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Si no ha contactado con usted ningún extraterrestre es probable que sea porque toma demasiado café. Tampoco le conviene beber alcohol. Hará que invalide la función satélite de su ADN. No es suficiente con dormir ocho horas. Lo ideal para convertirse en un receptor de información enviada por alguna inteligencia no humana es practicar la regla del ni-ni. Dormir ocho horas, despertar un rato, y volver a dormir una más.
«En resumen, creo, y hay pruebas que lo respaldan, que nuestro ADN funciona al mismo tiempo como receptor y como transmisor. Lo hace en una frecuencia determinada que, curiosamente, es la misma que usamos para comunicarnos con nuestros satélites en el espacio profundo. En cierto sentido, los humanos somos una especie de satélites. Por eso es importante sintonizar bien el cuerpo y el ADN. El café anula por completo la señal».
La receta es de Tyler, seudónimo de un científico estadounidense. Empezó a trabajar en el programa espacial de su país a los 18 años. Implicado en la mayoría de los lanzamientos, el accidente del transbordador Challenger el 26 de enero de 1986 cambió su vida. Dejó la NASA. Ahora desarrolla biotecnología inspirado por la información que cae desde algún lugar del espacio exterior. Que cae a su cabeza. El primer indicio que tuvo de su metamorfosis en bandeja de entrada para la raza humana fue el día en que un general del Ejército de Estados Unidos quiso exponerle un proyecto. Tyler lo interrumpió. Ya sabía que el experimento funcionaría. «No me preguntes cómo lo sabía. Lo sabía, y punto». El general creyó en Tyler. Y funcionó.
Fue un hito en su carrera científica.
Tyler confió su secreto a Diana Walsh Pasulka, historiadora de las religiones y directora del departamento de Filosofía y Religión de la Universidad de Carolina del Norte. Pasulka lo ha recogido en Los creyentes (Errata Naturae), un ensayo que ordena los indicios del nacimiento de una nueva religión basada en los ovnis, convertidos en estos tiempos hipertecnológicos en símbolo de esperanza, miedo, salvación y sentido.
«Yo nunca creí en los ovnis», aclara la profesora a este periódico en una videollamada. También es especialista en las relaciones entre espiritualidad, tecnología y cultura popular. «Mientras escribía mi libro sobre el purgatorio encontré muchos registros en los archivos históricos católicos. En la Europa de los siglos XIII, XIV y XVIII ya había personas que veían cosas en el cielo. Los describían en términos religiosos: almas del purgatorio, la casa de la virgen María flotando en el cielo, cosas así... Empecé a guardar un registro de todos los casos. Después, ocurrió algo: un amigo me sugirió que fuera a una conferencia donde había personas que habían visto ovnis. Reconocí un patrón. Todos lo interpretaban de forma casi religiosa. Tenían esa actitud de: 'Esto cambió mi vida'. Entonces pensé: esto parece una nueva forma de religión. Incluso una nueva forma de religión causada por las pantallas. Así empezó todo. Pensé que sería fácil recopilar la información sobre las creencias de las personas mediante etnografía, es decir, hablando con ellas. Pero lo que ocurrió después no fue lo que esperaba».
Hace unos días, el ex presidente de Estados Unidos Barack Obama habló en un pódcast de la existencia de ovnis con total naturalidad. Trump tiene intención de desclasificar la información del Gobierno sobre vida extraterrestre. En julio de 2023, algunos militares estadounidenses declararon en el Congreso haber interactuado con «restos no humanos», abriendo la puerta a los sucesos intergalácticos. Y el documental Ovnis, de National Geographic, parece haber demostrado la existencia de alguna evolución física en el cerebro de los contactados. ¿O puede que sea un implante tras haber sido sometidos a una exploración alienígena? Los creyentes pone el trabajo de campo para rozar una conclusión: hay algo que existe.
