El mexicano Javier Arnaut, profesor de Economía y experto en colonialismo, asesora al Gobierno groenlandés en un momento crucial de su historia con un pie en Zamora y otro en la isla: "Que Trump les llame pedazo de hielo ofende"

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Groenlandia vuelve a estar de moda. «Ese gran y mal gestionado pedazo de hielo», que acaba de decir Donald Trump. «Eso es algo que ofende a los groenlandeses, porque implica una región sin gobierno y sin personas que respetar. Es una gran ofensa», apunta el profesor de Economía de la Universidad de Groenlandia y asesor del Gobierno de la isla ártica, Javier Arnaut.
Trump presiona a la OTAN por abandonarle en Irán, y de paso retoma su deseo de apropiarse el territorio. «La OTAN no ha ayudado a cederles Groenlandia, que es un objetivo estratégico importantísimo, y ahora no están ayudando en Irán, con lo que Trump no ve ninguna utilidad de pertenecer a la Alianza» explica Arnaut, a quien el Ártico no debió parecerle lo suficientemente inhóspito, porque acaba de comprarse una casa en Argujillo, Zamora. «Groenlandia es como llegar a la Luna, como estar en otra dimensión. No hay árboles, todo es blanco, el aire es muy limpio, las personas son extremadamente amables, no existen prejuicios sobre de dónde vienes, y los salarios son muy altos comparados con Europa». Mientras Argujillo es «un pueblo mágico, mucha naturaleza, un solo bar, es como volver al siglo XIX».
A este mexicano de Baja California, y doctor por la Universidad de Groningen, sus investigaciones parece que le persiguen. Se especializó en colonialismo, y se topó con Trump. Se especializó en despoblación, y en Argujillo se topó con lo más parecido a Groenlandia en términos de vacío, lo que le ha puesto al frente del proyecto Revive, una iniciativa de la Unión Europea para estudiar la relación entre la España vacía, la Italia vacía, la Bulgaria vacía, la Finlandia vacía y la Groenlandia vacía.
- ¿Y la hay?
- Pues es un fenómeno muy similar. Para Groenlandia representa una pérdida de identidad cultural. Hay una emigración de la juventud a Dinamarca, una fuga de cerebros. Es muy importante unir fuerzas, especialmente por el cambio climático.
- ¿Por el cambio climático?
- Claro, uno de los objetivos de la investigación es analizar los efectos que la despoblación tiene en los ecosistemas. Groenlandia exporta mucho fletán a China y EEUU, pero el stock está migrando al norte, hacia lugares más fríos, y eso cambia dónde debe vivir la gente. Ha sido el invierno más caliente en los últimos 112 años, desde que hay registros. Algunos icebergs que se recuperan en invierno no se han podido recuperar. Es evidente que no hay marcha atrás y que tiene una afectación en la sociedad. Y me parece interesante mencionar, porque me llama mucho la atención, el escepticismo que existe en España sobre el cambio climático, especialmente en el ámbito rural.
- ¿Qué se encontró exactamente?
- Que sobrevive una teoría conspirativa que dice que la sostenibilidad es algo que viene de George Soros, o algo así. A pesar de estos incendios que consumen miles de hectáreas. Eso me da un motivo más para investigar por qué en España se da ese tipo de respuesta, porque en Groenlandia no existe.
- ¿Qué se deshiele no la vuelve más atractiva?
- Si los efectos positivos fueran palpables a corto o medio plazo, uno pensaría que sí, por ejemplo para la minería, pero las proyecciones existentes están hablando de cientos de años para que eso ocurra. Nuestras generaciones no lo verán. Hasta el momento los efectos son negativos. El aeropuerto del norte, que era el principal hasta hace un par de años, tiene fracturas en la pista que lo hacen impracticable.
- Pero está la ruta polar de la seda, la posibilidad de mejores infraestructuras, más terreno cultivable.
- Claro, y esa es una de las hipótesis por la que EEUU estaría interesado en tomar el control de Groenlandia, aunque ya lo tiene.
- ¿Ya lo tiene?
- Claro, EEUU tiene las puertas abiertas de Groenlandia desde 1951, tras un tratado por el que se le daba luz verde a cualquier proyecto militar que quisiera expandir, lo que abre interrogantes sobre las verdaderas intenciones de Trump.
