Lo verdaderamente extraordinario de la visita no es que venga el jefe de la Iglesia católica, sino que hayamos conseguido reducirlo a presidente de comunidad autónoma, el milagro más español de todos

Recuerdos de la visita del Papa León XIV.MUNDO
Actualizado
DOMINGO
TIEMPO
Pedro Sánchez pidió ayer tiempo a sus socios para culminar las transformaciones que dice que pretende llevar a cabo en España. Tiempo es una palabra curiosa para un presidente que lleva ocho años gobernando, y habla cada vez más del futuro por culpa de un presente que se le está llenando de sumarios.
Sánchez asegura que la oposición quiere derribar al Gobierno con «malas artes», y puede ser. Pero también es cierto que hay momentos en los que la realidad colabora poco con la defensa propia.
El resumen es que tenemos un presidente cercado por la corrupción que pide paciencia. Un partido con problemas judiciales que habla de resistencia. Y una legislatura sostenida por siete u ocho formaciones, sin Presupuestos y sin mayoría política estable, que se presenta como ejemplo de estabilidad.
Pedro Sánchez pide tiempo. El problema es que cada semana aparece una nueva razón para preguntarse para qué.
LUNES
FEIJÓO
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, nos descubre que en política hay algo mucho más difícil que ganar unas elecciones: conseguir que otros las convoquen.
Lo curioso es que los números dan para pedirlas, pero no para celebrarlas. Tanto Junts como el PNV coinciden casi a diario en que la situación es insostenible, pero luego continúan sosteniéndola. Un milagro parlamentario en el que nadie parece querer este Gobierno, pero tampoco que caiga.
MARTES
WATERLOO
Waterloo ha dejado de ser un municipio de Bélgica para convertirse en un peaje para llegar al Gobierno de España. Junts decidió hace tiempo que quien quisiera tocar poder en Madrid tendría que demostrar que estaba dispuesto a viajar más lejos que sus votantes. Aunque el método roza lo teatral, el fondo del asunto es más serio de lo que parece. El PP necesita a Junts y Junts necesita humillar al PP.
Los populares llevan años construyendo la idea de que Puigdemont no es un interlocutor aceptable, y de que existen líneas que jamás deberían cruzarse. Pero Junts no puede ser más coherente con el papel que ha decidido interpretar: convertir cada mayoría parlamentaria en algo negociable y cada crisis política española en oportunidad.
Si Feijóo viajara a Waterloo, en España no sólo cambiaría el Gobierno, sino la lectura política de una década. Y eso, ahora mismo, es mucho más difícil que lograr que Sánchez dimita.
MIÉRCOLES
UCO
Como todos sabemos, Pedro Sánchez no sabía nada. No sabía qué hacían algunos de sus colaboradores más próximos. No sabía qué tramaban determinadas personas del PSOE. Y tampoco sabía cómo funcionaban ciertas estructuras que, curiosamente, se activaron para su defensa.
Y ahí aparece la contradicción. Porque incluso aceptando que todo sea cierto, la conclusión sería que durante años depositó su confianza en personas que no conocía.
Sánchez ya no pide a los ciudadanos que confíen en él. Pide algo bastante más complejo: que creamos en el altruismo político. En gente dispuesta a asumir riesgos, arruinar carreras e incluso acercarse a una condena actuando en beneficio suyo, sin que el beneficiario supiera absolutamente nada.
Sánchez ya no tiene un problema político o judicial. Tiene el problema de tener que hacer el ridículo, porque no está tipificado en el Código Penal.
VIERNES
PAPA
La bendición en catalán de la Sagrada Familia por parte de León XIV ha provocado más debate político que religioso, que seguramente era la única manera de garantizar el éxito de la visita. El Papa viene a predicar la universalidad de la Iglesia y España responde preguntando en qué idioma piensa hacerlo. Hay países que convierten la política en religión, nosotros hemos conseguido convertir la religión en política.
Hace siglos el ser humano era capaz de sostener una discusión sobre la naturaleza de Cristo; ahora sólo le importa discutir en qué idioma discutirlo, que debe ser el debate más ateo. Lo verdaderamente extraordinario de la visita no es que venga el jefe de la Iglesia católica, sino que hayamos conseguido reducirlo a presidente de comunidad autónoma, el milagro más español de todos.
La visita obliga a España a recordar que sigue siendo un país católico justo cuando llevaba años fingiendo que ya no lo era. Durante unos días veremos ministros y líderes políticos haciendo equilibrios entre la fe y las fotos. Nadie quiere parecer demasiado creyente, pero tampoco demasiado ateo, porque la religión se gestiona como una encuesta.
Al mismo tiempo, la confesión ha desaparecido de nuestras iglesias para instalarse en la Audiencia Nacional. Antes la gente acudía al sacerdote para reconocer sus pecados; ahora esperan a que aparezcan en un sumario.


















