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La aventura filosófica del ping-pong: "Es adictivo, hay un consuelo casi meditativo en dar una y otra vez el mismo golpe"
El Mundo
Rodrigo Terrasa · 2026-06-15 · via Papel

A finales de 2021 comenzaron las emisiones en nuestro país de 7NN, una cadena de televisión ultraconservadora vinculada a la Fundación Francisco Franco que pretendía convertirse en la Fox española. Ya adelantamos que no lo consiguió. Sólo año y medio después de su estreno, el canal echó el cierre con unas pérdidas insostenibles. Pero esa es otra historia...

El caso es que unos meses antes de su presentación, durante el verano de aquel año, los responsables de la cadena entrevistaron a varios aspirantes a convertirse en sus reporteros estrella. La mayoría de los candidatos eran jóvenes que buscaban su primera oportunidad delante de las cámaras, así que a todos ellos les preguntaban dónde vivían, si tenían carné de conducir o cómo se movían por la ciudad, teniendo en cuenta, sobre todo, que los medios de 7NN eran escasos y sus platós estaban en Boadilla del Monte, a más de 20 kilómetros de Madrid capital.

«Casi todos te contaban que habían llegado en coche, en tren, en Cercanías...», cuenta hoy el periodista Gonzalo Altozano, uno de los fundadores de la cadena. «Pero recuerdo que uno de ellos nos respondió de una manera diferente. ¿Cómo has venido tú?, le preguntamos. Y él respondió: ¿Yo? Yo he venido en Falcon... Ahí me ganó. El chaval era un fenómeno. Tenía una seguridad y un morro... Por supuesto, le contratamos».

El candidato en cuestión tenía apenas 20 años, era de Elche, de padre italiano. Se llamaba Vito Zoppellari Quiles.

Han pasado cinco años desde aquella escena y ese chaval -que, por cierto, no tardó ni dos meses en ser despedido-, es hoy un fenómeno político y mediático sin precedentes en nuestro país. Vito Quiles tiene cerca de 1,5 millones de seguidores en Instagram, otros 800.000 en TikTok, más de medio millón en X, 153.000 suscriptores en Telegram y decenas de miles de visualizaciones en YouTube. Acumula también demandas y querellas por acoso, agresiones, injurias y calumnias (la mayor parte de ellas archivadas en los tribunales) y una ristra de bulos y mentiras que no escapan ni a tragedias como la Dana de Valencia o el accidente de tren de Adamuz. Ha publicado mensajes racistas, xenófobos y machistas. Ha protagonizado enfrentamientos con cargos públicos y periodistas. Ha difundido datos privados y hasta las direcciones de sus domicilios. Y el mes pasado, tras la apertura de hasta ocho expedientes, fue sancionado por la Mesa del Congreso de los Diputados, que le ha prohibido de forma cautelar la entrada por un periodo de tres meses tras infringir casi todas las normas de la Cámara.

Agitador, provocador, influencer político, activista y presunto periodista. Para las nuevas generaciones de derechas y, sobre todo, para los jóvenes de ultraderecha, Vito Quiles se ha convertido en un referente, casi un ídolo en las redes sociales. Para la izquierda, en un ser profundamente detestable. Un acosador, un delincuente, un nazi, un fascista. Un «saco de mierda», dijo de él el ministro de Transportes, Óscar Puente. «Si alguien de izquierdas hiciera lo que hace Vito Quiles, estaría pudriéndose en la cárcel», aseguró el ex vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias después de un altercado del autodeclarado reportero con Begoña Gómez que terminó con cientos de memes y una denuncia de la esposa del presidente del Gobierno por acoso y agresión, rechazada un mes después por un juzgado de Majadahonda.

Con sólo 25 años, Quiles es una presencia constante en la actualidad española, una tendencia irremediable en la red. Un síntoma inquietante de la polarización más salvaje. Un personaje difícilmente catalogable.

«Soy un periodista único», presume él al otro lado del teléfono.

Vito Quiles atiende a EL MUNDO minutos antes de colgar en X un vídeo de apenas 30 segundos en el que se ve placado por los escoltas de Francina Armengol en plena calle mientras bracea tratando de preguntar a la presidenta del Congreso por «la cloaca del PSOE». Ella ni se inmuta.

