Sus publicaciones en internet la convirtieron en un nombre propio que 'Scrolling after sex' consolidó. En su ensayo 'Dame veneno que quiero vivir' indaga en el conflicto entre el deseo de verse bien y la adicción a la cosmética

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- Señala a la figura de la esteticista rastreadora de problemas. Llega la clienta al centro para acabar con una preocupación y logra que salga con cinco más.
- Vi el patrón después de ir a hacerme una limpieza facial y que quien me atendía me preguntara si dormía de lado. Decía que se me notaba en las arrugas del escote. El efecto es el de alguien que opina desde una posición de poder, como un profesor o un maestro del cuerpo. Pero el comentario no se hace por una cuestión de salud, sino de estética. Si hubiera detectado un melanoma, se lo habría agradecido. Pero eran arrugas. Un matiz: estas trabajadoras lo hacen porque forman parte de un sistema perverso en el que la jefa lo exige para cobrar más. Si no se instala la ética en la cabina estética, seguirá pasando.
- Y cada vez comienza antes.
- Con el fenómeno de los Sephora Kids, sí. Entrevisté para el libro a una niña que a los 12 había ido en busca de maquillaje y salió con cremas porque la dependienta la convenció de que necesitaba tener muy hidratada la piel. Desde entonces usaba cremas a diario. Ahora tiene 17 y una rutina de skincare. En mi época solo había purpurina. La dismorfia de los 90 estaba relacionada con la delgadez. Tras el body-positive, viene esto. Damos un paso adelante y dos atrás. Los niños están en la sociedad desde los tres años, pero las madres son sus primeras influencers. Lo que les ven hacer es lo que ellos harán. Los niños están en la sociedad desde los 3 años, pero las madres son sus primeras influencers. Lo que les ven hacer es lo que ellos harán.
- Pueden ejercer, también, un efecto espejo: su forma de envejecer será advertencia o faro para sus hijas.
- Puede parecer frívolo, pero es inconsciente. Nos vemos en sus rostros y algo nos advierte sobre nuestro futuro. Hace que queramos ser como ellas o distanciarnos. Se mezcla la añoranza y la meta.
- Pero cuando emplean tratamientos como el bótox, cuenta que pueden llegar a no sentirse amados.
- La toxina botulínica bloquea los músculos, la capacidad de expresión. El bebé, entonces, no puede leer el rostro. No puede interpretar los gestos. También afecta a nuestra capacidad de sentir emociones. Como el movimiento muscular modula la respuesta del cerebro, puede afectar a nuestra capacidad de sentir enfado. Pero me daba miedo que se interpretara como algo positivo. No lo es. El enfado es una brújula que señala un problema. La histeria fue considerada un trastorno femenino hasta los 80 y esto pone en riesgo nuestro derecho a enfadarnos. Pero que cada una haga lo que quiera una vez esté informada. En trabajos frente a la cámara es comprensible. Lo que sucede es que ahora todos tenemos una cámara frontal en la mano. No hay registro en la historia de tanta vigilancia del rostro propio. No hay que meterse en un convento sin espejos, pero nos miramos demasiado y eso trae consecuencias.
- ¿Y los hombres? ¿Qué buscan ellos cuando se cuidan la piel?
- Dentro de que no es comparable con el bombardeo que nosotras recibimos, empiezan a interesarse mucho. Pero mientras la mujer se centra en evitar arrugas, el envejecimiento no es la obsesión de los hombres. Es una cuestión de higiene, de un buen afeitado, de un aspecto de facciones pulidas y hombrunas, bonemaxxing, como lo llaman. O sea, definir la estructura ósea, mandíbula, pómulos y nariz. Las mujeres estamos en lucha perversa contra el envejecimiento, algo inevitable. Envejecer es antónimo de morir. Enfrentarse al paso del tiempo no es algo para lamentar, sino para celebrar. Con el bótox se suele empezar con el objetivo de prevenir, pero llega un momento en el que, aun sin arrugas, no lucen más jóvenes.
- Aparentan su edad, pero con la piel lisa.
- Sí, es un efecto extraño. Y comprensible: genera dependencia emocional. Tengo una amiga que se lo inyecta porque a ella le encanta pagar por soluciones y eso es lo que siente que le proporciona. Las arrugas desaparecen de golpe.
- No le gusta la palabra antiedad.
- Debería estar prohibida como reclamo en los productos cosméticos. Supone una aceptación tácita de que la edad es algo malo. En unos años resultará aberrante.
- Hace referencia a un derecho a ser vista que se pierde a medida que la mujer envejece.
- Es de carácter simbólico y se ocupa de dar nuestro lugar en el mundo. Estamos en la era de la visibilidad y en ser capaz de captar la atención de los demás hay un poder que hoy alguien ha sabido monetizar. Es importante y natural querer sentirse vista. Por la tradición cristiana hay una tendencia en la mujer a sentirse mal por quererlo, cuando en realidad solo esconde un deseo de supervivencia. Si necesitamos que nos miren, cómo no va a existir ese impulso de querer mantenerse joven.
- De ahí, quizás, el efecto hipnótico que producen los vídeos en los que alguien charla a cámara mientras se maquilla.
- Ya son un género en sí mismos. Revelan un proceso antes oculto y, como seres cotillas que somos, queremos averiguar cómo se organizan los demás para sobrevivir.
- ¿Cuál es la señal que revela que se ha pasado el límite saludable?
- Para mí, por ejemplo, son las agujas. Lo que sirve como guía es preguntarse si te estás tratando desde el amor, para lograr tener un momento para ti misma, o desde el miedo y la presión social.


























