Emblema del hip hop español junto a su hermano, Tote King, y en solitario. Tras 25 años de consumo y después de pasar por centros de tratamiento de adicciones, ha dejado a un lado la música para ayudar a otros con su mismo problema.

Nacho González 'Shotta' (Sevilla, 1984).
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- De la gente como usted se destaca el valor de hablar de su adicción. ¿Por qué cuesta tanto hacerlo?
- Por la vergüenza. Por la culpa, por el miedo. Nos preguntamos qué van a pensar los demás de nosotros, si nos van a ver de peor manera, si van a creer incluso que somos malas personas. Parece un estigma, aunque está demostrado desde hace muchos años por la Organización Mundial de la Salud que esto es una enfermedad mental.
- Usted hace especial énfasis en los peligros del alcohol
- Con el consumo de alcohol parece que no pasa absolutamente nada: Uno se coge una borrachera y al día siguiente la cuenta entre risas. Y tal vez la borrachera incluye una caída en mitad de la calle con una herida. Incluye un accidente de tráfico. Incluye una pelea gordísima con tu pareja en la que hay insultos y maltrato... Pero no deja de ser una borrachera y una cosa que está súper normalizada. Otra cosa es cuando introducimos otro tipo de sustancias que están muy mal vistas en la sociedad. No es lo mismo beberse cuatro copas a las cuatro de la tarde que fumarse dos porros, que están mucho peor vistos, casi como algo clasista. Y ya no te digo nada de la cocaína. Aunque yo lo meto todo en el mismo saco, después de vivir lo que he vivido y de estudiarlo.
- ¿Qué destacaría de lo que ha descubierto de su experiencia como adicto y, luego, como orientador?
- Hay personas, por ejemplo, que sus drogas ‘estrella’ son los porros o la cocaína. Y como el adicto no quiere dejar de consumir, porque su cerebro lo que busca es colocarse, empiezan a buscar maneras. Y se beben dos cervezas. "Tío, es que yo necesito salir", dicen. Y te buscan millones de excusas para beberse esas dos cervezas. Ese día han podido controlarlo. Pero después pasa que a las dos semanas de beberse esas dos cervezas, les pega un tirón en el que consumen cerveza, más porros y cocaína. Les desinhibe y les activa el circuito de recompensa. Porque está estudiado: El circuito de recompensa de los adictos está dañado. Y al activarse, con una gota nada más, es cuestión de tiempo que pida el ‘pack’ completo. Claro, tú explicas esto a un paciente o un familiar y te responde por mil sitios. Todo menos asumir que es adicto y que no puede tomar ni una gota de alcohol nunca más. La primera vez que se enteran de eso, no se lo creen del todo. Hay otra gente que toca fondo y pregunta: "¿Qué tengo que hacer?". Esos son los que tienen más posibilidades de recuperarse. Los que dicen: "No puedo volver a beber, vale". Y aun entendiéndolo, es muy complicado. Porque la realidad es que muy poca gente se recupera, el porcentaje es muy bajo.
- En su caso, ¿cómo empezó todo?
- Hace ocho años, cuando entré en el primer centro ambulatorio y me dijeron que nunca más iba a poder beberme una cerveza, me explotó la cabeza. Recuerdo quedarme bloqueado. Y pensar que aquello era una secta. Recuerdo también que vino otra persona, que era ludópata, y que tampoco podía tomársela. Y yo: pero vamos a ver, si este tío tiene problemas con el juego, ¿cómo coño no se va a poder beber una cerveza? ¿Qué tiene que ver? En este momento era reacio a creerme nada. Ahora, después de casi diez años, ya sé que todo está relacionado. Que no es una sustancia. Que el adicto es adicto a todo.
- Hay una generación ahí entre la que prendió esta idea de que las drogas eran una forma de desafiar al sistema, de luchar contra él, incluso.
- Yo he hecho exaltación de las drogas en mis canciones, pero también le he dado un sentido crítico, porque yo veía que no me sentaba bien y que realmente no quería eso en mi vida. Pero aún así lo hacía por una serie de factores que he ido conociendo de mí mismo. En cualquier caso, eso siempre ha estado ahí: la rebeldía en contra del sistema, el "que le jodan al mundo". Pero es una forma de no asumir ciertas cosas de cada uno y de refugiarse en otras que, al final, son peligrosas. No aceptar y no afrontar la vida tal y como es. El refugiarte en las drogas no tiene nada que ver con ir contra el sistema; al revés. La gente que lucha contra el sistema está sobria. Y realmente hace cosas y está luchando de forma activa. Las drogas, a la larga, no te dejan tener sentido común ni ser funcional. Te merman en todos los sentidos, a nivel creativo también.
- ¿Cómo ve el Nacho de ahora al Shotta de entonces?
- Creé un personaje a través de las drogas, entre las cuales incluyo, por supuesto, el alcohol. Pero yo no sabía hasta qué punto estaba desarrollando una enfermedad tan grave como la que tengo. Y que es evolutiva. Al principio hay una luna de miel con la sustancia en la que te enamoras de ella y parece que es lo que toca, lo normal, lo que todo el mundo hace. Pero siempre había detalles de que algo no funcionaba bien. ¿Qué pasa? Que esa experiencia que tengo de 25 años de consumo, más el ingreso de un año, más cuatro intentos en centros ambulatorios, más fracaso tras fracaso durante muchos años... es lo que me ha hecho aprender.
