El proyecto fundado en 2008 por la Fundación "a Caixa" de Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas hace más liviana la palabra cáncer. Tanto a los familiares como a los enfermos

Joan García y la psicóloga Lydia en una de las sesiones del proyecto pionero
Actualizado
«Estoy contento», dice Joan García. Va camino de la casa que compartía con su pareja. Está a punto de venderla. Ella murió por un cáncer fulminante en verano. Llevaban 36 años juntos. Decir «estoy contento» es el resultado de haber acudido a terapia psiconcológica desde que el diagnóstico empezó a separarles. Joan García recibió la primera sesión al poco de saber que su mujer tenía cáncer. La segunda sesión la hizo cuando ya había muerto. «No sabía muy bien todo lo que estaba pasando. Me ha ayudado en el tránsito del duelo. En un momento te encuentras en un lugar en el que no sabes por dónde tirar. Te han dicho que hay procesos, etapas, mil cosas. Para poder afrontarlo busqué ayuda y me han ayudado».
Joan Garcia encontró el asidero del programa pionero de Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de la Fundación la Caixa. Él es un superviviente de la enfermedad de su pareja. La psiconcología ayuda a los familiares a superar el duelo y también contribuye a que las personas enfermas mejoren su calidad de vida. Desde que se fundó en 2008, más de 300.000 pacientes oncológicos han sido acompañados en estas circunstancias. Y 385.000 familiares. El proyecto de la Caixa cuenta con 65 Equipos de Atención Psicosocial formados por psicólogos, trabajadores sociales, enfermeros, médicos, agentes pastorales y voluntarios. Joan García empieza a ver la luz gracia a Lydia, la psicóloga de Fundació Oncolliga que forma parte del proyecto. «En ningún momento me planteé no pedir ayuda. Lo necesitaba. Siempre digo que pedir ayuda no es cobarde, sino todo lo contrario. Reconoces que está pasando algo», explica.
Lo primero es aceptar lo sucedido. «Se puede morir un padre o una madre, pero no una pareja», añade. «Tienes que tratar de hacer cosas». La terapia puso objetivos pequeños que cumplir para ir dando pasos grandes en el duelo. «Es la mejor manera de entrar en el día a día de una forma, despacio, sin pausa pero sin prisa, y sobre todo, tener en mente el recuerdo de todas las cosas buenas que has vivido con esas personas, no el de los últimos días. De esta manera acabas recordándola con una sonrisa. Aunque todavía hay momentos que te rompen, puedo ir hablando del tema sin romperme».
Seis meses después de asomarse al vacío -«estás acostumbrado al buenos días y buenas noches, por ejemplo, y de repente no hay nada»- está en la fase de aceptación. «Esta persona no está. Ya hace medio año. Te vas dando cuenta. Lo voy asimilando bien. empiezo a asimilar la ausencia. No quiere decir que en un momento dado me dé un bajonazo». Joan García se siente acompañado. «Reconoces lo que te pasa. A veces piensas que estás bien pero no lo estás, asumes que no pasa nada. No es que estés peor. Forma parte del proceso. Es importante no ir perdido», avanza. «Todo el mundo me decía que son dos años de luto, pero no puedes calcular. Ni son menos de dos, ni dos, ni cuatro años».
La palabra cáncer
Lydia, la psicóloga que lo ayuda a salir de la espiral del luto, es especialista en psiconcología desde hace 20 años. «El programa de atención de La Caixa nos proporciona todas las herramientas para realizar nuestro trabajo y llegar a todo el mundo». Además de familiares, también atiende a pacientes con diágnostico de cáncer. «La palabra cáncer tiene un peso importante. Está asociada a muerte y no es así. Es diferente por las connotaciones que implican el tratamiento. Hay una serie de circunstancias que envuelven al diagnóstico que no lo hace nada fácil. No es fácil de llevar. También hay que tener en cuenta los efectos del tratamiento», cuenta Lydia.
Lydia insiste en que no hay un tiempo tasado para superar el duelo. La clave con los pacientes diagnosticados de cáncer es ayudarles a concentrarse en el presente. «Lo importante es vivir hoy, ahora, en este momento, el día no vuelve. Tratamos de que en los familiares no se genere un duelo patológico». Lydia y Joan llevan un tiempo juntos. «A mí me gusta trabajar de manera individual. Cada uno necesita su tiempo».




























