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Anna-Victoria, Simone y Lorent estuvieron paseando por distintas salas de La Casa Encendida durante la mañana del jueves. Eran, en apariencia, tres de tantos otros jóvenes que merodeaban de un lado a otro en busca de la ponencia más llamativa, o del debate más sugerente. Conversando con otros asistentes sobre vivienda y precariedad laboral, pero también de los trends de redes sociales o del lluvioso día que hacía en Madrid. Pasadas las 12.45 horas del mediodía, sin embargo, los tres tomaron el rol protagonista. Anna-Victoria se subió al escenario porque es Anna-Victoria Politkovskaya, activista rusa y nieta de la periodista Anna Politkovskaya. Simone, Simone Leoni, se sentó a su lado: es el secretario nacional de Forza Italia Jóvenes. Y Lorent, que es Lorent Saleh, disidente venezolano y ex preso político, completó la mesa redonda. Pero la experiencia vital y el bagaje de activismo que los tres acumulan a sus espaldas no abrieron brecha alguna con los jóvenes que atendían su conversación. Había mucho en común.
Lo primero, los mitos por desmitificar. «Los jóvenes están más interesados que nunca en política, interesados y participando», defendió Saleh -el más de medio centenar de asistentes a aquella mesa que tenía la política como eje vertebrador era buena muestra de ello-. El hoy premio Sájarov se inició en este ámbito cuando, de niño, se hizo una pregunta: ¿por qué hay niños que mueren de sed y de hambre? "Cuando sales de tu burbuja descubres otra realidad", quiso resumir, abanderando la idea de que "no escogemos ni dónde ni cuándo nacemos. Somos inevitablemente rehenes de un tiempo y un espacio". Y lo dijo con conocimiento de causa. Saleh nació en San Cristóbal (Venezuela) en 1988 y con 20 años impulsó la ONG Operación Libertad, organización que defiende los derechos humanos en esta región. Activista político, en 2014 fue secuestrado en Bogotá y entregado al régimen venezolano, que lo mantuvo detenido hasta octubre de 2018, cuando aceptó trasladarlo a España. "Decidir defender los derechos humanos es decidir molestar el poder establecido", dijo el jueves, animando a los jóvenes a no aceptar lo que les "incomoda".
Eso mismo lleva a Politkovskaya a no cesar en su labor de activista contraria al régimen de Vladimir Putin. Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Ámsterdam, esta joven es nieta de Anna Politkovskaya, periodista rusa asesinada en 2006 en su casa de Moscú. «Valoro mi legado, y mi legado me ha traído a donde estoy hoy», apuntó en la mesa redonda, tras narrar las críticas que ha sufrido su familia por manifestarse en contra del poder ruso. Ante la guerra que actualmente está en curso en el este de Europa, a Politkovskaya "no [le] quedaba otra opción que hablar".
Tanto ella como Saleh han forjado su trayectoria política desde un papel crítico con quien ostenta el poder. Caso contrario es el de Leoni, pues el partido cuyas juventudes lidera forma parte del gabinete de gobierno de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. Pero no por estar en el poder rebaja su nivel de exigencia política. Leoni contó que se hizo popular por "ponerse en pie ante algo": cuando una persona con un discurso racista, homófobo y discriminatorio hacia las personas con discapacidad quiso postularse para entrar en política, él se opuso, aun sabiendo que ese dirigente pretendía integrarse en una formación con la que su partido comparte lista en Europa. "Estar en política supone tomar algo de riesgo", subrayó Leoni, e instó a los jóvenes a dibujar "líneas rojas" en un contexto en que los derechos conquistados vuelven a ponerse en duda.
No es, sin embargo, una línea roja para ninguno de ellos la política clásica, el cauce institucional más tradicional. Pese a que su activismo se ha desarrollado por otras vías, no reniegan del sistema -otro mito que también quedó el jueves más que desmontado-. Eso sí, aspiran a renovarlo. «El deber de los partidos políticos es adaptarse a nuevos escenarios», valoró Leoni, y Saleh advirtió del peligro de la antipolítica: "Puedes ser muy crítico, pero hay una línea delgada [que se cruza] cuando de la crítica pasas a rendirte". "La gente joven está redefiniendo su relación con la democracia", había resumido al inicio del debate su moderadora, Miriam González, fundadora de España Mejor.
Mientras los tres jóvenes compartían sus trayectorias políticas, sobresalían entre el público teléfonos que grababan dos o tres frases de la conversación. Las redes, tantas veces denostadas en tantos entornos, estaban completamente integradas en este cónclave juvenil, y eso es lo que Politkovskaya, Saleh y Leoni quieren que suceda en la política. "Es imposible ir en contra de la tendencia", señaló el joven italiano, y su compañero venezolano puso en valor el papel de estas herramientas en la organización ciudadana: "Prefiero contar con redes sociales, con todo el amarillismo que podamos encontrar ahí, que no tener la capacidad de hablar", dijo Saleh.
Se puso sobre la mesa la necesidad de que la política "se adapte a un nuevo ecosistema". De que los partidos "se revisen completamente". Saleh, Politkovskaya y Leoni, como tantos otros jóvenes, son conscientes de que esa responsabilidad está, en buena medida, en sus manos. Y saben que la renovación no puede, o no debe, ser un mero relevo generacional: "Si pones un político joven que solo cambia el pelo gris por el marrón, no están trayendo nada serio".
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