero yo no la orienté hacia ahí. El caso es que yo estaba estudiando en Valencia Sociología con ciencia política. Y por tocar música, que es como me pagaba los estudios, al no tener contrato (porque en el mundo de la música no hay contrato y es todo precario), en el momento en el que los horarios de trabajo y los horarios de atender a las clases empezaron a entrar en conflicto, me echaron. Bueno, me quitaron toda la evaluación continua y me suspendieron todos los exámenes. Lo dejé al cuarto año y me dediqué a hacer lo único que sabía, que era lo que me estaba dando de comer: tocar música y ya está. A partir de ahí ya has visto cómo se desarrolla la historia. He apostado fuerte por lo único que sabía hacer al margen de lo que estaba estudiando, que me falló estrepitosamente.
- ¿Le odian sus vecinos?
- No lo creo, de verdad. Espero que no. Siempre he puesto mucho esfuerzo en insonorizar las cosas. Es un proceso bastante sencillo: con un poquito de carpintería y mano de obra barata, como es la mía, puedes levantar un estudio en cualquier lado. Está bastante insonorizado, dudo que mis vecinos escuchen nada.
- La batería tiene una enorme barrera de entrada en el precio.
- Sí, socialmente la batería socialmente creo que es el instrumento que más barrera tiene. El precio es un factor muy importante, porque por menos de 500 euros no vas a tener nada y si lo tienes, va a ser de muy mala calidad. También por el hecho de que requiere vecinos que comprendan la situación, familiares o gente que conviva contigo en tu entorno que comprenda la situación y esté expuesta a esos niveles de ruido atroces, espacio, etcétera.
- En la cultura popular el batería siempre es alguien con hiperactividad o muy inquieto.
- Yo nunca me he hecho un test, no sé cómo estaré, si soy neurodivergente o no [Ríe]. Pero es cierto que a una persona a la que le cuesta estar quieta, un instrumento que consiste básicamente en moverse, la verdad es que le relaja. Yo sí que he notado ese efecto. No sé si es que soy hiperactivo o no, pero si eres una persona que está siempre activa y está siempre moviendo las manos y los pies, es un instrumento muy agradecido. No sé si es la causa o la consecuencia, pero los baterías tienden a tener mucha energía porque pasan mucho tiempo moviéndose y cuando llega el momento de calma realmente no saben estarse quietos.
- Hablando de catarsis: ¿piensa en la cabeza de alguien cuando golpea el bombo o los platos?
- No he llegado a ese momento todavía, pero no lo descarto.
"Me parece mal que los 'youtubers' se vayan a Andorra, pero Google tributa en Irlanda y a ellos nadie les señala"
- Como 'youtuber', ¿se iría a Andorra?
- Como youtuber sería una estupidez por mi parte irme a Andorra, porque yo no gano la suma de dinero que gana esta gente. A ver, vamos a ser francos aquí: el razonamiento lo entiendo en la medida que esta gente no quiere pagar impuestos y hacen una migración fiscal a un sitio donde no se paga impuestos. Yo creo que eso lo entiende hasta el más tonto del barrio. Otra cosa es que eso moral y éticamente sea aceptable o no. Legal es.
- ¿Y qué le parece?
- Me escandalizan más otras cosas, porque por mucho que yo no apruebe lo que están haciendo estos individuos, creo que fiscalmente tenemos unos problemas mayores y quienes de verdad tendrían que pagar una salvajada de impuestos no lo hacen. En este caso, por ejemplo, se habla mucho del Rubius, pero Google está en Irlanda y aquí no paga impuestos. Podemos señalar con el dedo a los asalariados de Google, que en algunos casos ganan auténticas millonadas, pero realmente la gran corporación es Google y a ellos parece que nadie les señala. Y eso lo vemos en Amazon, lo vemos en las grandes corporaciones que estarían pagando miles de millones en impuestos y no lo están pagando. Entonces, no me llevo las manos a la cabeza porque una persona física se vaya y deje de tributar 300.000 euros: a mí lo que me molesta es que las corporaciones se salgan de rositas y nadie diga nada. Me gustaría que la gente se indignara el triple con las corporaciones antes que con esas personas, que son resultado de un sistema. Sigue pareciéndome mal igualmente, no te voy a decir que no, pero si una persona que no tiene arraigo aquí y prefiere el dinero se quiere ir, ¿qué le voy a hacer? Es legal, es lo peor de todo. No les puedes decir nada. Te puedes indignar, pero no están cometiendo ningún delito.
