Fue estrella de YouTube cantando covers cuando aquello era una rareza y el pasado otoño vio la luz su tercer disco, Amor letal. Acaba de publicar su primer libro, La vida es esto, amor (Lunwerg), unas memorias mezcla de poesía, música y diario

Bely Basarte posa para la entrevista en su casa de Madrid.
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- Una termina su libro un poco desasosegada: es evidente que lo ha pasado realmente mal. ¿Cómo está ahora?
- Estoy bien, estoy muy bien. De hecho, el último capítulo, una carta que escribo a mi yo de hace unos años, fue innegociable porque es el que más me representa a día de hoy. He trabajado mucho y estoy en un punto muy bonito.
- ¿Cuánto ha tenido de catarsis esa revisión de los malos momentos?
- Ha supuesto reabrir heridas que creía cerradas, pero quizá no del todo limpias. Para cicatrizar, a veces hace falta terminar de sacar cosas que el tiempo, la terapia y las amigas ayudan a ver con perspectiva.
- El eje de ese dolor que describe es una relación tóxica de casi una década. ¿Son más tóxicas nuestras relaciones ahora?
- Siempre han estado ahí, pero no las hemos visto hasta que hemos tomado conciencia. Ahora visibilizamos comportamientos que no son sanos, pero que habíamos normalizado. Ya no aguantamos ciertas cosas, y yo eso lo cuento en el libro pero también en mis canciones.
- Son estas memorias un nuevo comienzo, o un punto y seguido?
- Son un tránsito. No pienso en ellas como un comienzo ni como un final. Narran un trocito de mi vida, una fotografía de toda la película. Creo que era importante recopilar mi historia porque a mí me ha ayudado mucho escuchar otros testimonios para darme cuenta de que estaba en un lugar del que debía salir. Al final, este libro es para la gente que me escucha y quiere saber de dónde salen mis canciones, pero también puede acompañar a alguien que ha aprendido a quererse muy tarde, como me ha pasado a mí.
- ¿Siente una cierta responsabilidad hacia sus fans en ese sentido?
- No, no pienso que la tenga. Dijo Björk una vez: «Yo no soy el padre o la madre de nadie». Pienso igual. Yo hago lo que me da la gana y no soy quien tiene que educar a mi público. Pero también soy consciente del altavoz que tengo y de la oportunidad que eso me da de visibilizar ciertas cosas. Me gusta abrazarme a causas que creo que puedo defender, no abanderar cualquiera, sino las cosas que he vivido y que pueden ayudar a mucha gente.
- ¿Cuántas veces ha intentado boicotearla el pudor?
- Muchas, muchas. Lo he leído y releído y se lo he pasado a mis amigas. Tenía muchas inseguridades. No suelo hablar de mis sentimientos más profundos con mi círculo más cercano. Soy más de escribir una canción y ahí sacarlo todo.
- Su libro se presenta también como un testimonio generacional. ¿Qué es, para Bely Basarte, ser una chica de treinta y tantos años hoy?
- Pues es luchar por comprar una casa o por pagar un alquiler. Veo a todo el mundo muy ahogado. Tengo amigas con doctorados, que trabajan en laboratorios y les hacen contratos de tres meses por 800 euros y no se pueden independizar. Gente que está volviendo a casa de sus padres. Lo que vivimos no se parece en nada a las expectativas que teníamos. Ser una chica de treinta y tantos es una mierda.
"Cuando entré en la industria musical me prohibieron decir que era youtuber porque sonaba demasiado amateur"
- Dice: «Sentir sigue siendo un acto revolucionario».
- Sí. Estamos en un mundo en la que la imagen lo es todo. Todo es perfecto. Y yo haciendo este último disco me he dado cuenta de lo importante que es que suene humano. Antes, cuando grababa una guitarra, si había trasteado un poco la cuerda lo regrababa, pero la música se está convirtiendo, cada vez más, en algo artesano, y tiene mucho valor que se note que la hace una persona. Que una mujer escriba de amor es, además, un acto revolucionario, porque se nos ha encasillado durante mucho tiempo en el cliché y le han quitado valor. Lo realmente mágico es que todos, cada uno con nuestra vivencia, acabemos llorando con la misma canción.
- ¿Compone mejor si está triste?
- He aprendido a escribir desde otro lugar, antes escribía siempre desde la herida, desde ese sentirme pequeñita un poco la víctima de todo. Pero haber trabajado el amor propio me ha enseñado a escribir desde otros sitios, y las canciones salen igual de bonitas. A todos nos gusta gustar.
- Se retiró de las redes unos meses, ¿qué aprendió en ese tiempo?
- Aprendí, sobre todo, que tengo muchísimo tiempo. Leí un montón. Compuse un montón. O sea, me di cuenta de la cantidad de horas que pierdo en el móvil. Y aprendí también que necesitaba trabajar un poco más mi amor propio. Estaba comparándome mucho.
- Fue una de las primeras youtubers. ¿Cómo convive con ese término?
- Bien, no tengo una guerra contra él. En su día, sobre todo en la industria de la música, se despreciaba mucho. Recuerdo señores muy mayores diciéndome que esa palabra debía estar prohibida porque sonaba muy amateur, pero las cosas han cambiado mucho y hoy se sabe que hay mucha profesionalidad.
La última...
P. ¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Y qué respondió?
R. No recuerdo ninguna pregunta que me incomodara especialmente, pero en cualquier caso, si apareciera, siempre soy de la opinión de que hablen por mí mis canciones.




















