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Ricardo F. Colmenero

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Una nueva 'huella dactilar' de Van Gogh que puede destapa...
Museo van Gogh de Ámsterdam · 2026-06-11 · via Ricardo F. Colmenero

Una técnica científica analiza la textura microscópica de las pinceladas, una especie de ADN geométrico, que promete detectar las falsificaciones

Puesta del sol en Montmajour de Vincent va Gogh.

Puesta del sol en Montmajour de Vincent va Gogh.

Actualizado

Durante más de un siglo, los falsificadores han intentado hacer lo casi imposible: pintar como Vincent van Gogh. Algunos fueron tan convincentes que engañaron a coleccionistas, millonarios, casas de subastas y grandes expertos. Ahora, un grupo de investigadores franceses cree haber encontrado una especie de huella dactilar invisible que podría cambiar para siempre la caza de las falsificaciones.

La técnica, publicada en la revista científica Surface Topography: Metrology and Properties, convierte fotografías de alta resolución de una pintura en mapas tridimensionales capaces de analizar la rugosidad microscópica de la superficie. El resultado es una firma fractal de las pinceladas, una especie de ADN geométrico que cada artista deja sin darse cuenta sobre el lienzo.

Los investigadores probaron el método con obras atribuidas a Van Gogh y comprobaron que podía distinguir las auténticas de falsificaciones conocidas. Incluso detectó como sospechosa una famosa copia de Los labradores, mientras que Puesta de sol en Montmajour, cuya autenticidad fue objeto de debate durante décadas antes de ser aceptada por los expertos, encajó perfectamente con el patrón del pintor neerlandés.

«El análisis fractal nos proporciona una huella digital medible de la pincelada de un artista sin necesidad de tomar muestras ni alterar la pintura. Este enfoque no sustituirá la pericia tradicional, pero la refuerza significativamente", apunta Francois Berkmans, investigador principal del estudio.

La noticia llega en un momento especialmente incómodo para el mundo del arte: nadie sabe con certeza cuántas falsificaciones siguen colgadas en museos, galerías o colecciones privadas.

Algunos especialistas en autenticación han llegado a sugerir que entre un 10% y un 20% de las obras atribuidas a determinados grandes maestros podrían estar mal catalogadas o ser problemáticas. La cifra es imposible de verificar, pero ilustra hasta qué punto la incertidumbre sigue formando parte del negocio artístico. En el mercado privado, varios expertos han afirmado durante años que las obras falsas podrían superar ampliamente a las auténticas de algunos autores históricos.

Van Gogh es uno de los casos más delicados. El artista solo vendió un cuadro en vida y dejó unas 900 pinturas. Esa escasez convierte cualquier nueva aparición en una potencial fortuna. Cada vez que surge un supuesto Van Gogh desconocido, los expertos deben enfrentarse a una pregunta capaz de mover decenas de millones de euros: ¿es real o es una copia magistral?

La historia está llena de ejemplos. En 1928 apareció una versión de Los labradores atribuida al pintor. Durante años circuló como auténtica hasta que posteriores investigaciones concluyeron que se trataba de una falsificación. Más recientemente, la obra Puesta de sol en Montmajour pasó décadas considerada falsa antes de que nuevos estudios convencieran al Van Gogh Museum de que sí había salido del pincel del artista.

Pero Van Gogh ni siquiera es el rey de las falsificaciones. Ese título podría corresponder a Pablo Picasso. El propio artista llegó a bromear asegurando que había más Picassos falsos que auténticos. Algunos expertos estiman que existen decenas de miles de obras atribuidas al malagueño cuya autenticidad genera dudas. No es extraño: produjo más de 50.000 piezas entre pinturas, grabados, dibujos y cerámicas.

Otro caso legendario es el de Amedeo Modigliani. En 1984, tres estudiantes italianos tallaron unas cabezas de piedra con un taladro y las arrojaron a un canal de Livorno. Cuando fueron encontradas, varios especialistas las declararon auténticas esculturas perdidas del artista. Los jóvenes tuvieron que aparecer en televisión mostrando cómo habían fabricado el fraude.

Y luego está Han van Meegeren, posiblemente el falsificador más famoso de la historia. Durante años engañó a expertos de todo el mundo vendiendo supuestos cuadros inéditos de Johannes Vermeer. Fue tan convincente que, tras la Segunda Guerra Mundial, las autoridades llegaron a acusarlo de vender patrimonio nacional a los nazis. Para salvarse tuvo que demostrar que él mismo había pintado las obras.

Las cantidades en juego explican por qué la batalla tecnológica se ha vuelto tan feroz. Un Van Gogh auténtico puede superar fácilmente los 50 millones de euros. Un Picasso importante puede alcanzar más de 100 millones. Incluso las falsificaciones tienen mercado: algunas obras falsas históricas, vinculadas a casos célebres, se han vendido por decenas o cientos de miles de euros precisamente por su valor como fraude famoso.

La irrupción de la inteligencia artificial ya está añadiendo otra capa a esta guerra. Una investigación reciente detectó decenas de supuestas obras de maestros como Claude Monet o Pierre-Auguste Renoir que se ofrecían a la venta en internet y que presentaban señales compatibles con falsificaciones.

Ahora, la nueva técnica basada en fractales promete algo que parecía imposible: medir científicamente el estilo de un pintor sin tocar el lienzo. Si funciona a gran escala, podría obligar a revisar cuadros que llevan décadas considerados auténticos y reabrir algunos de los mayores misterios del mercado artístico.