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El Mundo
Juan Diego Madue�o · 2026-05-22 · via Papel

Ignacio tiene 21 años y estudia Administración de Empresas en el Instituto de Empresa de Segovia. Baja por el camino que lleva al viejo convento Santa Cruz la Real, el monumento histórico del siglo XIII reformado para dar clases a los alumnos. Es el edificio principal del campus. Desde la recepción se capta la mezcla, un claustro hace de base a toda la infraestructura educativa, el césped contrasta con los paneles informativos. En total, hay matriculados 1.600 alumnos de 95 nacionalidades diferentes. Ignacio es de Chile. Sabe de la fiesta celebrada en la Cueva del Champiñón en abril. «Se vendían las entradas a cinco euros. La organizó alguien de primer año», explica.

A la fiesta, convocadas por la cuenta de Instagram @the.caverave, acudieron 200 personas, según El Norte de Castilla. Algunos estudiantes consideran que los cálculos se quedan cortos. «Había más de 200 personas», señala Ignacio. La Cueva del Champiñón es como se conoce a las cavidades del Alto del Parral, un punto de interés geológico declarado paraje pintoresco en 1947. Las cuevas eran utilizadas para el cultivo de champiñones. Allí metieron un equipo profesional de música, luces y un generador. Había indicaciones pintadas con grafiti en la roca. «La mayoría se había ido cuando llegó la Policía».

Por TikTok se puede seguir el rastro de la rave. El 17 de abril la usuaria Carolina I. Ferreira compartió un vídeo. Va a la fiesta de la Cueva del Champiñón con cuatro amigos. Lo llama Segochella.

Segochella, una referencia al festival de música Coachella, identifica la sensación de flotar como un globo de helio el primer año de Universidad a miles de millas de la vida real. Pero la llegada a Segovia de universitarios con más poder adquisitivo que la media molesta a algunos vecinos. Denuncian la transformación de la ciudad sobria en un campus para adolescentes que viven su mejor momento.

Rafael Estévez, taxista desde hace 36 años, tiene clara su posición: «¡Dan más dinero los chavales que los segovianos! Es la única Universidad en la que los alumnos tienen más dinero que los profesores. Nos dan 100 vueltas a todos», exclama.

Ignacio tiene 21 años y estudia Administración de Empresas en el Instituto de Empresa de Segovia.

Ignacio tiene 21 años y estudia Administración de Empresas en el Instituto de Empresa de Segovia.

El Instituto de Empresa (IE) instaló en 2008 el campus en Segovia. 18 años después, la tensión entre the locals -como llaman los alumnos a los segovianos- y los universitarios está a punto de desbordarse. O a lo mejor no tanto. «Desde que están ellos tengo un 15% más de trabajo. Hay mucho movimiento. Y por las tardes Segovia se moría. Van a jugar al fútbol, al pádel y al tenis en taxi... Si una chavala de 18 años tiene que llevar tres maletones al aeropuerto de Barajas, prefiere ir en taxi. Son más listos que nosotros y están más avanzados. Se juntan tres para ir al aeropuerto y les sale a 50 euros el trayecto de puerta a puerta. También nos utilizan para ir del centro al Carrefour, a hacer la compra. Hacen mudanzas. Quienes se quejan quieren arruinar Segovia», añade Estévez.

"Nos gustaría es tener una convivencia normal con los estudiantes. No se integran. Son un gueto"

Clemente Oria, presidente de la Asociación de Vecinos del Recinto Amurallado

Alrededor del uso que hacen del taxi los alumnos del IE hay mucha leyenda. Las quejas llevan un componente clasista. Cada curso del IE vale unos 25.000 euros. Algunos universitarios van de fiesta a Madrid en taxi. «No nos quedamos allí toda la noche. Hasta aquí vienen muchos taxis de Madrid y Uber y de todo», aclara Estévez. El Ayuntamiento ha concedido cuatro nuevas licencias para soportar la demanda. Antes del mediodía, un taxi deja a una alumna en la Universidad. El edificio histórico fue también un orfanato donde trabajó Dami Lorenzo. Lidera al grupo de senderistas que aparece por un recodo. «Ahí dejaban a los bebés. Los chicos que criaban las monjas volvían al cabo de los años a pincharse heroína». Uno de sus hijos está buscando piso. «Los caseros piden 2.000 euros y solo quieren alquilárselo a alumnos de la IE».

