El autor de ‘En el reino de los espíritus hambrientos' sostiene que el origen de las adicciones no está en la química de las sustancias, ya que la mayoría de quienes las prueban no acaban siendo dependientes, sino en un trauma de la infancia

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En el Downtown Eastside de Vancouver hay mujeres adictas a la cocaína que se prostituyen en callejones para pagarse la próxima dosis y acaban contrayendo sífilis. Hay mujeres suicidas, enganchadas a los opiáceos, que rechazan tratamientos contra el VIH. Hay jóvenes con enfermedades mentales que mueren de cáncer de hígado o infecciones por hepatitis C. Hay adictos al crack que arañan grava de las aceras buscando una dosis imaginaria. Y hay seres humanos que hurgan entre sus llagas supurantes intentando encontrar otra vena donde clavarse la aguja. En el Downtown Eastside hay sobredosis que terminan en ambulancia y sobredosis que terminan en silencio.
Durante más de una década, el doctor Gabor Maté (Budapest, 1944) recorrió esas calles como médico de la Portland Hotel Society y se convirtió en testigo directo de una de las mayores concentraciones de drogadicción de Occidente. Después de años reviviendo el mismo patrón, llegó a una conclusión que desmonta buena parte del discurso tradicional sobre las adicciones: «La pregunta no es por qué la adicción, sino por qué el dolor».
- Pero seguimos haciéndonos la primera.
- Porque nos centramos en lo que podemos ver. En Occidente, y especialmente en Norteamérica, hay dos maneras de entender la adicción. La idea dominante es pensar que las personas eligen consumir y el sistema debe castigarlas por tomar decisiones erróneas. Y la otra es verla como una enfermedad genética heredada. Pero en ninguno de los dos casos miramos la experiencia vital de las personas. Nos quedamos en la superficie, no observamos lo que hay debajo.
Y lo que hay debajo atraviesa todo su trabajo, el sentido de su vida, y las páginas de En el reino de los espíritus hambrientos, que acaba de publicar en España Capitán Swing, y que convirtió a Maté en una referencia mundial en trauma y adicciones. En la cosmología budista los espíritus hambrientos son criaturas condenadas a un deseo perpetuo, incapaces de llenarse jamás.
- ¿Qué es la adicción?
- La adicción se manifiesta como cualquier comportamiento que proporciona placer o alivio temporal, un deseo compulsivo y que, aunque termina trayendo consecuencias negativas, no se abandona. Pueden ser drogas legales como la cafeína, la nicotina, el alcohol… o ilegales como la cocaína o la heroína; o comida, o compras, juego, pornografía, sexo, deportes extremos, autolesiones, bulimia. Cuando pregunto a la gente si alguna vez ha tenido una adicción, la mayoría responde que sí. Entonces les pregunto: ¿qué tenía de bueno? ¿Qué te daba que necesitabas? Porque la cuestión no es qué tenía de malo, sino qué función cumplía.
- Tal vez calma, placer...
- Exacto. Muchos adictos describen las drogas como la primera vez que sintieron calma. Ahora bien, ¿qué significa no sentir calma? ¿Qué significa no sentir placer? Significa vivir algo desagradable. Por eso digo que la adicción no es el principal problema. El problema es la ausencia de calma, la ausencia de placer. Ese es el dolor. La adicción es un intento de resolver un problema interno.
- Sus tesis chocan con décadas del discurso clásico sobre drogadicción, de que las drogas generan dependencia química y secuestran el cerebro.
- No niego la parte de la dopamina, la de la serotonina, la de los circuitos de recompensa, y de cómo el consumo repetitivo reconfigura neurológicamente a una persona. Pero si las sustancias son tan adictivas por sí mismas, ¿por qué la mayoría de quienes las prueban nunca desarrollan una dependencia severa?
- ¿Por qué?
- El trauma infantil está siempre en la base. Abusos sexuales en la infancia. Violencia doméstica. Padres alcohólicos. Negligencia emocional. Hogares atravesados por el miedo constante. Y en muchos casos, ni siquiera grandes tragedias visibles, niños que crecieron sin sentirse seguros, queridos o, simplemente, vistos. No importa cuál sea la adicción. Puede haber distintos niveles de trauma, claro, pero trauma significa que existe una herida. Y la adicción intenta aliviar temporalmente esa herida. Eso ocurre en todas las adicciones. El cerebro humano no nace terminado, sino que se desarrolla en relación con el entorno emocional. Un niño sometido a estrés, miedo o desconexión constante acaba construyendo sistemas de supervivencia que años después pueden convertirse en ansiedad, impulsividad o conductas adictivas.
- ¿Pero hasta qué punto la infancia determina una adicción adulta?
- Hasta el 100%.
- ¿Y qué pasa con la responsabilidad individual?
- No hablo de excusas, hablo de razones. Si digo: «No puedo evitarlo porque tuve una infancia difícil y la sociedad me hizo daño», entonces estoy evitando mi responsabilidad. Pero comprender el origen de un problema permite asumir mejor esa responsabilidad. Si fui herido en la infancia, hoy sigue siendo mi responsabilidad sanar esa herida. Nadie puede hacerlo por mí. Entender el origen no elimina la responsabilidad individual; simplemente ayuda a comprender qué ocurre. Porque si no entiendes nada, acabas pensando: «Soy una mala persona». Y no: quizá no seas una mala persona, sino una persona herida. Pero sigue siendo tu responsabilidad sanarte.
