Veintañera, es una actriz nueva. Va pariendo una filmografía. Dejó Química a medias y fue una estrella local del fútbol sala

La actriz Leire Aguiar protagoniza 'Pioneras: solo querían jugar'
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Veintañera, es una actriz nueva. Va pariendo una filmografía. Dejó Química a medias y fue una estrella local del fútbol sala. Protagoniza 'Pioneras: solo querían jugar', la película que recupera a las primeras futboleras. Un hito de los 70
- ¿Qué hacía antes de ser actriz?
- Estudiaba Química en Zaragoza. Estudié como tres años y no sé hasta qué cursó me saqué. Me gustaba un montón y me daba pudor o vergüenza decir que quería ser actriz. Da un poco de vértigo decirlo. Nada, al final decidí dejarlo todo y venirme a Madrid a ser actriz. Me había gustado mucho el cine. Mi hermano es supercinéfilo. Me viene todo de ahí. Decidí hacer Química en segundo de bachillerato. La ciencia me satisfacía mucho mentalmente.
- ¿Por qué lo deja?
- En la pandemia fue mi primer año de carrera. Empecé a tener pensamientos sobre si estaba desperdiciando mi juventud. A veces me abrumaba, me daba mucha ansiedad porque no me estaba arriesgando a hacer lo que quería en la vida por las expectactivas que tenía la gente puestas en mí. Ser artista en una provincia es más complicado.
- ¿A cuántos 'nepobabies' ha dejado atrás?
- ¿Sabes qué pienso? Cada uno tiene su historia. Cada uno tiene su mochila. A mí nadie me conoce. Otros tienen que demostrar y superar su apellido. Yo no tenía expectativas ni condicionantes como actriz. Hay algo de libertad en hacer tu propio camino. Tener a alguien en la industria se agradece, claro, pero aunque yo haya empezado dos kilómetros por detrás la meta es la misma. Las vivencias que he tenido gracias a venir de donde vengo me hade hecho tener cosas que contar que muchos otros no tienen. Me ha servido para nutrirme.
- ¿Ha superado el trauma de Madrid?
- Era mi sueño vivir aquí. Cuando vine estaba... Encajo de una manera exagerada. Todavía no me ubico ni entiendo las distancias. Conforme más vida hago aquí, más difícil es volverme a casa, ese trauma lo estoy empezando a ver ahora: quiero estar con mis amigas en Zaragoza y no puedo ir. El trauma me viene ahora. He tenido la suerte de tener un entorno muy guay, con mucho apoyo, y estoy contenta.
- ¿Qué recuerdos tiene de jugar al fútbol?
- Jugaba al fútbol sala. Era tan competitiva que jugaba de todo. En un equipo femenino ganabámos todos. He llegado a jugar hasta de portera. He sido Ala. Pivot. Defensa. Era tan competitiva que lo que hiciera falta. La final de Aragón. Había rivalidad. Estaba leno el pabellón. Salimos en el periódico y todo. Empezaba a hacer mucho calor. Íbamos muy igualadas. Me acuerdo de echar a correr, corrí, corrí y corrí. Estaba la portera, de portero jugador, le quité el balón, eché a correr y metí gol. Tenía 12 años. Me cogió de la camiseta. Me caí. Veía el balón ir a portería. Luego miré a la grada. 'He metido gol'.
- ¿Qué aprendió de los hombres jugando al fútbol con ellos?
- Se toman las cosas de una manera más simple. Yo salía de los partidos enfadada. No sé cómo se podían reír después de que nos hubieran metido 20 goles. También me preguntaba por qué me podía afectar tanto a mí. Fue un aprendizaje mutuo. Me gustaba cuando me acogían. Se llegó a un momento de igualdad muy heavy. Yo era la chica que jugaba al fútbol, pero no éramos diferentes. Oía comentarios del tipo 'vamos a ganar, tienen una chica en el equipo'. Luego me decían 'muy bien para ser una chica'. Jo. Oírlo no te gustaba.Con los chicos de mi equipo me llevé muy bien, con mi hermano y sus amigos jugué un montón.
"Cuando juegas al fútbol se te considera mujer y no persona"
- ¿Cuál es la gesta de ser mujer y jugar al fútbol?
- No sé. El sentimiento de soledad de pensar que eres la única mujer que estás haciéndolo. Se te concibe antes como una mujer que como una persona. De pequeña pensaba 'solo soy una persona que estoy jugando'. Es un mundo tan de hombres, hay mucha lucha. Llenan estadios como si fuesen coliseos romanos, parecen gladiadores. También hay turbidez ranciedad asociada; también hay mucha masculinidad frágil. Me parece una hazaña. Cuando leía el guión, y habla de los años 70, sentía que lo había vivido. Todas hemos pensado que hacíamos algo raro. Hace poco escuché la frase que a las mujeres no se nos permite la mediocridad. O somos buenísimas o malísimas. Y si somos buenísimas se nos va a cuestionar.