Patricia de Blas, secretaria de la asociación de vecinos, en una terraza.

Patricia de Blas, secretaria de la asociación de vecinos, en una terraza.

Clemente Oria preside desde 2023 la Asociación de Vecinos del Recinto Amurallado. Los vecinos que agrupa tienen la extraña sensación de sobrar en su código postal. Denuncia la subida de precios, la falta de comercios o los ruidos provocados por los universitarios. «El Ayuntamiento dice que nos gustaría estar solos, pero lo que nos gustaría es tener una convivencia normal con los estudiantes. No se integran. Son un gueto». La asociación envió una carta al vicerrector con sus exigencias. «Le pedimos que la lea para que tomen conciencia de que viven con gente normal. En determinados momentos los alumnos ponen más cuidado. Pero cuando se acaban los cursos es horroroso. Los tengo en los pisos inferiores de mi edificio y cuando entran y salen parecen caballos y vacas».

Clemente lleva años jubilado de su trabajo como inspector de seguridad en las centrales nucleares. Tiene 72. Pasea por el centro y señala los edificios ocupados. «Todos dan a la calle Isabel la Católica, la plaza del Corpus, la calle Cervantes», enumera los lugares emblemáticos. La presión del turismo tampoco ayuda. «Hablan de riqueza, pero es una riqueza que se va de Segovia. Deberían topar precios. Los alquileres se han vuelto prohibitivos para una familia. No quieren que haya aquí familias. El centro ya es otra cosa. Unos vecinos les alquilaban el piso a los estudiantes. Era una pelea continua. Les dices algo y sueltan que tienen derecho a celebrar. ¡Y yo a dormir! Y solo queda una carnicería dentro de la muralla. Todo son bares». Los vecinos manejan algunos cotilleos. «Tiraron a un agente de Policía por las escaleras».

Ariana y Sabina, de 18 años, salen del viejo convento. Llevan la vibración de la juventud. «No tenemos nada en contra de los locales». Apenas chapurrean el español. Los segovianos marcan ahí el nivel de implicación con la ciudad. «Nos resulta divertido estudiar aquí. Es una ciudad segura. ¿Molestamos? Es que los estudiantes debemos ser molestos. No creo que nos importemos los unos a los otros».

"Todos quieren tener un IE en su ciudad. Somos la envidia del resto de capitales"

José Mazarías, alcalde de Segovia

A la hora del aperitivo, hasta el bar la Concepción, uno de los clásicos de Segovia, empiezan a llegar los clientes. Hay turistas y vecinos. Fuencisla vive en el casco histórico. Y relativiza los problemas. «Los segovianos tenemos la piel muy fina. Antes sí formaban mucha escandalera y ya no. Tengo un piso y mi idea es alquilárselo a la IE porque imagínate que me lo okupa una familia. Es la casa de mi madre. No pienso estafar a nadie. Que quede claro. Ves a las niñas del IE y son guapísimas, monísimas, las jodías».

Alrededor del dinero de los estudiantes florecen negocios como Student Houses, la inmobiliaria que intermedia entre propietarios y alumnos. La pregunta sobre la convivencia congela a la recepcionista. Student Houses rechaza participar en el reportaje. «Es una cuestión política. Los que se quejan son de Podemos. Desde que soy concejal he puesto en marcha una mesa de universidades porque sí veía que los alumnos del IE iban más a su bola. La mesa de universidades reúne a los tres rectores, de la UNED, la UVA y el IE, para que haya actividades comunes», explica Sergio Calleja, el concejal de Educación del PP en el Ayuntamiento.