- ¿Hay una epidemia de adicciones? ¿Está vinculada a nuestro modelo de sociedad?
- Las adicciones son activadas por el trauma y el estrés. Cuanto más estrés soporta una persona, menos capaz es de regularse emocionalmente y de sentirse bien consigo misma, y más necesita buscar fuera algo que calme lo que ocurre dentro. Vivimos en una sociedad que genera muchísimo estrés. Y cuanto más estrés hay, más problemas de salud mental, más adicciones y más enfermedades aparecen. Es una sociedad insegura, con menos vínculos, más aislamiento y más sensación de amenaza.
- En su libro cuenta que vivimos en una sociedad obsesionada con anestesiarse, distraerse y escapar de sí misma. Redes sociales diseñadas para generar dopamina. Plataformas que monetizan la atención. Pantallas que eliminan cualquier espacio de silencio. Un consumo constante de estímulos que convierte el aburrimiento en algo insoportable.
- Las investigaciones muestran que la soledad extrema supone un riesgo para la salud comparable al de fumar un paquete de cigarrillos al día. Las personas solas enferman antes y mueren antes. En Reino Unido incluso tuvieron que nombrar un ministro de la Soledad. La soledad es un fenómeno social ligado a la economía y la política neoliberales. Y cuanto más sola está una persona, más probable es que caiga en una adicción.
- Parece imposible vivir libre de conductas adictivas.
- Es posible. Requiere mucho trabajo, pero es posible.
- Usted es bastante beligerante con la guerra contra las drogas. ¿Ha fracasado?
- No, no ha fracasado. Ha tenido éxito.
- ¿Éxito?
- Si el objetivo era acabar con el consumo o el tráfico, es un fracaso. La guerra contra las drogas está condenada al perpetuo fracaso, la pregunta es por qué se sigue librando. Pero si el objetivo es enriquecer a determinadas industrias legales, aumentar el control social o controlar minorías –como sucede en Estados Unidos–, entonces ha sido un enorme éxito. Todo depende de cuál fuera la verdadera intención.
- Entonces, ¿qué deberíamos hacer?
- Primero, entender científicamente el problema. La prevención contra las adicciones empieza en la primera visita prenatal. El estrés de una mujer embarazada afecta al desarrollo cerebral del bebé. Si queremos prevenir el consumo de drogas debemos apoyar a las familias jóvenes y cuidar a los padres. Y cuando los niños tienen problemas, en lugar de castigarlos, deberíamos tratarlos con compasión, porque muchos futuros adictos fueron antes niños con dificultades. Las personas con adicciones graves suelen tener cerebros predispuestos al consumo debido a traumas infantiles, y sanar requiere tiempo y tratamiento adecuado. Hay mucho que podemos hacer, pero primero debemos ser científicos y humanos al mismo tiempo.
- Después de todo lo que ha visto, ¿qué ha aprendido sobre la naturaleza humana?
- La gente suele pensar que la naturaleza humana es egoísta o agresiva, pero si observamos cómo evolucionó nuestra especie vemos que sobrevivimos durante millones de años viviendo en grupos cooperativos. Si no hubiéramos sido cooperativos, no habríamos sobrevivido. No existe una única naturaleza humana. Lo que existen son necesidades humanas. Si estudias a un elefante en un zoo, parecerá un animal pasivo. Pero si lo observas libre en la sabana africana, se comportará de forma completamente distinta. Con los seres humanos pasa igual: depende del entorno y de si nuestras necesidades emocionales están cubiertas. Un bebé necesita amor incondicional tanto como necesita oxígeno. No es un lujo. Y si esas necesidades emocionales no se satisfacen, las personas desarrollan conductas muy distintas. Hitler era humano. Buda era humano. Franco era humano. Jesús era humano. La naturaleza humana es un abanico de posibilidades que depende del entorno.
- ¿Qué errores suelen cometer las familias de personas adictas?
- Primero hay que entender que la familia aislada no es natural históricamente. Durante millones de años vivimos en tribus y comunidades donde los niños eran criados por todo el grupo. Hoy los padres crían solos, sin apoyo, y además se les exige moldear a sus hijos para encajar en una sociedad donde mucha gente realiza trabajos sin sentido y apenas tiene control sobre su vida. El mayor error es intentar forzar a los hijos a convertirse en algo concreto en vez de ayudarles a desarrollar su propia naturaleza en un entorno seguro. Y otro gran problema es que los padres transmitimos nuestros propios traumas sin darnos cuenta. Yo también lo hice. No porque no amemos a nuestros hijos, sino porque muchas veces ignoramos nuestras propias heridas.
- ¿Qué le diría a alguien que ahora mismo siente que no puede escapar de su propia compulsión?
- Lo primero: «Te entiendo, porque yo también estuve ahí». Estas compulsiones son muy poderosas porque hay dolor dentro y uno intenta desesperadamente escapar. He visto a personas quitarse la vida porque no encontraban una salida. Así que entiendo perfectamente esa desesperación. Lo segundo: «Existe ayuda. Ahora mismo puede parecer imposible, pero muchas personas han salido adelante y tú también puedes hacerlo si decides pedir ayuda».
























