Es desde hace ya dos décadas una de las caras de La Sexta, aunque antes también lo fue del Telediario de TVE. Publica 'Las rutas del silencio', una novela ambientada en la España y el Biarritz de la posguerra

La periodista Helena Resano, en Madrid.MUNDO
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- Es paradójico que su novela se titule 'Las rutas del silencio', cuando el silencio es una de las cosas que peor llevamos los periodistas.
- Y cuando yo además viajo siempre gritando, cantando y sin parar de hablar. No viajo callada, la verdad.
- Guardaba esta pregunta para el final, pero ya que lo menciona: ¿es una despedida de soltera lo diametralmente opuesto a una ruta del silencio?
- Bueno, igual después de una despedida de soltero hay que hacer una ruta del silencio de volver y de callarte lo que no tienes que contar.
- Lleva 20 años en La Sexta. ¿Cómo puede pasar así de rápido el tiempo?
- Es que en esta profesión nos pasa cuando echas la mirada hacia atrás: han pasado 13 años de la operación Kitchen, hace 20 años de tal historia o tal noticia. Dices: "No puede ser, se me ha pasado el tiempo volando". Y esto nos pasa a los periodistas, pero en la vida en general también. La vida hay que saber pausarla y saborearla en cada minuto para que no te pase esto y no pienses que se te han pasado 20 años sin darte cuenta.
- ¿Cómo ha cambiado todo? Creo que uno de los datos que mejor define lo distinto que es el mundo es que el primer iPhone no nació hasta mediados de 2007. O que fue el año en el que nació Twitter.
- Ha cambiado todo. En las novelas no ha cambiado nada, ¿no? El placer de leer sigue siendo el mismo, evadirte de la realidad y hacer un viaje en una historia que te propone un autor. En esto no ha cambiado. En la tele y en la forma de contar los informativos sí, desde luego.
- ¿Si va bien la novela dejaría los informativos?
- No, lo uno va con lo otro. Esto ha sido un regalo en un momento vital, que además fue un empeño de Miriam Galaz [editora de Planeta - Espasa]. Me lo propuso en 2014, pero entonces no me vi preparada. Y en octubre del 2024 volvió. Esta vez quizás llegó en el momento adecuado, porque había una historia esperando que tenía ahí sin saberlo. Era el momento en el que todos tus miedos o todos tus complejos han desaparecido ya. Te da igual gustar más o gustar menos, convencer más o convencer menos. Ahora tengo todo el miedo o el abismo de que esta historia guste a la gente y que digan: "Oye, pues me ha entretenido durante unos días, me ha dispersado de todo lo que me preocupaba". Porque eso es lo que buscamos en los libros. Y: "No escribe mal". Con eso me conformo.
"Nadie se declara machista ni racista, pero todos tenemos comportamientos heredados y vamos aprendiendo"
- La sinopsis de su libro dice "La guerra [civil] ha pasado, pero sus consecuencias aún pesan". ¿Es aplicable hoy?
- Totalmente. Seguimos pagando las consecuencias de aquellas dos guerras. Y de la que estamos viviendo ahora.
- Cuando habla de la guerra y de su padre, Amalia, su protagonista dice que "fue un antes y un después para todos, pero especialmente para los que se quedaron. Podrían llamarlos, como quisieran, aunque, desde luego, lo que no se sentían era ganadores. ¿Qué es lo que habían ganado? ¿A quién habían ganado? Su única victoria, al menos así la sentía Luis, era seguir vivos".
- Es que creo que una guerra civil no se puede definir de otra forma. Ya no solo la que vivimos en este país. La guerra de Gaza, también: no sé quién se puede proclamar vencedor de haber destruido a un pueblo y de haber arrasado una población. Y lo mismo con la guerra de Irán. En las guerras no creo que nadie con un poco de sensatez se pueda permitir alzarse como vencedor. ¿Vencedor sobre qué?
- Amalia sufre la violencia machista. Hace poco recibió mucho odio por denunciar esto mismo. ¿Cómo se puede posicionar alguien en contra de este tipo de denuncias?
- Pues esa es la gran paradoja, no lo sé. Hoy todavía he recibido un mensaje preguntando si de algo también voy a culpar a los hombres. Es que no es cuestión de culpar. En esta vida todos los problemas empiezan porque siempre queremos tener la razón y culpar a alguien de lo que nos pasa. En esto hay un problema enorme en el que tenemos que saber cómo lo vamos a solucionar entre todos. A lo que invitaba era a una reflexión.
- Amalia, además, se culpa a sí misma por recibir esta violencia.
