Escribe, codirige y protagoniza Millennial mal, una serie en la que una bibliotecaria recibe una beca con 22 años de retraso y debe hacerse pasar por una joven de la generación Z. Después de su estreno en el Festival de Málaga, llegará a Filmin en verano.

Lorena Iglesias, en la Academia de Cine.
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- Escribe, dirige, protagoniza. ¿La Phoebe Waller-Bridge patria?
- Más quisiera. O Lena Dunham. Parte de un personaje cómico que hacía en un show y que cantaba rap para mayores de 35. Quise amplificar ese universo. También tengo mucho que ver con ella, que vivo interpretando una especie de juventud porque me gusta estar actualizada. Nace de la envidia que tengo a la generación Z.
- ¿Por su juventud o por algún rasgo concreto?
- Por cómo viven el género, la sexualidad, las relaciones. A las milenials algunos problemas estructurales de desigualdad no nos permitieron vivir de manera satisfactoria. Hoy estamos atrapados en una adultez que no nos podemos permitir. Tenemos 40 años y lo malo de ser jóvenes, como encadenar trabajos precarios y compartir piso. Es una forma de saldar la deuda. La precariedad nos obliga a vivir como jóvenes. La serie viene también de la acusación de ser boomer por no usar bien el móvil o los anglicismos. Más boomer me parece el reproche. Hay algo transgresor y punki en hacer mal esas cosas, que son bastante neoliberales y capitalistas. Eso conecta con el miedo al cringe de las generaciones Z y alfa: el temor a dar vergüenza ajena. Es normal porque cualquier cosa que hagan se amplifica por las redes sociales. Eso nos lleva a querer abrazar la norma. Hay que romperla. La norma te devora.
- ¿La edad nos va encarcelando en los miedos?
- Claro. A mí me parece menos performativo ir vestida como una joven porque se corresponde con mis gustos musicales que ir como una señora con traje y perlas. Eso sería un disfraz. Se llama neofilia, una obsesión por estar actualizada. No todo el mundo te sigue el rollo. En 2017, por ejemplo, recuerdo que fui a una presentación de Yung Beef y cuando me di cuenta de que era la más vieja con diferencia me desmayé de vergüenza. Había una cámara grabando y cada vez que llegaba a mi grupo nos saltaba. Me da vergüenza, pero lo hago. Esta serie me va a permitir vestir como una mamarracha.
- Method dressing, cuando el vestuario de la promoción se inspira en el personaje de la película, como Margot Robbie con Barbie.
- Ah. Debería saber esto, que soy neófila. Voy a ir barata, no con un vestido de cola. Cuando empiezas a mezclar cosas de Humana ya se da la vuelta y es cool, ¿no? Así visten los personajes, entre la dopamina cromática y el apocalipsis, para que no parezca del todo Una rubia muy legal.
- Ha estado en pausa ese género. ¿Qué ha pasado?
- Mi formación ha sido de chick-flicks:Tina Fey, Amy Poehler, Julia Louis-Dreyfus, Jennifer Aniston. Es algo que echo de menos. Hay muchas tías con cosas que contar y va siendo el momento ya.
- ¿Qué lo frena?
- R. En parte, el dinero. Seguimos con menos presupuesto: es más caro hacer una película de terror que un drama intimista rural. Hay tendencias también y Chicas malas o La boda de mi mejor amiga ahora son de culto. Antes se consideraba un género menor, para gays and girls, como decían en Sexo en Nueva York. Es algo bueno de los zeta: no tienen tribus urbanas. Sí que pueden ser edadistas. Aunque es normal: todos somos un poco racistas, un poco machistas. No hay nadie perfecto.
- ¿Son posibles las amistades entre generaciones?
- Yo las defiendo. En las románticas lo problemático es que haya un juego de poder. Las de amistad son imprescindibles. En el podcast Chicas tristes lo cuentan muy bien: creo que ha habido olas diferentes de feminismo porque no se ha mantenido el hilo entre generaciones.
- La protagonista quiere "servir coño". ¿Qué significa eso?
- Romper la norma, dar un golpe en la mesa sin querer imponer nada, ser un poco punki, como La Blackie, como Bad Bunny, como Susan Sarandon en los Goya. Creo que es una traducción de Estados Unidos que se popularizó y empezó a significar todo y nada.
- Por los referentes, ¿tiene un componente ideológico?
- Sí. Abascal no sirve coño. Bueno, si aparece en el congreso con un crop top, a lo mejor. Es salir de tu zona de confort. No ser normativa porque es lo que te pide la sociedad. Tiene un componente feminista.
- La protagonista ve una fotografía de hace 20 años y se encuentra guapísima. ¿Por qué el tiempo reblandece la crueldad con una misma?
- Porque aquello era verdad. Te están vendiendo todo el rato que tienes que ser más guapa, más joven. Las chavalas se están poniendo ya baby botox y mil cosas más. Ahora vuelve el heroin chic en parte por el Ozempic, cuestión de dinero de nuevo: alcanzarás esa delgadez si puedes pagarlo. De nuevo es un privilegio estar joven y guapa. No para la rueda de hacernos sentir mal.
- ¿Se puede combatir?
- Haciendo un ejercicio de madurez. Pero no sé si del todo. Yo, desde luego, no me siento del todo a gusto con mi edad y mi aspecto, no te voy a mentir. Pero lo intento. Con no ir vestida como se supone que lo tengo que hacer a mi edad ya es bastante. Tampoco nos tenemos por qué exigir tanto.
- ¿Ayuda Madrid a vestir de otra forma?
- Totalmente. Yo soy de una aldea de 40 habitantes. Lo echo de menos cuando estoy fuera. Soy pro-Lavapiés y pro-Madrid. Incluso cuando rodamos en Pamplona la gente no está tan abierta. Se nota en los colores, en el lenguaje gestual. Es muy guay vivir en Madrid. Y en España tampoco estamos tan mal, ¿no? Se respira cierta libertad.
- Hay una pequeña reivindicación de las pijas de padres progres. ¿Cómo son?
- Ayer escuché una entrevista de Nacho Vegas y decía que sus padres, que eran de clase media, le habían hecho desde pequeño consciente de sus privilegios Son personas que no están tan acostumbradas a pasar miserias. Yo estoy superacostumbrada. Mi madre era la lechera, mi padre era mecánico. Noto con mis amigas que hay cosas que ellas no han vivido. Buscan cierto confort que ven necesario en su día a día que yo a lo mejor no tanto. Siento que tengo un poco de ¿envidia? ¿rencor? de clase obrera porque lo he pasado mal. Prefiero una pija con padres progres consciente de sus privilegios a una cayetana no empática. Pero sí que hay algo de aspiración. Ojalá hubiera tenido esas comodidades. A la vez también me siento muy privilegiada por poder ser consciente de todo esto.
¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Qué respondió?
Una profesora de interpretación me preguntó qué partes del cuerpo de mis compañeras querría. Lo trágico es que respondí a todo sin pensar cómo podía ser eso necesario en mi aprendizaje.























