Entre 1990 y 2010 repartió casi 200 goles en varios clubes de Segunda y Segunda B y, al mismo tiempo, estudió Empresariales, un máster en Mercados Financieros y abrió su propia agencia de planificación. Publica ahora ‘Capital trascendente’, donde explica su método

Keko Martínez posa para EL MUNDO en Barcelona.Araba
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- Dejó el fútbol por primera vez a los 24 años. ¿Fue la frustración de no llegar a Primera?
- Me desenamoré del fútbol. Es verdad que tenía muchas expectativas, pero llegó un momento en el que sentí que estaba fallando a la gente que confiaba en mí. No estaba dando todo lo que debía, no veía el sentido a seguir. Decidí parar y viví seis meses de crisis personal. Era un momento delicado porque vengo de una familia trabajadora y a esa edad ya ayudaba económicamente. Pero me ayudó a volver con otra mentalidad y a jugar hasta los 37 años. Hoy no lo veo como un fracaso, quizá fue la mejor decisión de mi vida.
- ¿Qué aprendió?
- Que hay que darlo todo para que algo funcione. Sin red. Mi error fue no haberme entregado completamente. A partir de ahí, esa fue mi filosofía para siempre: dar el máximo en cada situación y dejar que la vida se exprese.
- Mientras jugaba se sacó la carrera de Empresariales y un máster. Raro en un futbolista.
- Para mí era necesario. Yo no era una estrella, era un jornalero del fútbol, un jugador de Segunda y Segunda B y me di cuenta de que nadie me iba a resolver el día después si no lo hacía yo. Fui autodidacta, me obsesioné. La educación financiera se convirtió en mi pasión y me indignaban las carencias que veía a mi alrededor. Vivimos en un sistema capitalista y nadie nos enseña a vivir en él. Pero ni a los futbolistas ni a los médicos ni a los arquitectos. Y eso no es aceptable.
- Luego fundó su propia agencia de planificación, que se llama Ariete, y hoy ejerce de consejero de patrimonio. La gente escucha al consejero de patrimonio y piensa en evasión fiscal.
- Es exactamente lo opuesto a lo que hacemos. Nuestro método, el capital trascendente, parte de una idea sencilla: quitar el dinero del centro y poner a la persona. Lo primero que le preguntamos a un cliente no es cuánto tiene, sino cómo quiere vivir. Cuáles son sus sueños. Para qué quiere el dinero. A partir de ahí construimos. Empezamos por el círculo cercano, con antiguos compañeros míos, y fuimos creciendo. Llevamos 17 años y tenemos clientes que llevan con nosotros más de 15 años.
- ¿Y si el futbolista sólo quiere acumular más dinero?
- Hablamos para explicar que eso no funciona. El sistema te convence de que eres lo que tienes y de que nunca es suficiente. Es una trampa de escasez permanente. Nosotros proponemos otra cosa: plenitud, propósito, quietud. No le vendemos felicidad, que son momentos. Pero sí estabilidad y tranquilidad para el futuro.
- Pero imagino que les pedirán rentabilidad, un tanto por ciento cada año.
- La preocupación que detectamos siempre es la misma: que cuando el fútbol se acabe, mi familia no sufra. El día después. Y tiene todo el sentido del mundo. A partir de ahí trabajamos en cuatro planos: el personal, el económico, el social y el vital. Porque puedes tener todo ordenado económicamente y sentirte completamente vacío.
- Pongamos ejemplos reales. Un amigo de un futbolista asesorado por usted le pide dinero para abrir un restaurante. ¿Qué le dice?
- Lo estudiamos entre todos. Cualquier proyecto puede ser bueno o malo dependiendo de quién lo haga y cómo. Nuestra labor en Ariete es dar una opinión transparente: si encaja con su plan vital, con su perfil, con el momento. Y luego la decisión es siempre del cliente. Nosotros llegamos para sumar, no para mandar.
- ¿Las familias de los futbolistas son un peligro?
- Es una caricatura injusta. Detrás de cada deportista de élite hay un proyecto familiar de muchos años. Los padres han sacrificado mucho para que llegue a la élite. Lo que he encontrado, mayoritariamente, son familias que suman. La élite es muy exigente y muy solitaria aunque no lo parezca. El entorno familiar es un ancla importantísima.
- ¿Y el vestuario? ¿Se dan malos consejos ahí dentro?
- En un vestuario de fútbol hay veinte chavales de entre 20 y 30 años con mucha adrenalina y mucho tiempo libre. Se habla de todo, también de inversiones y el FOMO, el miedo a perderse algo, es real. No puedo negar que ha habido modas: los restaurantes, como hablábamos, pero también las renovables, por ejemplo. Pero los jugadores que tienen un plan no lo sufren. Cuando saben adónde van y a qué velocidad van, ese ruido no les llega. Al final hay que hacerle ver al futbolista que debe disfrutar sus años en activo, que es un privilegiado, que no llega ni el 1% de los niños que quieren llegar, y que no puede estar pendiente del ruido que hay alrededor.
- ¿Qué capricho es el primer error que comete un futbolista cuando llega a la élite?
- No existe ese error, porque nadie le ha enseñado. Eso es lo que hay que entender. Hay comentarios injustos sobre la gestión del dinero por parte de algunos futbolistas. No puedes reprocharle a alguien que no sepa lo que nunca le enseñaron. Una persona debería saber qué es una nómina, un impuesto, una hipoteca, una pensión. Lo básico. Y no se enseña. Ese es el verdadero problema.
- La solución es la formación.
- Como decía, el futbolista debe centrarse en su carrera, pero le beneficiará mucho si se forma lo suficiente para entender lo que le proponen. Y luego ya buscará un buen profesional. Siempre hago el mismo símil. Si un futbolista se lesiona la rodilla debe informarse todo lo que pueda, conocer los detalles de lo que le ha ocurrido. Y luego le operará un cirujano, que es quien realmente sabe. Pero un mínimo de formación evita muchos problemas.

























