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EMPATE
España redefine el concepto de empate. La coincidencia de los juicios de la trama Kitchen, vinculada al PP, y del caso Mascarillas, vinculado al PSOE, ha hecho que todos los esfuerzos del Gobierno se centren estos días en tratar de demostrar que, a la hora de hablar de corrupción, tanto da la del PSOE como de la del PP, porque a estas alturas de partido, a lo máximo a lo que puede aspirar el sanchismo es al empate.
De este modo, da lo mismo un tesorero que un ministro, secretario de organización y mano derecha del presidente. También dan igual los millones malversados, o que un caso sea de esta legislatura y el otro de hace casi tres lustros, porque el resultado de la matemática es siempre un empate. El único problema que le veo a la estrategia socialista es su encendida defensa de que en la Kitchen estaba al tanto de todo la cúpula del PP.
Que el juicio coincida con la precampaña electoral en Andalucía tampoco es tan grave. Ni siquiera es una gran casualidad, ya que España vive permanentemente en precampaña, y a Ábalos no le van a faltar los juicios. Hay coincidencias muchísimo peores. Por ejemplo, que el día que conocemos que la vía del accidente de Adamuz se rompió antes del accidente, tengamos el testimonio de una miss enchufada en Renfe que se pasaba el horario laboral leyendo libros de trenes en una biblioteca. Que no digo que esté mal, que a mí de pequeño me encantó leer en la biblioteca del cole Jim Botón y Lucas el maquinista, de Michael Ende, solo que no me pagaban por ello. Supongo que por ser menor.
Además, la miss tampoco era la única enchufada en una empresa pública, pero estaría bien descubrir si estamos ante el modus operandi de Ábalos o de este país.
Peor coincidencia me parece que arranque la campaña de la renta al tiempo que descubrimos que le estábamos pagando a Ábalos, a Jésica y a un gato que compartían llamado Pequeño Ratón. Que no es que por culpa del gato tengamos peor educación o sanidad, ni que por una miss descarrilen los trenes, ni que a la gente le entren ganas de salir corriendo de este país; de lo que se le quitan ganas es de pagar impuestos.
Lo más revelador del juicio ocurrió cuando Jésica Rodríguez, la amiga especial de Ábalos, aseguró que no era prostituta sino dentista. Una dentista a la que el ex ministro le pagaba los gastos y enchufaba en empresas públicas sin trabajar, o como decía el falso Ábalos del El Intermedio: «Me está saliendo igual de cara y me está haciendo el mismo daño».
También quedó claro que el hermano de Koldo tuvo que ir dos veces a Ferraz a recoger dinero, como si la sede del Partido Socialista fuera una sucursal bancaria, solo que puedes ir a recoger dinero que no es tuyo.
Y en cuanto a los mensajes en clave, resulta que el hijo de Ábalos habla en las escuchas de café porque le gusta tanto el café como a los amigos de Koldo las chistorras. En fin, que por mucho que se hable en clave, todo está clarísimo, y cada vez que abre la boca un testigo parece que a Ábalos le cae una imputación nueva. Al menos Jésica le libró del artículo 340 del Código Penal por abandono animal, ya que cuando Pequeño Ratón se rompió la pata le dio dinero para pagarle la operación a pesar de la ruptura sentimental. Que menos mal que no era un loro, como aquel que testificó en Argentina en 2015 en un caso de feminicidio, porque cuando llegó la policía no paraba de repetir: «¡Ay, no! ¡Por favor, soltame!». Que imagínate a un loro aprendiéndose la financiación irregular del PSOE.
Por un momento, parecía que el Partido Socialista, y por lo tanto el Gobierno, y por lo tanto Pedro Sánchez, iban a librarse del juicio. Y que el ex secretario de organización podía sentarse en el banquillo como ese señor del que usted me habla. Y que daban igual las Jésicas, las misses, los gatos y las empresas públicas afectados, porque todo era producto de un solo hombre, y el presidente podía seguir tranquilamente con sus tareas en TikTok.
Lo mejor que podríamos extraer del juicio, y nunca se sabrá, es cuántos delitos tiene que cometer un secretario de organización para que el presidente del Gobierno se entere.
VIDA EXTRA
Pedro Sánchez cuelga un vídeo en el Museo del Videojuego en busca de una vida extra. Por un momento, el presidente parecía visitar su propio laboratorio. Allí estaban todos los elementos que necesitaba para acabar la legislatura, o para pasar el tiempo, que viene a ser lo mismo: pantallas, narrativa, héroes, villanos y una audiencia que no distingue demasiado entre realidad y simulación.
La diferencia es que en los videojuegos los trucos para ganar siempre están en los manuales, y todo el mundo puede aprenderlos. En política, en cambio, el truco consiste simplemente en convencer al jugador de que no hay ningún truco. Y en eso, hay que reconocerlo, el presidente lleva varias pantallas de ventaja.
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A la izquierda del PSOE anuncian que no es momento de hablar de personas, sino de proyectos, de ideas y de las necesidades de la gente. Es el mantra que suelen repetir los partidos a la hora de elegir a sus dirigentes o cabezas de lista. Y es principalmente repetido por quienes serán sus dirigentes o cabeza de lista. Las amistades e incluso las parejas, según el partido del que hablemos, lo son todo en política. Entendiendo ese todo como ocupar una silla, porque al final las ideas, como bien sabe la izquierda de la izquierda, nacen en los programas electorales, se plasman en los reales decretos y mueren en el Congreso de los Diputados.
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