Influencer y director creativo de la marca de 'streetwear', caso de éxito empresarial e icono de la Generación Z. Señala al mentiroso que diga que no recurre a la IA, pero le generan rechazo los mails redactados con ChatGPT
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- Si no te fueran a cancelar ni a juzgar, ¿qué opinión políticamente incorrecta podrías decir?
- ¡Vamos a empezar bien la movida! Voy a aprovechar para pensar... ¿Sabes qué? Hazme otra pregunta. Vamos a pillar el momento y volveré.
- Eres el director creativo de Nude Project. ¿Qué tal te llevas con el folio en blanco?
- Me llevo igual de mal que todos los creativos. Hay frustración, pero no recuerdo ningún momento en el que no haya podido salir de eso. Intento siempre tener muletas, ciertas personas en mi vida con las que puedo hablar y que me pueden ayudar a desbloquearlo. Pueden ser conversaciones tontas como hablar de la vida con mi madre y que eso me dé perspectiva porque las madres, inevitablemente, siempre saben más que tú.
- ¿Alguna vez has recurrido a la IA para inspirarte, crear...?
- Sí, ¿no? Todo el mundo. La persona que te diga que no recurre a la IA te está mintiendo. Pero, como todo, siempre hay un lado guay y otro que no. Yo ya detecto cuando me escriben un mail con ChatGPT y me genera mucho rechazo. Es un libro, sabe todo y eso lo entiendo, pero cuando trabajo busco un sentimiento humano profundo. Entonces, cada vez más aprecio una presentación que se sienta escrita a mano o casi infantil porque me parece más real. Eso es lo que me interesa porque nosotros creamos ropa y generamos un deseo de pertenencia -porque todos hacemos sudaderas y camisetas y pantalones, no hemos inventado nada nuevo- y entonces el sentimiento humano es muy importante. Usar algo no humano no va a generar el impacto que buscamos.
- ¿Qué podemos esperar de la nueva colección de Nude Project?
- El día que España juega su primer partido del Mundial vamos a anunciar una sorpresa muy guay. Creo que nuestro trabajo es diseñar ropa que represente a un tipo de gente y que puedan sentir pertenencia o conexión con nuestra ropa.

- Como joven emprendedor, ¿qué pregunta sobre emprendimiento joven estás harto de escuchar?
- Qué es el éxito para ti.
- Y, ¿qué es el éxito para ti?
- Siento que, en la cultura española, la palabra éxito genera como una distancia, cringe. En cambio, en la cultura estadounidense success es una gran palabra. Entonces me da y entiendo que dé pereza. La respuesta políticamente correcta sería decirte que el éxito para mí es tener una familia que esté bien, amar a mis amigos, tener un propósito, que mi salud esté en su mejor momento y tener el amor de mi vida.
- Y, ¿lo tienes?
- No, estoy mal, estoy buscándolo. Estoy seguro de que este medio lo leen mujeres, entonces quizás es mi momento para exponerme y decir que estoy buscando el amor [risas].
- ¿Qué problemas compartes con cualquier joven de 26 años? ¿Vivís en el mismo mundo?
- En el mismo mundo, claramente. Yo ando por la calle, puedo ir al supermercado, saludo a la gente. Pero vamos al más tocho: creo que en mi caso es el desamor. El sentir que no puedo conectar con ninguna persona. Puf, qué follón constantemente. Es una tontería, la mayoría de personas la encuentran, pero, ¿qué si yo no?
- ¿Siempre has sido tan romántico?
- Uf, cada vez más. Hemos idealizado cada vez más esa idea de la cultura americana donde todo es dinero, poder, fama y parece que si obtienes uno de esos tres pilares vas a ser una persona exitosa... Cada vez me siento más alejado de eso. Y es irónico por lo que hago y por mi posición en el mundo, pero yo quiero tener una casita con unas cabras en la naturaleza, tener un amor platónico, unos hijos que sean míos. Pero claro, eso está en mi cabeza y, puf, tengo que ir al Primavera Sound, soy joven, ¿sabes? [risas].
- Hablando de casitas, estuviste en La Casita de Bad Bunny con tu socio. ¿La polémica nace por la distancia con el éxito que comentabas?
- ¿Quién soy yo? Yo nunca me veo como portavoz de la gente, ni tengo la responsabilidad social para poder hablar de la gente porque no soy nadie en ese sentido. Yo tuve la suerte de poder ver a un artista que generacionalmente está haciendo algo que ningún artista está haciendo hoy en día, lo pude presenciar de cerca y viví, más que un concierto, lo que se sintió como una gran fiesta. Me lo pasé genial.
