La intérprete gallega, que saltó a la fama en 2015 como actriz revelación (La isla mínima), no ha parado de crecer y profundizar en sus propios proyectos. Protagoniza la tercera entrega de la saga de La novia gitana en Atresplayer y Disney +.

La actriz Nerea Barros con su gato
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- La nueva entrega de la serie (La Nena) llega después del enorme impacto de La novia gitana y La red púrpura. ¿Cómo has afrontado el regreso a este universo sabiendo que el nivel de expectativas es aún mayor?
- Lo he cogido con mucho cariño y agradecimiento, ya que es un privilegio desarrollar a Elena Blanco tanto tiempo y rodar con la calidad que tiene esta serie. En esta temporada, Elena lo ha perdido todo en la segunda y empieza muerta en vida, sin nada a lo que agarrarse ni una razón para vivir.
- Es una Elena Blanco muy distinta. ¿Qué es lo que ha cambiado en ti a la vez que en el personaje para abordarlo en esta nueva temporada?
- Lo bueno es que, tras este recorrido, el personaje ya vive en mí. La tensión y rigidez habitual de Elena ya no están, explorando el territorio desconocido que supone la ausencia de tensión cuando no tienes nada que ganar ni que perder.
- ¿La violencia es una vía para escapar del duelo y del dolor?
- Por supuesto. Por desgracia, la violencia y la maldad despiertan ira, rencor y dolor en el otro. Esta temporada explora precisamente el discurso sobre la justicia y la revancha: se plantea si para hacer justicia tienes que ponerte al mismo nivel del otro y convertirte en un ser malvado, o si se puede lograr de otra forma.
- Esta nueva temporada se ha estrenado simultáneamente en Atresplayer y en Disney+ fuera de España. ¿Cómo valoras esta internacionalización de las series españolas?
- Creo que hay muchas series españolas que pueden competir sin despeinarse con las grandes series que ovacionamos. Como españoles debemos proteger e internacionalizar la calidad de nuestra industria, ya que tiene un mérito enorme hacer estas producciones con presupuestos cuatro veces menores a los de una serie americana. Es muy bonito que personas de todo el mundo puedan empatizar con tu trabajo.
- Se ha vuelto a poner al frente del proyecto Paco Cabezas. ¿Qué aporta su mirada y su modo de trabajar?
- Paco es un creador muy interesante, con mucho talento y gran trayectoria. Aporta la factura elevada de trabajar en series de alto presupuesto en Estados Unidos, pero al rodar en España añade un plus de estar en casa, dejándose la piel en cada plano. Trae la autenticidad de haberse criado en un barrio obrero sevillano.
- Este trabajo implica una gran exigencia física. ¿Te has preparado especialmente o llevas una rutina que ya viene de antes?
- Me preparo especialmente para las escenas de acción trabajando en conjunto con el equipo de stunts. El primer año me preparé durante meses con Felipe, un antidisturbios, para aprender técnicas muy determinadas de la Policía: cómo moverse con un arma o cómo engrilletar, lo que me da una soltura que me permite no pensar en ello durante la escena.
- ¿Crees que la serie supera la obra de Carmen Mola?
- Es muy ambicioso y loco aventurarse a decir eso. Creo que ambas son increíbles por igual.
- ¿Cuánto ha cambiado el modo de consumir cine y televisión en la última década?
- Las plataformas han producido una hecatombe, permitiéndonos acceder a cualquier película o serie de forma inmediata desde casa. Ha sido muy positivo para acercar el cine y las series al público, aunque a veces siento que los algoritmos hacen daño y nos traicionan como espectadores. La industria tiene que apostar por todo tipo de proyectos, comerciales y de calidad. Por eso destaco y agradezco que Atresplayer no siga ciegamente el algoritmo, sino que apoye los proyectos en los que cree.
- Hace seis años nos dijeron que de la pandemia íbamos a salir mejores. Desde la perspectiva de hoy, ¿lo sigues creyendo?
- Yo era de las que lo pensaba al ver, durante el encierro en Madrid, cómo la naturaleza rebrotaba. Pero por desgracia, siento que el ser humano necesita estar muy al límite para salir de su zona de confort y pelear por construir un futuro mejor, algo crucial para el cambio climático.
- Yo era de las que lo pensaba al ver, durante el encierro en Madrid, cómo la naturaleza rebrotaba. Pero por desgracia, siento que el ser humano necesita estar muy al límite para salir de su zona de confort y pelear por construir un futuro mejor, algo crucial para el cambio climático.
- Me parece tremendo. La historia nos demuestra que los límites no funcionan y que el populismo nunca es la solución. Las fake news lo han abarrotado todo y el buen periodismo, que da criterio, está en crisis, lo que hace que la sociedad involucione. Me da mucha pena ver que la homofobia, el racismo, las guerras territoriales y que haya psicópatas en el poder generando una injusticia infernal sigan estando a la orden del día sin que pase nada.
- Me dijeron que andabas rodando por Galicia. ¿A los gallegos se os pasa alguna vez la morriña?
- La morriña nunca se va. De hecho, mi primera película como directora, que voy a rodar este verano, se llama Oda Miñanai y es muy autobiográfica. La rodaré en Galicia, protagonizada por mi madre y por mí, como un medio íntimo para reencontrarme con mis raíces, buscarme a mí misma y entender el legado de mi familia. Trata de la necesidad de asumir el legado de nuestros mayores, figuras que el mundo actual descarta llamándolos viejos, para evolucionar y no estar perdidos.
- Desde que empezaste la profesión, ¿cuántos techos de cristal han caído para la mujer?
- Me encantaría decirte que muchos, pero tengo la sensación de que es más superficial de lo que pensamos. Nos siguen ocurriendo ataques a la sed de justicia de las mujeres; hace poco una jueza desestimó el caso de una mujer indigente a la que encontraron siendo violada. Doy gracias todos los días por haber nacido en España, porque en la mayor parte del mundo nacer mujer asegura un calvario, pero todavía tenemos muchísimo que trabajar, y no unos contra otros, sino unidos.
- ¿El éxito te ha levantado alguna vez los pies del suelo?
- La verdad es que no. Me he sentido perdida intentando ubicarme siendo yo misma en aspectos de la profesión más frívolos, como las alfombras rojas. Sin embargo, haber estudiado enfermería y ver morir a gente en mis manos me ha colocado muy en el suelo.





