- Un aprendizaje a hostias.
- Yo tengo un máster en meter la pata en todos los aspectos relacionados con la droga. Y con la recuperación también. Entonces, al haber fallado en todos los puntos, he aprendido. ¿Qué quiere decir? Que puedo ayudar a ciertas personas que tienen el mismo problema que yo. Y ésa es la relación que tengo hoy en día respecto al acompañamiento de adicciones. Ayudo a la gente en base a mi formación, pero sobre todo con mi experiencia, con lo vivido.
- ¿Se puede sacar algo positivo de todo esto o es un agujero negro?
- En la adicción no hay nada positivo. Es una esclavitud, una tortura y una pesadilla. Nadie quiere estar haciendo algo que no quiere hacer. Nadie quiere estar perdiendo el control de su vida. Nadie quiere estar condicionado 24 horas. Nadie quiere tener consecuencias nefastas en su vida y aún así no poder parar. Ves a otras personas que están mal, tiradas en la calle, como yo vi, o entrando en prisión. Y crees que nunca te va a pasar. Pero como es evolutivo, llega el punto en que te pasa, si desarrollas la enfermedad. Que yo la desarrollé. Ahora bien, en la recuperación todo es positivo. Es increíble, es empezar una vida nueva, una nueva oportunidad de conocerte y de ser el niño que fuiste antes de empezar con la droga.
- ¿A qué ha renunciado?
- Mi pandilla antigua éramos cinco y no he vuelto a verlos; hace tres años que no sé nada de ellos. Tampoco tengo redes sociales. He hecho lo que me han dicho y he renunciado a muchas cosas. Entre ellas, la música. Aunque estoy haciendo mi disco de retirada, porque tengo que hacerlo para acabar con todo. Pero ya me he despedido de esto. Al final no he hecho más que lo que me ha dicho mi terapeuta. Y por eso hoy sigo sin consumir. Porque es un tratamiento para obedientes, no para inteligentes. Para el que baja los brazos y dice que ya no puede más. En la recuperación lo bonito es empezar de cero.
- ¿Y de qué manera ha vuelto usted a ser niño?
- La primera amistad que hice después de todo esto fue con un chaval que se llama Raúl y que es de los pocos amigos que tengo hoy en día. Es una persona sana, un tío que no toma absolutamente nada, que hace deporte, que lee, que le gusta el cine. Y vamos a comer hamburguesas, a hablar de libros y a hacer deporte. Me acuerdo de la primera vez que fui con él al cine. Yo llevaba sin ir con amigos míos unos 20 años. Entonces, imagínate salir del tratamiento, un año ingresado, hacer una amistad... Y yo estaba nervioso por ir al cine con él. Eso no lo vivía desde que yo tenía 13 años. Es que el mundo de las drogas hace que te pierdas muchísimas cosas, tío. Y son las pequeñas cosas de la vida, las cotidianas. El consumo te trae anhedonia, que es falta de motivación y de placer. No me motivaba un paseo con mi hijo. Ir a la playa tampoco. Ni comerme una hamburguesa. Es que ni el deporte, que me ha encantado siempre.
- Antes mencionaba las señales. ¿Cuáles diría que son los indicadores, como los pilotos del coche que señalan que algo no va bien
- A todo el que viene conmigo a sesiones de acompañamiento en adicciones, que trabajo con un montón de personas, siempre le digo lo mismo. ¿Tienes un consumo que te causa consecuencias negativas en tu vida, y aún así no puedes dejar de consumir? Sí. ¿Se ha convertido en una prioridad en tu vida y has dejado de hacer cosas que antes te gustaban por hacer eso?. Sí. ¿Una vez que empiezas a consumir, aunque un día puedas tomar un poquito, cuando le das rienda suelta, no puedes parar? No. Pues tienes un problema de adicción. Hay muchos más detalles, pero esos tres puntos son los que considero más importantes
- Es fuerte lo de tener que decir adiós a la música.
- El hecho de que yo deje la música es porque a mí me ha llevado el consumo durante toda mi vida. Desde los 16 años lo que había en el camerino era una botella de ron esperándome. Y al terminar y bajar del escenario era cocaína y lujuria. Si yo tengo tan arraigada esa conducta y esas tres sustancias están en mi vida relacionadas con la música, todo ello supone un peligro enorme. Y yo no me quiero poner en peligro más porque tengo un niño de 12 años, tengo una familia, tengo una pareja con la que soy feliz, me quiero, tengo una vida buena... He estado a punto de morir muchas veces y no quiero volver a pasar por ahí. Si ya de por sí es complicado el día a día -porque yo tengo días malos, como todo el mundo, malestar, estrés, ansiedad, presión, rumiación mental- y tengo una serie de patrones que me pueden llevar a tomar malas decisiones -como la normalización del alcohol en la sociedad de la que hablábamos- imagínate lo que es subir a un escenario con todo lo que conlleva: El antes, el después, el durante, la comparativa, los números, si habrá gente o si no, el viaje, pagarle a tu gente, hacer canciones... Es una locura. La gente no entiende la presión a la que está sometido un artista. Si un artista no tiene problemas de adicción, puede sobrellevar su trabajo de puta madre, pero si los tiene, el consumo en el mundo del artisteo está mucho más normalizado y arraigado.


