- ¿Marimacho es un piropo?
- Sí. Cuando de pequeña me llamaban marimacho tampoco lo entendía. Los insultos son insultos si te ofenden. Si te abanderas de marimacho, pues no pasa nada. Le quitas la carga. Podría ser un piropo. Me encantaría que lo fuese.
- ¿Cuántos balonazos esquivó en el recreo?
- Muchos. Probablemente muchos de los otros balonazos sean míos. Ahora se habla del porcentaje de recreo que ocupa el campo de fútbol. Un 80% o así. Mis amigas me decían que no jugaba con ellas, pero es que me aburría y prefería el fútbol. Fue una suerte estar en ese 80%. Me acuerdo de cuando los chicos estaban más desarrollados y yo no, me empujaban y me iba al suelo. Balonazos me he comido unos cuantos.
- ¿A cuántas inseguridades equivale el machismo?
- A casi todas.
- ¿Cuál es su gol de pachanga favorito?
- Iba con mi hermano al parque con la equipación del Liverpool. Mi hermano era portero. Jugaba con él y sus sus amigos, que son tres años más mayores, ahí me hice más competitiva, más buena, yo creo. Una tarde nos teníamos que ir porque oscurecía y dijimos "¡gol de oro!". No sé qué hice, que metí el último gol. Me levantaron todos los amigos de mi hermano. Llegamos a casa y mi hermano y yo seguíamos pensando en el gol. Fue muy guay.
- ¿Por qué acabó quemada de jugar al fútbol?
- La presión de los clubes. Hay gente que quiere lo mejor para ti porque te ven un futuro deportivo. Estaba muy vinculada a mis amigas, estudiando, haciendo planes, y el compromiso que podría tener en un club no me daba. Llegué a un momento en el que dije 'no quiero ser futbolista'. Lo hago porque me gusta un montón. Gracias a la película, de corazón te lo digo, he hecho las paces con el fútbol. En mi último año de la universidad jugaba y disfruté. Rescato mucho el hecho de jugar. Acabé quemada porque te pillan más pequeño equis cosas y quieres compaginar estudios con entrenar y, en realidad, no te puedes perder ningún entrenamiento, pero hay que sacar buenas. Compaginarlo se me hacía complicado. Las notas eran lo primero en ese momento.
- ¿Cuál es el mejor servicio que puede hacer una mujer por su país?
- El mejor servicio que puede hacer por una misma, y luego ya veremos si por su país, es ser lo más libre que pueda. Me parece la raíz de tantas cosas. Buscar la libertad propia. Y luego la tuya con tu país o con la sociedad. Intentar ser lo más libre que pueda con lo que una tenga. Como mujer y persona.
- ¿Cómo entiende la libertad?
- Tengo mucho conflicto. Hay que estar muy leída para responderlo bien. ¿Dónde está el limite entre libertad y libertinaje? Para mí la libertad tiene que ver mucho con estar en paz con una misma y las cosas que hace. Serte fiel a ti misma y hacer las cosas que quieres para ti sin tampoco fastidiar y entrar en los límites de los demás.
"Soy poco tolerante con la corrupción. Me hace sentir estúpida"
- ¿Quién sería para usted el nobel de los Idiotas?
- Se me ocurren muchos. Ya me jodería darle un premio a alguien por idiota. Toda esta gentuza rollo Donald Trump... Darle un nobel a esta gente es como raro. No quiero darle ni medio premio. Es que competirían entre ellos. No se darían cuenta de que ganarlo es una putada. Se lo daría a alguien que se lo tomara con humor.
- ¿Cuál es su insulto favorito?
- Un buen gilipollas viene muy bien. Pero voy a destacar modorro, que se dice mucho en mi tierra. Zancarrón. Todos los insultos de las comunidades autónomas están muy bien.
- Un olor de infancia.
- Las ceras Marley.
- ¿Qué libro tiraría a la piscina?
- El libro que tiraría a la piscina, y me habría gustado hacerlo todos los veranos, es el típico cuadernos de vacaciones. ¿Crees que quiero hacer una cuenta en verano? Me habría encantado mandarlos a la piscina.
- ¿Cuánta corrupción tolera?
- Soy bastante poco tolerante a la corrupción. Me decepciona y me enfada muchísimo. Me hace preguntarme por las vocaciones. ¿Dónde está el querer algo bueno por la ciudadanía? Te debería llenar, como político, más que cualquier saco de dinero. Está muy bien la ambición, pero la avaricia que rompe el saco me genera mucho malestar, conflicto y me hace sentir estúpida.

