¿Cuál es la idea de periodismo de Vito Quiles?
A ver, yo no concibo el periodismo como una profesión en la que solo hay una línea de pensamiento, de actuación y de proceder. No sólo hay un periodismo válido. Hay periodismo de interpretación, de información, de reportajes, periodismo crítico... Yo hago, digamos, una simbiosis entre información y mucha interpretación y valoración subjetiva. Pero eso también es periodismo. ¿O analizar, interpretar y opinar no lo es?
Perseguir a alguien por la calle o acosarle no es exactamente lo mismo que opinar o analizar.
A mí me llaman agitador simplemente por el hecho de haber creado un estilo de periodismo disruptivo al que no estaba acostumbrada nuestra sociedad. Durante muchos años se ha visto sólo en un lado, pero ahora se han vuelto las tornas. Parece que soy un tipo peligroso, pero hago lo mismo que hacían otros en el pasado, pero contra otras personas y con otras ideas.
¿No se considera usted un peligro público?
Para nada. Solo soy un joven con un micrófono. No entiendo qué miedo tienen algunas personas a que yo me acerque a ellas o a que haga mi trabajo como yo lo entiendo. Yo no perjudico la integridad de nadie. A mí la Policía me saca a puñetazos de los sitios o me increpan y me cogen del cuello como si fuera un terrorista islamista, pero mi única arma es el micrófono.
Si es periodista, ¿por qué no lo utiliza también con la derecha?
Coño, porque ya hay 257 medios de comunicación haciéndolo cada día. Y porque yo también pregunto en base a mi criterio ideológico y a mis principios.

Cuando 7NN le fichó hace casi cinco años, Vito Quiles ya había empezado a llamar la atención detrás del micrófono por sus apariciones en Estado de Alarma (EDATV), el canal de YouTube que fundó el periodista Javier Negre durante la pandemia del coronavirus, semanas antes de ser despedido del periódico EL MUNDO.

"Está de moda acosar y putear a los demás, sobre todo si es político. Tiene algo morboso. Es como un accidente de tráfico: aunque no te guste, no puedes evitar verlo"

Gabriel Rufián, diputado de ERC

«Ahí Vito ya montaba sus pifostios y a nosotros nos gustó porque parecía un tío muy aguerrido», admite Gonzalo Altozano. «No queríamos un agitador, queríamos hacer una tele facha pero seria, y queríamos a un tipo con los cojones de Vito Quiles, que fuera capaz de meterse en sitios de alta tensión. No nos interesaba su producto, pero sí nos interesaba él. Y pensamos que podríamos formarle, enseñarle y sacar petróleo de sus condiciones. Fue imposible... Vito pretendía seguir haciendo lo mismo que hacía en Estado de Alarma. A él le genera tensión estar en la redacción picando teletipos o editando un vídeo, se aburre. Quiere estar en la calle, en la guerra. Porque en escenarios donde cualquier otro pasaría miedo, él respira a pleno pulmón».

Vito asegura que no le despidieron en 7NN, aunque en su relato es imposible saber qué es verdad y qué no lo es: «Me fui yo porque estaba cansado y no me gustaba el proyecto», explica. «Me estaban mandando a cubrir belenes de Navidad y esa no era mi vocación. Además era una televisión muy informativa, muy normal, con contenidos muy plurales. Y yo quería algo más de mi nicho, más combativo e ideológico. Al poco tiempo de irme yo, se acabó el proyecto. Quebró».

Semanas después de su paso por 7NN, Quiles regresó al canal en el que se había estrenado en 2020. El propio Javier Negre contó hace un año en una entrevista con el youtuber Wall Street Wolverine que lo había conocido durante un acto de Vox en Vallecas al que Negre acudió como periodista de su empresa. En la puerta le impidieron el acceso, porque ya había otro reportero de EDATV acreditado dentro. Su nombre: Vito Quiles. «Entro y me encuentro a un guasón, un guaperas superbien vestido», recuerda Negre. Asegura que no lo conocía de nada. Vito cursaba entonces segundo de Periodismo en la Complutense, su muro de Facebook estaba lleno de selfis con figuras de la prensa deportiva y ya había tenido un cameo en El chiringuito durante una conexión del periodista Edu Aguirre en las inmediaciones del Santiago Bernabéu.