- En la novela vives mucho de lo que tú has vivido como periodista y las mujeres víctimas de violencia machista viven durante un tiempo en la negación, ellas se autoculpan de haberla recibido y muchas veces repiten patrones en las parejas porque sienten que merecen esa violencia o esa humillación porque el hombre que las agrede les hace sentirse así. Y Amalia cumple ese patrón. Con respecto a la denuncia que hicimos desde Sexta noticias aquello me reafirma en que tenemos que seguir haciendo la pregunta. Nadie en esta vida se declara machista, nadie nos declaramos racistas, pero todos tenemos comportamientos heredados, adquiridos culturalmente, de los que nos vamos desprendiendo. Si hacemos un repaso de cómo contábamos hace 20 años o cómo se contaban hace 30 años este tipo de cosas, vamos aprendiendo. Si es que de eso se trata la vida: de seguir aprendiendo y de no cometer los errores de antes.
"El periodismo es el eterno peleón que intenta subsistir a pesar de tenerlo todo en contra"
- También menciona un fallecimiento en el entorno de la protagonista, que tiene que ponerse a trabajar rápidamente. ¿Cómo ve la idea de aumentar el permiso por fallecimiento de familiares?
- Lo veo necesario, porque cuando se te muere alguien muy cercano tres días no son nada. Y ya no te digo si tú vives fuera de la ciudad donde vive ese familiar, que en mi caso me pasó con mi padre. Necesitas días para para asimilarlo, para aprender a vivir en la ausencia y para volver a retomar tu vida. Y cuando lo haces sientes incluso un poco de traición por retomar la vida, porque esa persona ya no está, y creo que hay que ser comprensivos con los tiempos de cada uno. No todo el mundo necesita un mes, pero igual tres días son insuficientes para todos.
- ¿Cómo ve el periodismo?
- [Ríe] Dímelo tú.
- Deje, deje.
- Pues es el eterno peleón que intenta subsistir a pesar de tenerlo todo en contra. A pesar de que cada vez estemos peor pagados, a pesar de que las redacciones cada vez estén más mermadas, a pesar de que seamos capaces de prescindir de talento por una cuenta de resultados, a pesar de las fake news, a pesar de la inteligencia artificial, a pesar, a pesar, a pesar... pues ahí estamos. Peleando.
- ¿Qué noticia le gustaría dar?
- Me tengo que morder la lengua [Ríe].
- ¿Por qué nos gustan tanto las historias de amor?
- Porque el amor lo mueve todo. Y no solo el amor romántico: el amor de tus amigos, de tu mascota, de tus hijos, de cuando encuentras un buen compañero de trabajo. Y luego está el amor romántico, que cuando se encuentra te hace volar. Cuando encuentras el buen amor, el buen querer, te hace ser lo que tú quieras. Cuando tienes alrededor a alguien que te anima a cumplir sueños y a explorar cosas es un regalo; tener un compañero de viaje así es un regalo.
- Siento que me está utilizando para decirle cosas bonitas a su pareja.
- No, no [Ríe]. Se lo digo muchas veces. Tengo una inmensa suerte, porque he conseguido tener un compañero de vida que a día de hoy me sigue haciendo reír, me sigue apeteciendo hacer cosas con él. Y en este momento en el que estamos los dos, que los hijos han volado y nos hemos quedado otra vez en una etapa de novios, de reencontrarnos, lo reconocemos y nos buscamos, porque nos gusta hacer planes y nos lo pasamos muy bien.
- "El silencio puede ser un refugio o una condena". ¿Cuándo se ha tenido que callar para que no la condenen?
- Pues ahora mismo contigo [Ríe].
- Habla de ética en los negocios, de no perder principios. ¿Esto todavía existe o pertenece al siglo pasado?
- Yo hago muchas formaciones de comunicación interna y externa para empresas y les repito mucho que el propósito en los negocios lo marca todo. Lo marca para alinear a los tuyos en el objetivo empresarial que te quieres marcar y también, cada vez más, en cómo te proyectas como empresa y como negocio. Y cómo es la cultura de esa empresa, cómo se trabaja o qué es lo que busca es cada vez más valorado por el consumidor. Yo lo veo así y creo que no es algo del pasado, sino que cada vez es más del presente.
- Hace no mucho tuvo un susto con la salud y ha dicho varias veces que fue una llamada de atención de su propio cuerpo. ¿Nos cuesta parar a los periodistas?
- Eres buen periodista, porque me vas a hacer decir algo que no quiero decir. O sea, yo estoy en un momento en el que me gustaría decirme a mí misma que voy a aprender de lo que pasó hace dos años y que me voy a tomar las cosas con más calma. Y luego me veo disfrutando otra vez de un ritmo frenético. No disfrutando de que el ritmo sea frenético, sino disfrutando de hacer muchas cosas. Y sigo metiéndome en demasiados berenjenales. El otro día mi compañero de vida me decía: "Te veo en naranja y estás a punto de llegar al rojo otra vez, para". Pero es verdad que me gusta lo que hago y disfruto con lo que hago. A día de hoy pienso que el ritmo que llevaba hace 10 años no lo podría mantener ahora mismo: el levantarte a las 03.00, hacer una cobertura desde la otra punta del mundo, acostarte habiendo dormido tres horas... Hay veces que digo: "Eso ya no lo voy a poder hacer". Pero disfrutaría otra vez haciéndolo.





