- ¿Escucha algo que le dé vergüenza reconocer?
- Uy, vergüenza, ninguna. Yo la vergüenza la perdí hace mucho tiempo, sobre todo con la música, porque me he dado cuenta que uno tiene que aprender a tocar de todo. Y si quieres comer, tendrás que tocar de todo. Descartar un género cualquiera me parece una especie de racismo musical. Te guste o no, eso está ahí. Y tu labor no es juzgar, tu labor es tocar. Si quieres juzgar, lo mejor que puedes hacer es convertirte en crítico de música. Pero si eres un músico que quiere que le contraten tanto en Puerto Rico, donde cunde más el reguetón, como en Suecia, que igual el metal lo peta, lo que te conviene es estar al loro, saber tocar un poquito de cada cosa y dedicarte a juzgar cuando estés en tu casa. Es como un mecánico que dice: "Yo con Opel no trabajo, me desagrada mucho". Menuda gilipollez.
- ¿Cuántas horas pasa tocando la batería al día?
- La verdad es que a día de hoy la rutina está disminuyendo bastante porque, como te he dicho, tengo que estar gestionando la tienda y me está consumiendo muchísimo tiempo. Es como hacer malabares. Arranqué con entre ocho y nueve y a día de hoy rara vez pudo estar más de cuatro. Sí es cierto que nada más despejo la faena, me vuelvo a la rutina, pero cuesta, cuesta mucho. Parece que no, pero no tengo ni los 30 y ya noto como la edad pesa: antes que uno podía tocar hasta el infinito y ya cuesta y uno tiene que dormir bien para poder rendir.
- ¿Y cuánto ha estado sin tocar?
- Suele ser cuando estoy de gira, porque no tienes una batería y estás en cualquier parte. Lo que más habré estado sin tocar han sido días, entre concierto y concierto. Vacaciones no tengo, no he tenido nunca, y siempre trabajo y siempre toco. Entre concierto y concierto, si tienes una semana de descanso, vas a estar una semana sin tocar, pero siempre cae algo por medio: vas a una sesión de improvisación, te llaman para grabar algo o tienes un concierto en medio. Y es algo que me hace bien, ya no a nivel de negocio, sino que es algo que disfruto haciendo y por eso lo hago. Si a mí me tacara la lotería mañana y me cayeran 250 millones, me levantaría y me pondría a tocar. Mi vida no cambiaría para nada con respecto a eso.
- Ahora se va de gira con su grupo, The Cost, pero también ha tocado con Residente o Saratoga. ¿Da más miedo ir con lo propio o lo ajeno?
- Con el propio siempre. Con el propio estás a cargo de todo. Supongo que llegará un nivel en el cual uno tenga tanto beneficio económico que pueda empezar a delegar y tener un mánager y una persona que te traiga el agua o que te haga los monitores. Pero en la escala en la que yo estoy trabajando, ahora mismo somos cuatro y cada uno tiene sus responsabilidades claras. Tienes que estar pendiente de los aviones, las visas, los alquileres, los pagos, las furgonetas, los hoteles... Es un auténtico infierno, es una responsabilidad brutal. Todo el dinero sale de tu bolsillo: igual lo ganas, igual lo pierdes. Así que, como siempre, mejor asalariado que cuando tienes que trabajar de forma autónoma, la verdad.
La pregunta impertinente
Pregunta: ¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho y qué respondió?
Respuesta: La que yo he notado como más impertinente ha sido si soy gay. Porque yo no tengo que hablar de mi orientación sexual en una entrevista. Yo soy músico, vamos, me pueden gustar las gambas, a ti no tiene por qué importarte. Dije: "Oye, esto es insultante porque ni yo tengo que decirlo ni tengo que nombrar una de las opciones como si la otra fuera peor". Me daban ganas de decirle: "Yo le doy a todo". Porque hay mucha gente que se ofende, como si fuera malo. Esa es la más estúpida que me han hecho en mi vida, sin duda.