«Yo quería ser periodista deportivo, sí, pero vine a Madrid y, a raíz de la pandemia del Covid, mi percepción sobre el mundo cambió», cuenta Quiles. «Entendí que el periodismo político era más útil y más realista».

Aquel día en el acto de Vox, Quiles le pidió a Negre una oportunidad en su plataforma de YouTube. «Pensé: este tío es un sinvergüenza, pero me mola...», admitía el fundador de EDATV en esa entrevista. «Creí que Vito podría generar una nueva generación de chicos que quisieran ser como él».

Javier Negre confesaba a Wall Street Wolverine que había copiado su estilo de «periodismo incómodo» -así lo llama él- de formatos como Caiga Quien Caiga o figuras como Jordi Évole. «Yo veía que la izquierda lo hacía muy bien y que en la derecha no había nada parecido», dice. «Nosotros demostramos con personajes como el mío o como el de Vito que lo nuestro también se podía viralizar».

El episodio de Vallecas explica bien uno de los rasgos fundamentales del personaje. «Es un jeta... en el mejor sentido de la palabra», resume Altozano.

Vito Quiles culebrea por el escenario político como una suerte de Pequeño Nicolás del periodismo. Una versión zafia de Frank Abagnale Jr., aquel impostor al que Spielberg retrató en la película Atrápame si puedes y que antes de cumplir los 19 se había forrado falsificando cheques y haciéndose pasar por piloto, por médico y por abogado. El guión de la peli de Vito Quiles, al menos el que relata su entorno y utilizan sus detractores, dice que nunca llegó a acabar la carrera (él asegura que no es cierto), que vivió un tiempo de okupa y pasó épocas durmiendo en casa de Negre y en los sofás de sus fans repartidos por todo el país, que engañaba a sus jefes en los viajes de trabajo y después pasaba facturas millonarias. Que viaja en tren sacando billetes sólo para parte del recorrido y se cuela en las salas vip sin permiso. Hace unas semanas, Renfe le denunció por un presunto delito de estafa.

«Él va de granujilla, de pícaro, pero siempre ha admitido que su único objetivo es ser famoso», cuenta el periodista Josué Cárdenas, que coincidió con Quiles tanto en el canal de Negre como en 7NN.

«No era mi principal objetivo, pero es cierto que no me incomoda la situación», reconoce Quiles. «No llevo mal que me paren por la calle. Pero si sólo quisiera ser famoso, no habría estudiado una carrera. Habría abierto un canal de YouTube y empezado a liarla».

Fundamentalmente es lo que hizo. Sobre todo, la parte de liarla.

"Si ve que el portavoz no contesta, se indigna o le llama 'nazi', se frota las manos, se abre un botón más de la camisa y se pira a viralizar el vídeo"

Josué Cárdenas, periodista y autor de 'Dentro de la fachosfera'

En su libro Dentro de la fachosfera (SND Editores), Cárdenas explica la dinámica de Vito en su puesto de trabajo. «En el tiempo que estuvo en EDATV pudo ser despedido unas 50 veces y readmitido por Negre a las pocas horas. 50 veces sin exagerar». Por llegar tarde a un acto, por quedarse dormido y perder el avión en un viaje de trabajo, por equivocarse de lugar o subir un vídeo a su cuenta particular antes de subirlo el propio medio, por inventarse una noticia o criticar a la dirección del medio en un tuit, por ligar con varias becarias al día siguiente de entrar en la empresa, por utilizar las oficinas para su ocio personal o estar de fiesta horas antes de un evento, por escoger el Parador más caro cuando se le mandaba de corresponsal a alguna ciudad o hablar en un directo de la chica que se había ligado la noche anterior...

