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Firmas // elmundo

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Vuelve Oasis: un irresistible desastre de proporciones ép...
JOSE JORDAN · 2024-08-27 · via Firmas // elmundo
Vuelve Oasis: un irresistible desastre de proporciones épicas

AFP

Actualizado

Pongamos las cosas en perspectiva. Oasis llevan separados 15 años, pero 29 sin hacer nada que merezca la pena excepto pelearse. Mucho y muy bien. En eso son los mejores.

No, ni Be Here Now ni Standing on the Shoulder on Giants son buenos discos y de no venir firmados por los Gallagher hubieran sido ya olvidados como las mil bandas clónicas, flequillos, parkas y actitud sin talento, que nos castigaron a rebufo de, ellos sí, dos gigantes. Lo que sucede es que lo anterior... Lo anterior es Historia e historia.

Con hache mayúscula porque Definitely Maybe y (What's the Story) Morning Glory son dos obras maestras de tal calibre que podrían haberse pasado el resto de su vida haciendo el imbécil (en cierto modo lo han hecho) y publicando mierda juntos, solos o acompañados (esto lo han hecho al cien por cien) y daría lo mismo. Tan sobrados iban que su mejor canción, Whatever, ni siquiera entró en los discos. Adquirieron su plaza permanente en el Panteón antes de cumplir los 30 y de allí no les baja ni dios. El problema fue justo ese: como eran conscientes de que ya se habían pasado el juego, decidieron dedicarse a beber, salir, hacer el cafre... Bien pensado, nada que objetarles. La grandeza no exige constancia ni longevidad, sólo un instante que perdure en la memoria colectiva. Ellos tienen dos horas.

Con hache minúscula, porque a mediados de los 90 fueron protagonistas de la historia íntima de muchas personas; la banda sonora de la vida de una generación, la mía, que durante unos años dejamos de discutir si Madrid o Barça para pelearnos por Oasis y Blur. Nunca hubo comparación. ¿Qué prefieren follar o hacer el amor? Respóndanme sin sus parejas delante. Podías elegir el cinismo de Noel o la chulería de Liam, pero, joder, cuánto quisimos ser ellos. Oasis no sólo fue una gran banda de rock, fue más. Fue un fenómeno social, fue un suceso, fue trascendente y... fue efímero.

Y así debería haber seguido. Las peleas constantes de los Gallagher permitían que su aura y su presencia permanecieran sin más grabaciones mediocres que enturbiasen el legado. Era un maravilloso chiste del destino que los tipos que escribieron un himno titulado No mires atrás cabreado se pasaran la vida echándose en cara mierdas del pasado.

¿Qué necesidad tenían de volver? Ninguna, para sacarse el abono del City e hincharse a cerveza, les sobra la pasta. ¿Qué posibilidades hay de que, en vez de los fabulosos conciertos madrileños en el Palacio de 1997 y 2005, nos encontremos la calamitosa versión que nos comimos en la Cubierta de Leganés en el 2000? Elevadas. ¿Cuántas reuniones de este tipo acaban bien? No hay precedentes.

Todo indica que el regreso de Oasis va a ser un desastre, pero les voy a dejar para buscar vuelos a Cardiff. A quien te ha hecho feliz se le acompaña hasta al baño. A lo que sea.