- Pero si EEUU puede poner las bases que quiera y la extracción minera será imposible hasta dentro de 100 años. ¿Por qué salen ustedes a protestar?
- Por el autogobierno. Groenlandia ha buscado su independencia desde 1979. Recibe una subvención anual de 600 millones de dólares de Dinamarca. Los proyectos mineros se ven como una oportunidad para cubrir esos 600 millones, pero hay una polarización sobre si se puede cubrir ese hueco fiscal a expensas de la naturaleza, de sacrificar la identidad cultural, de traer inmigración de China u otros países para cubrir la mano de obra. Para otros es obvio que debe hacerse, y el gobierno está atrapado en ese dilema, entre la versión de Occidente y la inuit.
- ¿Y cuál es esa versión inuit?
- Para los inuit las montañas, y las cosas que no tienen vida, tienen cierta libertad. Esa cosmología es difícil de entender en Occidente, donde siempre buscamos explotar los recursos naturales. Ese respeto a la naturaleza es súper difícil de entender cuando hay estudios que hablan de proyectos mineros que pueden ser muy exitosos.
- Entonces hay proyectos mineros que no tienen que esperar 100 años
- En el sur está la mina de Kvanefjeld, que se considera la mina de tierras raras más grande del continente americano. La licencia la tiene una empresa australiana con capital chino, pero le fue denegada en 2021. La empresa ha demandado al Gobierno porque había cumplido todos los requisitos que se les pidió, y eso ha molestado muchísimo a los inversores internacionales.
- Entonces, ¿cuánto hay de mito y cuánto de realidad sobre los recursos mineros?
- El mayor mito es que Groenlandia está lista para ser una potencia minera. Eso está muy lejos de la realidad. Primero porque el precio de ciertos minerales no es tan alto en los mercados internacionales como para ser rentable. Segundo por la falta de infraestructura. En el sur y en la costa es inexistente. No hay un puerto ni capital humano para echar a andar un proyecto. Eso aumenta los costes. Y el tercero son las regulaciones. La empresa australiana siguió desde el 2007 paso a paso todos los requisitos que le pidieron y al final no les dieron el permiso. Y eso ha dañado la reputación.
- No nos creemos que Trump quiera minerales.
- No, no, al menos porque la Administración Trump no vería los beneficios. Lo verían tal vez los hijos de Donald Trump o J.D. Vance pero, en los próximos cinco años, Groenlandia no va a cambiar en términos mineros. Aunque Trump se quedara Groenlandia y diera todos los permisos. Y eso es un mito importante que no se aclara en los medios.

Javier Arnaut toma una foto desde una montaña en Nuuk.J.A.
- ¿Cuándo empezó todo a acelerarse?
- El momento cero fue el 7 de enero, cuando Donald Trump Jr. vino en el avión de Trump y se reunió con el activista Charlie Kirk y otro de sus colegas aquí, en el Hotel Hans. Empezaron a repartir gorras de MAGA y dinero. Ese fue el momento cero para el gobierno y para la universidad porque empezó a hacerse realidad lo que había dicho Donald Trump de hacerse con Groenlandia.
- ¿Y qué hicisteis?
- Hubo unas reuniones en la Universidad. Empezamos a discutir qué haríamos si llegara un avión militar de EEUU. Fue un momento de tensión que aún no ha terminado. Hay gente que ha dicho en redes sociales que está pensando en vender sus propiedades y regresarse a Dinamarca. Son casos aislados, pero propagan tensión. Y los académicos, digamos, vemos imposible desde una perspectiva teórica romper con la OTAN. Pero bueno, Donald Trump es impredecible, y aunque no tenga lógica geopolítica romper con la OTAN, sabemos que ese tipo de decisiones irracionales suceden. Cuanto más tiempo pasa la gente empieza a normalizar la tensión.
- Se ha oído hablar de una presunta oferta de dinero en mano a cada groenlandés por hacerse estadounidense.
- Hay vídeos en YouTube de personas preguntado a la gente en la calle si aceptarían 100.000 dólares por ser estadounidense, pero hay un rotundo no. Nadie duda.