«Nunca ha sido un currante», sentencia otro de los periodistas que compartió espacio con él. «Lo que le gusta es la fiesta y entiende lo que hace por el día en el Congreso o detrás de un político como una extensión de lo que hace por la noche en la discoteca Kapital. Todo para él es un divertimento».

«Así es Vito Quiles en su trabajo», comparte Cárdenas. «Un desastre absoluto, que a base de seguir a mucha gente y buscar la aceptación de Twitter se ha creado un personaje que en un ambiente laboral nadie aguanta».

-¿Por qué se le aguantaba entonces?

-Él siempre dice: 'Quiero que me quiera más la gente que mi jefe'. Y juega con eso. Cada vez que le despedían contaba en sus redes sociales que había acabado su relación con Estado de Alarma y todos sus seguidores se movilizaban para que le readmitieran. Y otra vez vuelta a empezar.

A partir del año 2022, Vito Quiles empezó a acudir regularmente al Congreso de los Diputados acreditado por EDATV. Se había presentado allí por primera vez en septiembre de 2021: «Feliz por mi estreno hoy en el Congreso», anunció en sus redes sociales. «Un paso más para seguir dando la batalla cultural también desde las instituciones y preguntarle a los políticos lo que millones de españoles piensan y el resto de periodistas no se atreven a decir». En 2023, su nombre ya aparece recurrentemente en los medios y corre como la pólvora por internet por sus enfrentamientos con los portavoces de PSOE, Sumar, Podemos y los grupos independentistas. «A ti no te voy a contestar nunca. No voy a respetar a un racista», le suelta un día Patxi López horas después de un mensaje de Quiles en X en el que considera una «broma de mal gusto» que la Selección española de fútbol tenga a jugadores como Lamine Yamal o Nico Williams. Vito Quiles sube a sus redes el vídeo con la réplica del portavoz socialista y recibe 16.000 likes, más de 6.000 retuits y cerca de 5.000 comentarios. El número de sus seguidores no deja de crecer.

La estrategia de Quiles en el Congreso siempre es la misma. «Aparece en la sala de prensa, con su porte habitual: engominado, 20 botones desabrochados de la camisa, pecho al descubierto y vestimenta de El Capote. Sin portátil, sin cuaderno para apuntar, sin nada en la mesa, más que su móvil donde se preparaba para cortar el vídeo viral y subirlo», cuenta Josué Cárdenas. «Escoge a los diputados que sabe que le van a dar juego. En cuanto el portavoz pasa al tiempo de preguntas, Vito espera un par de turnos, a ver a quién dan permiso para preguntar y, como vea que a él no le dan la palabra, pisa la pregunta de quien sea, interrumpe a quien sea, se salta cualquier tipo de protocolo o cortesía propia de la sala de prensa del Congreso, suelta la pregunta que en ese momento le venga bien, comprueba cómo le responden y si ve que el portavoz no contesta, se indigna o le llama 'nazi', se frota las manos, pilla la chupa o se abre un botón más de la camisa y se pira a viralizar el vídeo».

"Tiene una enorme capacidad para capturar la atención y despertar controversias. Vive del casito, está en campaña constante de autopromoción"

Lucía Caro-Castaño, profesora de Comunicación

Vito Quiles, al igual que el también agitador Bertrand Ndongo, ha sido denunciado en numerosas ocasiones por la Asociación de Periodistas Parlamentarios y por PSOE, Sumar y Podemos por grabar sin autorización con su teléfono móvil en distintas dependencias del Congreso. Lo ha hecho incluso desde despachos de miembros de la Cámara o en zonas reservadas a los diputados. También por interrumpir las ruedas de prensa de los portavoces.

«Él entra acreditado como periodista, pero no respeta los turnos de palabra, no respeta las normas del juego y genera situaciones violentas y de tensión cada día», explica María Llapart, corresponsal parlamentaria de laSexta. «Graba en sitios donde yo no puedo grabar y difunde material al que el resto de periodistas no tenemos acceso porque respetamos las reglas. Es muy difícil convivir con un supuesto compañero que, además, te está señalando, insultando y amenazando en redes sociales por el simple hecho de no pensar como él».