Las reformas de los edificios han mudado la piel de Segovia. El casco histórico huele a nuevo. Es la obsesión de los populares. «Ya quisieran otras ciudades tener este casco histórico. Se han reformado casi todos los edificios. La relación con la ciudad es maravillosa». El Ayuntamiento da la bienvenida cada año a los alumnos. «Les damos una carta donde les damos consejos, que sepan dónde están. Estamos al tanto de todo lo que pasa y sabemos que el IE ha sancionado al responsable de la fiesta en la Cueva de los Champiñones. Todos hemos hecho nuestras fiestas. El balance es positivo. Hay un equilibrio», sostiene Calleja.

Julio César, camarero, sufre a los alumnos como vecino y los disfruta como clientes

Julio César, camarero, sufre a los alumnos como vecino y los disfruta como clientes

Julio César lleva de camarero en la Concepción 30 años. Refleja los problemas y las ventajas de la transformación propiciada por el IE. «Son clientes que nos dan mucho ambiente al bar, pero han subido los precios del alquiler y hacen negocio cuatro. Algunos tienen 18 pisos y alquilan la habitación a mil y pico euros». Pone un ejemplo: «Algunos alquilan por su precio los pisos y los subarriendan a estudiantes por un precio mayor». No hay reglas en el salvaje oeste de Segovia. «Se suben a los tejados a tomar el sol y fumar. En un balcón se meten 80 a beber. Vomitan por los patios interiores», enumera. Sus vecinos son alumnos del IE. Tiene un truco para repeler las fiestas que prefiere no contar. «Lo que sí te voy a decir es que cuando termine de trabajar me voy al pueblo y alquilo mi piso». ¿A los del IE? «Es posible».

Leire Rubio, una alumna de Segovia becada en el IE, está disgustada con sus compañeros, pero tampoco entiende el enfado de sus vecinos. «Dicen que es una universidad pringadísima y pijísima y no es verdad». Ronan, de Suiza, y Ksenia, ucraniana, la acompañan. «Entiendo que nos odien», señala Ronan. «Hay gente de determinados países con menos educación. Yo he hecho el servicio militar y es diferente. La Policía entró en la Universidad a buscar al responsable de la fiesta en la Cueva del Champiñón».

Antes de entrar a la reunión de la asociación de vecinos, Patricia de Blas tiene algo que decir. «Hace cuatro años compré un piso en el centro. En este tiempo han acabado yéndose. Nos hemos quedado solo dos familias en el edificio». Está a punto de ser la siguiente en exiliarse. «¿Pero a quién le voy a alquilar? ¿Quién va a querer vivir aquí? Un alumno meó una vez en el portal. Las ciudades evolucionan, pero el PP está acelerando la transformación de la ciudad».

El IE destaca por correo electrónico «nuestra contribución a la ciudad de Segovia. Alumnos, profesores e investigadores llegados de todo el mundo conviven cada año en Segovia, una ciudad que se ha consolidado estos años como un destino académico internacional. A nivel económico, tal y como confirmó recientemente el informe de Impacto Socioeconómico de IE University desarrollado por PwC, nuestra institución tiene un impacto anual equivalente al 18,1% del PIB del sector servicios de Segovia y al 13,4% del empleo, lo que pone de manifiesto nuestra contribución al crecimiento económico de la ciudad».

Además, trabaja para «impulsar proyectos de impacto social, dinamizar la vida cultural y colaborar con instituciones para construir juntos un futuro próspero en Segovia, una ciudad que siempre nos ha acogido con generosidad y respeto», añaden fuentes de la institución universitaria.

Clemente Oria no está interesado en los chascarrillos sobre los universitarios. No ha visto los guardaespaldas que acompañan a los príncipes saudíes. Se le pasa la nostalgia al llegar al acueducto. Sonríe cuando acepta posar con dos alumnas italianas. «Haced lo que queráis. Mi mujer y los vecinos me van a matar».

José Mazarías, el alcalde, está entusiasmado: «Todos quieren tener un IE en su ciudad. No voy a prohibir que ganen dinero quienes reforman un edificio de 15 plantas. Somos la envidia del resto de capitales».