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Lo que durante más de un siglo se consideró meras exageraciones de marineros o licencias literarias de novelas como Moby Dick, ha resultado ser una realidad científica. Una investigación reciente, liderada por la Universidad de St Andrews en colaboración con la Universidad de las Azores y la Asociación Tursiops, ha documentado por primera vez en vídeo a cachalotes embistiéndose violentamente con la cabeza, un comportamiento tan espectacular como inquietante.
El estudio, publicado en la revista científica Marine Mammal Science, empleó drones para captar imágenes aéreas inéditas en las Azores y las Islas Baleares durante campañas realizadas entre 2020 y 2022. Las grabaciones muestran a estos colosos del océano chocando con una fuerza que hasta ahora solo se sospechaba. Según el investigador principal, Alec Burlem, aunque se sabía que la enorme cabeza de estos cetáceos —que puede representar hasta un tercio de su cuerpo— podía servir como arma, nunca se había documentado ni descrito de forma sistemática.
Uno de los hallazgos más sorprendentes para el equipo científico es que estas embestidas no son exclusivas de los grandes machos en plena rivalidad. Los investigadores observaron a cachalotes subadultos participando en estos choques, lo que sugiere que el comportamiento podría ser una mezcla de entrenamiento, juego o competencia social para establecer jerarquías dentro del grupo.
Este descubrimiento otorga una nueva perspectiva a tragedias históricas como la del ballenero Essex en 1820, que fue hundido frente a las Galápagos tras ser embestido por un cachalote, inspirando años después la obra de Herman Melville. Relatos similares de otros barcos como el Ann Alexander o el Kathleen habían sido tildados de mitos, pero la evidencia actual sugiere que aquellos marineros no estaban tan equivocados.
A pesar del avance, el motivo evolutivo de estos golpes sigue siendo objeto de debate, dado que la cabeza del cachalote alberga estructuras vitales para la ecolocalización, esenciales para su supervivencia en las profundidades. Los investigadores coinciden en que la tecnología está empezando a revelar la vida secreta de estos gigantes marinos.






