El 26 de febrero de 2025 unos 80 periodistas que trabajan en el Congreso se concentraron en la puerta del palacio de la Carrera de San Jerónimo bajo el lema Señalar no es periodismo para denunciar el comportamiento de los «agitadores ultras» dentro de las Cortes. El pasado 26 de mayo, el Congreso le retiró finalmente a Vito Quiles la acreditación por un plazo de tres meses. Él tuiteó: «Vamos que vuelvo en septiembre, como en el colegio. De lujo». Otros 25.000 likes.

«Intentar discutir con él es como querer jugar al ajedrez con una paloma, siempre vas a perder porque, antes o después, la paloma se va a cagar en el tablero y se marchará pensando que te ha ganado», explica Gabriel Rufián, portavoz de ERC y una de las víctimas predilectas de Vito Quiles. Fuera del hemiciclo, el agitador asalta micrófono en mano a políticos y periodistas. Siempre de izquierdas. Ha provocado, grabado, editado y difundido enfrentamientos con el presidente del Gobierno y su esposa, con el ministro Óscar Puente, con Patxi López, José Luis Ábalos, Pablo Iglesias, Irene Montero, Ione Belarra, Yolanda Díaz, Antonio Maestre, Javier Ruiz, Silvia Intxaurrondo, Xabier Fortes... Hasta con David Broncano. Pero ninguno ha conectado (o lo que sea) con Vito Quiles como Gabriel Rufián.

"Me han llamado delincuente, inmigrante, maltratador... Pero luego les contestas y lloran. Como dice mi amigo Javier Milei, esta batalla no es para tibios"

Vito Quiles

«Yo siempre mantengo el mismo tono con todos, una mezcla de tono irónico, sátiro, incisivo, pero hay políticos que no lo aceptan y son ellos los que generan la tensión», se defiende Quiles. «Son ellos los que lanzan el micrófono, me empujan, me agreden e incentivan la violencia. Cuando alguien mantiene la calma y me contesta como hace Rufián no pasa absolutamente nada, porque la violencia no la llevo yo ni mi forma de ejercer el periodismo. La violencia está en la reacción de mis entrevistados».

¿Y usted no persigue esa reacción? Porque ése es el contenido que a usted le funciona y del que vive.
Puede ser. Pero yo no lo busco. Yo prefiero encontrar respuestas, pero como encuentro reacciones, pues nada... Que una pregunta mía suscite reacciones entre los entrevistados me parece una muy buena noticia. ¿Que un vídeo en el que me tiran un micrófono tiene más visitas? Sí, pero yo no busco eso. Yo no le pido al político que me lo tire. Pero si lo hace, pues él sabrá...
¿Y usted encantado?
Ni encantado ni no encantado. De hecho, no tan encantado porque no gano para micrófonos.

Las respuestas de Gabriel Rufián a Vito Quiles, entre el vacile y un compadreo que critican otros dirigentes de izquierdas, han convertido sus encuentros por la Carrera de San Jerónimo en una sitcom recurrente que los jóvenes devoran en TikTok e Instagram como si fueran palomitas. «Vito Quiles es un tiburón que mientras no sangres puede merodear a tu lado sin morderte, pero a la que sangres un poco te va a matar», admite el diputado catalán. «Con estos propagandistas hay que hacer lo que decía la Pantoja: 'Dientes, dientes' y que no se note que te pueden dañar. Lo que he aprendido en mi vida es que cuando tratas con fachas lo que más les jode es la ironía y el sarcasmo. Y, además, yo soy consciente de que a mí mucha gente, mucha, mucha, sobre todo mucha gente joven, me conoce por sus vídeos. Así que, ya que el contenido se va a hacer quiera yo o no, intento aprovecharlo para hacer llegar mi mensaje a esa gente».

Rufián, como tantos otros políticos, puede tropezar con Vito Quiles en la puerta del Congreso, pero también en un bar, cenando en un restaurante o recogiendo a sus hijos en el parque. «Él tiene chivatos, cuatro o cinco chicos repartidos a las puertas del Congreso que le informan de cuándo salimos», cuenta el diputado de ERC. «Y, aparte, tiene informadores en todos lados, chavales que le pasan fotos nuestras en su canal de Telegram y le cuentan dónde estás comiendo o dónde pasas las vacaciones con tu familia».

