




















TRUMP
Donald Trump anuncia un acuerdo con Irán. Después de meses de ataques, bombardeos, amenazas nucleares, petróleo disparado y discursos apocalípticos, los mismos dirigentes que advertían de peligros existenciales hablan de repente de paz.
Lo curioso de estas guerras modernas es que siempre terminan pareciendo una negociación que podría haberse celebrado antes.
Israel observa el acuerdo con preocupación porque sabe que los papeles pueden detener los disparos, pero no las ambiciones de sus enemigos. Irán proclama una victoria histórica y Trump se atribuye el mérito de que Irán pueda decirlo. Los únicos que suelen quedarse sin premio son los que han pasado meses enterrando familiares o haciendo cola para conseguir combustible. Quizá por eso la pregunta no es quién ganó la guerra, sino para qué sirvió realmente todo esto.
JUNTS
Junts intenta que el Congreso pida elecciones anticipadas. No porque obligue a Pedro Sánchez a convocarlas, que no lo hace, sino para que la Cámara diga en voz alta lo que ellos no se atreven.
Junts lleva meses explicando que la legislatura está agotada, que el Gobierno no tiene rumbo y que la situación es insostenible. Si realmente piensa eso, quizá debería empezar por ayudar a derrumbarlo. Lo demás son variaciones sobre la misma idea: que sean otros los que den el paso.
La Mesa vetó la iniciativa insinuando que las cámaras no están para votaciones simbólicas, o más bien recordando que la ley española contempla fórmulas menos cobardes.
MIÉRCOLES
ZP (I)
En su comparecencia ante la Audiencia Nacional, Zapatero respondió mucho a lo que quiso, poco a lo que le preguntaron y nada sobre lo que le incomodaba, como cualquier político y, especialmente, como cualquier político culpable.
Zapatero niega influencias en el rescate de Plus Ultra, niega sociedades, niega correos electrónicos que dice no usar y niega recordar encuentros concretos que otros sitúan con bastante precisión. Y en esa negación selectiva fue construyendo una realidad paralela donde lo más importante no es lo que ocurrió, sino lo que aún está pendiente de ocurrir en su memoria, como si la verdad fuera una obra en permanente construcción, para la que él necesita más días.
Para remate, el ex presidente emitió una nota de prensa para los aficionados socialistas, que esperaban su sentencia sobre qué tal lo hizo el juez.
ZP (II)
El sumario del caso Zapatero no avanza, sino que se expande con la imputación de sus hijas y de su secretaria, en un movimiento judicial que, según el auto, se apoya en su papel dentro de las supuestas sociedades instrumentales y en la fría lógica de la responsabilidad, esa que no mira los apellidos sino los ingresos.
El asunto abandona el terreno de lo estrictamente judicial para entrar en otra discusión más humana y, por eso mismo, más incómoda para el ex presidente del Gobierno: la de la paternidad. Porque uno puede permitirse fracasar en la vida como socialista, como faro de la izquierda e incluso como gurú de Pedro Sánchez, pero sin enviar a sus hijos a la cárcel.
El guion de la corrupción en España entra en un territorio insólito, porque todos estábamos viendo venir que el amigo runner cargaría con todo, como siempre, pero no que el ex presidente acabara asumiendo los presuntos pecados de sus hijas para mayor gloria de su inocencia y sacrificio.
LENGUAJE
En España hay dos cosas que se piden todos los días: elecciones anticipadas y medidas cautelares. Gracias a Begoña Gómez y a José Luis Rodríguez Zapatero, las medidas cautelares han adquirido categoría de género político propio. Se piden, se discuten, se interpretan y se convierten en parte del discurso político mucho antes de que a alguien se le ocurra preguntarse si eran necesarias o no. En cierto modo, las medidas cautelares funcionan como las encuestas, que no importan tanto por lo que dicen, sino por lo que insinúan.
El lenguaje judicial ha ido ganando una extraña popularidad, como cuando se muere un Papa y a cada rato escuchas decir «camarlengo» o empieza una guerra en Ucrania y escuchas «granero de Europa». Ya sea en el ascensor, en la frutería o en la tertulia de la tele, uno ha empezado a escuchar a cada poco: «Riesgo de fuga», «indicios racionales de criminalidad», «sociedad instrumental» o «pieza separada». Expresiones que antes pertenecían a los tribunales compiten en prime time con las de la política: «Fin de ciclo», «cordón sanitario», «lawfare», «máquina del fango» o «mayoría alternativa». España ha llegado a ese punto en el que los autos judiciales y los argumentarios electorales parecen escritos por el mismo departamento de comunicación. En algún momento dejamos de discutir sobre cómo gobernar el país para empezar a discutir sobre cómo investigarlo. Hay países que exportan tecnología o coches. Nosotros exportamos derecho procesal.
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