- Y en vez de enfrentarse a Europa, ¿no sería más lógico que Trump ofreciera más autogobierno, los famosos 600 millones, o hacerse amigo de un futuro gobierno más afín?
- No le des ideas. Aunque eso que acabas de comentar ya está ocurriendo. Hay gente que no lo sabe, pero hay agentes americanos ahora mismo en Nuuk, y consultores de la industria minera norteamericana tratando de influir en ciertos políticos y empresarios. Se les ofrece, por ejemplo, ser parte de algún proyecto. Se anunció que se va a abrir aquí el centro de datos más grande del mundo. Es un proyecto de una empresa de EEUU y un empresario local. Eso ha generado tensión porque se ve como un caballo de Troya.
- ¿Y el gobierno que dice?
- A mi parecer, este gobierno de centro derecha no tiene mucho futuro. Ahora se está sosteniendo por la amenaza de Donald Trump, pero los pueblos de fuera de Nuuk, que detestan a Nuuk porque le llaman pequeño Copenhague, en el futuro van a decidir las elecciones. No lo hicieron esta vez, pero estuvieron cerca. El estandarte de la izquierda es que hay que hacer algo para poder ser independientes económica y financieramente. El partido de centro derecha también, pero que primero hay que unirse contra la invasión extranjera. El partido de izquierdas dice que hay que hacerlo ya, para tener legitimidad como país. Pero vaya, es un poco ilusorio pensar que un microestado podría defenderse contra EEUU.
- ¿Groenlandia tiene miedo de Rusia y China?
- Al contrario. Antes de Trump la posición del Gobierno era que estaba abierto a los negocios, y eso incluye negocios con China, que es consumidor de Royal Greenland, que es la principal empresa pesquera. La mayoría ven a China como una oportunidad y no como un enemigo. Con Rusia es algo distinto.

Sede de la Universidad de Groenlandia en Nuuk.Alberto Di Lolli
- ¿Se parece el colonialismo tradicional al actual?
- Sí en el sentido de intenciones extranjeras para explotar recursos sin importar las consecuencias. El colonialismo no solo está en la historia, está en la mentalidad, que les hace avergonzarse de ser indígenas y adoptan la mentalidad danesa. Hay mucha asimilación, el oprimido adopta la mentalidad del opresor. La mayoría de la universidad habla danés, aunque el groenlandés es el idioma oficial. Yo doy las clases en inglés, que hace unos años era el idioma neutral, que servía para no estar ni con Dinamarca ni con Groenlandia, pero ahora es el idioma invasor, y empieza a verse sospechoso. Es una micro universidad. En la lista aparecen 700 estudiantes pero en la práctica hay 200. Las clases son muy pequeñas, de 15 como mucho. El 99% son inuit. Se les da un piso y se les paga bastante bien para que vayan a la universidad y no tengan que trabajar. Es muy grato tener en tus manos el futuro de Groenlandia. Saber que esa persona, en cinco años, va a ser ministro.
- Lo increíble es que se pueda dar clase.
- El clima es extremo, ahora estamos en -12 grados. A veces hay tormentas muy fuertes y paran los servicios de autobús, y los estudiantes tienen excusa para no ir. Pero desde la pandemia estamos acostumbrados a usar Zoom y Teams, que a veces tampoco se puede cuando el clima está muy mal.
- ¿Los jóvenes no quieren salir de Groenlandia?
- Los que tienen ambición de hacer dinero, de tener una vida al estilo europeo, se van a Dinamarca al acabar el bachillerato. Los que entran en esta universidad quieren quedarse aquí.
- ¿Cree que todo esto ha cambiado la percepción del mundo, si es que había alguna, sobre Groenlandia?
- Absolutamente. La publicidad que ha tenido gracias a Trump ha sido increíble. El turismo ha crecido muchísimo. Han surgido agencias de viaje. Pero lo más importante es divulgar la verdadera Groenlandia. No solo tomar selfis con icebergs, sino descubrir qué significa ser inuit, que aún es un misterio. Creo que tiene mucho futuro difundir esa información cultural, el chamanismo, la conexión con la naturaleza, saber que aún quedan culturas que no se venden al consumismo.




