-¿Por qué su contenido funciona?

-Primero porque está de moda el rollo este de acosar y de putear a los demás, sobre todo si es a un político, especialmente de izquierdas, al que puedes ver cabreado y perdiendo los papeles. Y además tiene algo morboso. Es como un accidente en la carretera: aunque no te guste, no puedes evitar pararte a verlo.

"Es muy difícil convivir con un supuesto compañero que te está señalando, insultando y amenazando en redes por el simple hecho de no pensar como él"

María Llapart, corresponsal parlamentaria de laSexta

Es la «economía del escándalo» de la que habla la profesora de Marketing y Comunicación de la Universidad de Cádiz Lucía Caro-Castaño en el estudio Los tenemos bailando, chavales: Batalla cultural y autopromoción en el Tour España Combativa de Vito Quiles, una investigación académica que examinó el impacto de la gira que el activista organizó entre octubre y noviembre del año pasado en varias universidades españolas tratando de emular al activista político estadounidense ultraconservador Charlie Kirk, asesinado semanas antes de un disparo en el cuello mientras daba una charla en el campus de una universidad de Utah.

El trabajo de Caro-Castaño, firmado junto al profesor de Periodismo de la Universidad de Sevilla Daniel Barredo, analiza la capacidad de Quiles para generar controversias y polarización y difundir bulos o medias verdades en un entorno de «guerras culturales». «La gira permitió a Quiles asociar a su marca personal una imagen de hiperliderazgo, reivindicándose no sólo como intermediario, sino también como agitador político de la comunidad imaginada en la que se integran diferentes sensibilidades conservadoras y ultraconservadoras en España», dice su estudio.

«Vito Quiles se ha construido un espacio en el ecosistema digital gracias a que tiene una enorme capacidad para capturar la atención y despertar controversias», explica la profesora de la Universidad de Cádiz. «Él vive del casito porque está en una campaña constante de autopromoción».

Durante su gira de autobombo, Vito visitó los campus de Barcelona, Granada, Sevilla, Málaga, Valencia, Alicante, Madrid, Pamplona, Gran Canaria y Tenerife. Casi todas ellas eran universidades públicas. Según el propio Vito, «estercoleros ideológicos de la izquierda» y «focos de infección comunista». En casi todas ellas hubo incidentes con grupos de estudiantes y enfrentamientos con la Policía Nacional. En septiembre retomará la iniciativa en Bilbao, Vitoria, San Sebastián, Pamplona y Barcelona. «Va a ser muy bestia», anuncia él. Durante el mes que duró su gira, Quiles ganó 42.200 seguidores en TikTok y 157.845 en Instagram.

«Engancha a los jóvenes, primero, porque él es joven y alimenta la desconfianza que vivimos desde hace ya más de una década respecto a las instituciones, los partidos políticos y los medios de comunicación tradicionales», analiza Caro-Castaño. «Ese cabreo existe, hay una sensación de que no hay futuro para los jóvenes y él emerge como alguien de su misma edad que hace cosas, que cabrea a los poderosos y que exprime esa retórica de lo políticamente incorrecto. Es rápido, conoce el medio y apela a las emociones menos bellas del ser humano para proyectar ese cabreo general».

Durante su tour combativo, Quiles no sólo ganó followers, también 13.140 euros que le ingresó el eurodiputado de ultraderecha Alvise Pérez, líder del partido Se Acabó La Fiesta (SALF). Según Quiles, ese pago corresponde a un encargo publicitario de una empresa de inteligencia artificial en el que Alvise actuó como intermediario.

La relación de Vito Quiles con Alvise tampoco es nueva. En las elecciones europeas de 2024, el agitador fue en el puesto número 57 de la candidatura de Se Acabó La Fiesta y ejerció durante un tiempo como su responsable de comunicación.

«Alvise me cae bien, pero eso fue un error», reconoce ahora. «Me arrepiento porque yo me signifiqué en un partido político y no tenía mucho sentido ejercer el periodismo yendo en unas listas. Además no me gustan los políticos. Duró lo que duró y ya está».