- ¿Qué te queda por darle al mundo que aún no le estás dando?
- He tenido altos niveles de privilegio: desde el amor familiar a la educación, pasando por todas las oportunidades. Siempre he sentido que tengo una flor en el culo. Con 18 años encontré un propósito, monté esta marca que dentro del mundo empresarial ha sido un caso de éxito. Pero he pasado de ser ambicioso, que era un combustible para enseñar que valgo algo y que tengo algo que aportar, a decir que soy curioso. Tengo ganas de hacer cosas que me generen curiosidad. No sé cuál es la próxima etapa, pero tampoco sé si tiene que existir una gran etapa. No quiero ser presidente; si me vais a votar, no lo quiero ser [risas].
- ¿Has evolucionado como persona a través del crecimiento de vuestra empresa?
- Joe, gracias a Dios. Si no hubiese evolucionado, ¡puf! Qué follón. Creo que sí, y también me hace ilusión poder contar esta historia. Hoy en día ya no grabamos podcasts, aunque fue algo chulísimo para nosotros. Pero el momento en el que no me hace ilusión, es el momento en el que yo dejo de hacer ese trabajo. Y tengo el privilegio de tener uno que me deja hacer diferentes cosas, y si eventualmente siento que ya no me aporta, puedo hacer otras. Pero España nos ha visto ser los niños de los 300¤, los niños de las sudaderas, los bros... Hemos sido todo eso. Y ahora somos una empresa de cuatro pisos donde hay muchísimas mujeres, aunque la gente sigue pensando que somos los bros del podcast, y estamos muy orgullosos del equipo, son gente muy, muy guay. Eso es crecer, conectar con tu niño interior y seguir probando cosas divertidas, pero entendiendo que te vas quedando calvo, por eso me pongo gorras ahora, porque voy perdiendo pelo [risas].
- Tenéis una oficina enorme, un equipo muy grande y hasta una estantería llena de premios. Todo esto, ¿te sube el ego o, al contrario, te genera síndrome del impostor?
- Puf, ¿qué es el síndrome del impostor? Otra pregunta cliché. No sé a qué viene la connotación negativa porque a mi parecer es necesario. Significa que no perteneces a tu realidad, y es necesario para seguir en la rueda y poder seguir haciéndolo lo mejor posible. El día que sientes que te has pasado el videojuego y que eres un crack es el día que ya no lo eres porque se te sube a la cabeza y pierdes las nociones que te mantienen en el camino y nadie quiere trabajar contigo.
- ¿Os ha costado mucho delegar al ampliar plantilla?
- Cuando un proyecto es tan personal, un reflejo de cómo ves tú el mundo, es inevitable que te cueste delegar. Al final estás delegando una parte de tu alma. Entonces creo que es muy difícil cuando eres una persona joven y tu inteligencia emocional no es muy alta... Es aún más follón. ¿Me sigue costando delegar? Muchísimo. Pero, aún así me rodeo de gente increíble que hacen bastante más fácil delegar de lo que me hubiera imaginado nunca.
- ¿Y ha podido la marca mantenerse fiel al espíritu desenfadado que la movía al principio?
- ¿La pregunta es si podemos seguir siendo auténticos?
- Mas bien desenfadados, espontáneos.
- A ver, ahora me pongo corbatas y tal [risas]. ¿Qué te voy a decir? He batallado y he hecho por intentar mantenerme fiel a los valores que representan la creación de esta marca. Pero cuando tienes un abanico de gente que se convierte en tu responsabilidad -en esta oficina hay 80 personas-, al final todo es una ecuación y hay sacrificios que hacer, es inevitable. Para lo serio que se siente, seguimos siendo nosotros en todo momento y nadie me ha cortado las alas. Pero qué privilegio tener un espacio en el que entro todos los días con mi bolsa de oficina y decir que me apetece currar.
- Volvamos a tu opinión políticamente incorrecta.
- Me gustaría que todo el mundo volviera a vivir en pueblos, muy random, ¿eh? Los humanos y la sociedad capitalista han construido estas megaciudades en las que vivimos en edificios de cemento cerrados donde no entra la luz o no tenemos naturaleza en dos o tres semanas. Es uno de los grandes productos que genera ansiedad. Yo cuando voy a un pueblo soy muy feliz, la ciudad genera cierta desconexión humana.
- Y, ¿qué te frena?
- Poco. Ojalá... Es lo que haré en breve. Creo que mi rol en la empresa es necesario, pero me estoy quedando calvo, estoy buscando el amor y voy a tener que dar un volantazo en mi vida. Quizás encuentre el amor mudándome al pueblo.






















