

























Actualizado
PAPA (I)
La presencia del Papa en el Congreso de los Diputados sirvió para descubrir que los mercaderes han vuelto a tomar el templo. La portavoz de Junts, Míriam Nogueras, le soltó a León XIV: «Su Santidad, como Gaudí, soy catalana. Hablar la lengua de la tierra que le acoge es un maravilloso acto de amor y respeto». Y ya no digamos el amor y el respeto del que deja al visitante hablar libremente la lengua que le dé la gana, o de aquel al que le importa más lo que se diga que en el idioma que se diga. Incluso el quién lo diga. «España cuenta con una lengua que une continentes», le respondió León XIV en su discurso.
Sumar, por su parte, entregó cartas sobre la vivienda como quien introduce una enmienda de última hora.
En un espacio pensado para hablar del bien común, cada actor político aprovechó para hablar de su propio común: su electorado, su agenda, su relato. El Papa habla de concordia y de superar la polarización, mientras la política real funcionó, una vez más, como una suma de mensajes paralelos que no se escuchan entre sí.
La presencia del Papa no fue tan llamativa como la naturalidad con la que el Congreso coló su propio debate. Los actos que nacen para hablar de todos, en política, siempre acaban sirviendo para que cada uno hable de sí mismo.
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Gaudí sobre Dios y el retraso en la ejecución de la Sagrada Familia: «Mi cliente no tiene prisa».
DAVID SÁNCHEZ
Hay casos judiciales que terminan hablando menos del delito que de la familia. La presunta plaza a dedo para el hermano de Pedro Sánchez lleva años discutiéndose en los medios, pero los detalles que quedan flotando en el juicio son otros, como el reenvío por parte del acusado de documentación sensible a una cuenta llamada pedrosanchez1212.
Quizá no demuestre nada. O quizá lo demuestre todo. Eso lo decidirán los jueces. Pero son esas cosas que tienen fuerza política independiente de la sentencia. Cuando un apellido aparece tantas veces alrededor del poder, la pregunta ya no es si hubo trato de favor, sino por qué resulta tan difícil aprenderse dónde estaba la oficina.
El problema del nepotismo no es solo lo que ocurre. Es la sospecha permanente que deja. Esa sensación de que algunos ciudadanos necesitan presentar currículums mientras otros solo necesitan presentar parientes.
CONGRESO
En el Congreso de los Diputados ya no se discute de corrupción. Alberto Núñez Feijóo dispara con sumarios y metáforas contra Pedro Sánchez, mientras este responde con una especie de equilibrio moral en diferido: no niega tanto los casos como recuerda los del adversario, como si la contabilidad del pasado anulase la del presente, y la política fuese una suma cero de escándalos.
La corrupción ha dejado de ser un problema para convertirse en un lenguaje. Y en el caso de Sánchez la verdad importa menos que la capacidad de sobrevivir al día siguiente.
Eso de que la mujer del César no solo debe ser honrada sino parecerlo, en el caso de Sánchez, se cumple al revés. A estas alturas, a nadie le parece que el presidente sea un hombre honrado pero, con las pruebas que maneja la Justicia, sigue siendo inocente.
PAPA (II)
Aún no sé si el Papa habló en Canarias de inmigración, de mafias, de dignidad humana o de esa extraordinaria capacidad que tiene el ser humano para acostumbrarse a lo que sea. Hay algo inquietante en ver llegar una patera detrás de otra y terminar incorporándola al paisaje.
León XIV recordó que detrás de cada cifra hay una persona. Parece una obviedad, pero vivimos tiempos en los que las estadísticas tienen más protagonismo que los rostros. Los gobiernos hablan de cupos, Bruselas de reglamentos, los partidos de fronteras y de votos. Mientras tanto, el Atlántico sigue haciendo su trabajo silencioso de separar los discursos de la realidad.
La imagen más poderosa de la visita no fue la del Papa, sino esa cruz levantada con madera de patera. Las pateras tienen la mala costumbre de recordarnos que los seres humanos llevan miles de años cruzando fronteras, y que las fronteras llevan el mismo tiempo tratando de impedirlo. Lo único que cambia es quién está a cada lado.
VIERNES
JOYAS
La pieza más valiosa del patrimonio político de Zapatero es un collar cuajado de diamantes y rematado con esmeraldas de Zambia valorado en 278.000 euros; porque nos recuerda que la mayor fisura de nuestra democracia somos nosotros mismos, que votamos lo que votamos.
La segunda pieza más valiosa es otro collar de oro blanco con 13 zafiros procedentes de Tailandia y diamantes por valor de 220.000 euros; y que completa su Alianza de Civilizaciones, creada para desafiar hasta qué punto puede llegar la estupidez de todo un pueblo.
El problema de las élites es que acumulan riqueza. El problema de los políticos es que creen que nadie se dará cuenta.
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