¿Ha tenido más ofertas para volver a entrar en política?
Sí. De un partido de la oposición.
¿PP o Vox?
No lo voy a decir porque se me monta un lío, pero a día de hoy sigo recibiendo ofertas en privado. Me dicen que cuentan conmigo. No descarto un futuro político, nunca lo he hecho, pero ahora mismo no me interesa. Con Vox me llevo bien, antes mejor porque creen que me he hecho del PP por lo de Aragón. Pero es mentira, no soy de ningún partido. Yo estoy muy agradecido al Partido Popular porque me han tratado muy bien, me han defendido cuando me han pasado cosas e incluso Feijóo me ha llamado personalmente y eso es de agradecer. Estoy contento en ese sentido, pero yo sigo haciendo mi trabajo.

"Vito Quiles es un tiburón que mientras no sangres puede merodear a tu lado sin morderte, pero a la que sangres un poco te va a matar"

Gabriel Rufián, diputado de ERC

El diario digital El Salto reveló en noviembre del año pasado que el Partido Popular pagó hasta 680.000 euros a Estado de Alarma, el canal que catapultó a Quiles. El pasado mes de febrero, el candidato del PP en Aragón, Jorge Azcón, invitó a Vito a su cierre de campaña. Según él, no cobró nada por ello. El secretario general del partido, Miguel Tellado, elogió entonces la «valentía» del agitador y le comparó con El Gran Wyoming. EL MUNDO reveló la queja durante esas semanas de un peso pesado del partido por los coqueteos con el agitador: «Lo de Vito es como cambiar a Bad Bunny por Leticia Sabater».

«Que en TVE digan que me paga el PP es absolutamente falso. Yo el único ingreso que tengo es el que percibo como autónomo del medio de comunicación en el que estoy colaborando», insiste Quiles. «A mí se me difama y calumnia constantemente. Me han llamado de todo: delincuente, inmigrante, acosador, facha, maltratador, agresor... Pero luego le contestas a esa gente y lloran. Tienen la lengua muy larga, pero la piel muy fina. Yo creo que de casa se viene llorado. Como dice mi amigo Javier Milei, esta batalla no es apta para tibios ni para personas que no son capaces de jugar con las mismas armas».

Usted asegura que sus ideas son inseparables de su concepción del periodismo. ¿Cuáles son esas ideas?
Yo tengo unas ideas más conservadoras, obviamente, porque vengo de una familia de autónomos, de gente a la que nadie le regala nada, empresarios a los que les han crujido lo más grande a impuestos con sablazos fiscales. Tengo valores liberales en lo económico y conservadores en lo social. Me identifico más con la derecha porque representa mejor lo que yo pienso. Defiendo mucho la libertad de expresión. Soy libertario. Obviamente defiendo la integridad territorial, la unidad nacional, el control de las fronteras y la seguridad en los barrios. Y también defiendo la vida. Soy una persona provida y defiendo la natalidad, que en España está muy mermada frente a todos los extranjeros que vienen y tienen capacidad para tener muchos más hijos. Creo que España está superpoblada, pero no de españoles y hay que tener cuidado con ese tema.
¿Cree en Dios?
Sí. El otro día fui a ver al Papa con el Pequeño Nicolás.
¿Es usted de extrema derecha?
No, no, no. Yo creo que la extrema derecha en España no existe, lo que se llama extrema derecha ahora es lo que ha predicado Aznar toda la vida y nadie le ha llamado extrema derecha. Lo que sí hay es una izquierda muy polarizadora, muy radical y muy abyecta.
¿Puedo saber qué votó en las últimas elecciones?
Sí. Voté a Vox.
¿Qué sería de usted sin Pedro Sánchez?
Yo soy como Desokupa. Si se erradicara la okupación ellos dejarían de ganar dinero, pero el bien del país está por encima. Yo tengo un ansia profunda por echar a Sánchez.
¿Y qué pasará con usted si el PP gana las próximas elecciones y gobierna con Vox?
Que me den el programa de Broncano, que lo quiero.