Diana Walsh Pasulka está tan sorprendida como cualquiera. «Sí, es un fenómeno físico. Conocí a muchos contactados. Algunos ni siquiera se conocían entre sí. Pero todos estaban buscando datos para entender lo que estaban viendo y con qué trataban». La mayoría habían sido contactados de niños. Como James, otro científico que investiga el fenómeno y se declara abiertamente como «experimentador». Con cinco o seis años empezaron a aparecer personas de pequeño tamaño en su dormitorio. Paralizado, podía ver a los enanos resplandecientes observarlo junto a la cama. De adolescente, una noche, mientras repartía periódicos, pasó por el bosque. «Allí lo encontró todo fuera de lugar. Una formación de luces de unos seis metros de ancho sobrevolaba despacio y en silencio las copas de los árboles. Sintió que el tiempo se distorsionaba. Le envolvió una luz blanca, casi solar, sin fuente aparente».
De adulto, volvió a ser el anfitrión de otra presencia en su cuarto. «Era translúcida, como de niebla. Una voz, dentro de su cabeza, le dijo: 'Duerme'. Y eso hizo».
«Comprendí que mi libro era mucho más difícil de lo que pensaba», comenta la autora. «Para ser honesta tenía que incluir a este grupo de personas y lo que creen en mi libro. No se trata solo de una religión. Hay gente dentro del Gobierno que cree esto. Tenía que escribirlo. A mi editora no le gustó nada. Y yo le respondía: 'Ojalá no tuviera que decirlo'. Pero es exactamente lo que me están contando. Así que lo pondré en el libro diciendo que no sé si es cierto». En el fondo sabía que no manejaba bulos. «No eran personas desinformadoras porque llevaba mucho tiempo conociéndolas».

Tibbles/Daily Mirror/Getty Images
Los creyentes propone un itinerario por las zonas comunes de las religiones. Cuando la profesora aborda a los dogmáticos, se produce una inversión de un factor clave. El sentido común, sustituido en la mayoría de las creencias por la fe, aplica aquí. Scott, fundador de In the field (los cuerpos especiales que luchan contra el fraude y la manipulación de las fotografías o vídeos sobre ovnis que aparecen en internet), avisa: «Por encima de todo, fomentamos el sentido común».
Scott desapareció de casa con tres años. Fue encontrado por sus padres en el campo. Decía haber hablado con las vacas: eran caballos. Después experimentó sueños extraños, un poco tétricos, protagonizados por una mantis religiosa gigantesca que lo espiaba por la ventana. «El sentido común consiste en mantener una postura agnóstica. Lo que no tiene sentido es decir que viene de Andrómeda. No hay que precipitarse», aclara Walsh Pasulka.
"No es una fe normal. Es una intención. Es el lema 'I want to believe'. Sería divertido o bonito creer en la posibilidad de que existan los ovnis"
La investigación llevó a la profesora a conocer a algunos agentes dedicados a la investigación de las apariciones celestes. Hay una liga B de científicos que prefieren buscar respuestas sin publicidad. En realidad, fue contactada por ellos conforme su trabajo fue haciéndose popular. Todos querían saber qué se traía entre manos. El texto mantiene vivo otro de los mitos: ¿por qué parece que los ovnis sólo visitan a estadounidenses? «Cuando empecé este estudio también pensé que este sistema de creencias existía solo en mi país. Pero no. Descubrí que personas de todo el mundo lo comparten. Lo que pasa es que Estados Unidos tiende a pensar que es bastante especial».
Para Diana, la religión ovni mantiene una fe a la espera. Todo parece estar conectado de alguna manera con la ficción, que ha contribuido, según expone, a modificar la visión del mundo de millones de personas. Dar por válidas las historias de Expediente X, como si el argumento hubiera sido construido al recoger un hilo perdido de los documentos oficiales del Gobierno, o confundir La guerra de las galaxias con la realidad al canalizar la obsesión por las películas de George Lucas en internet, ha construido una fe en potencia. A diferencia de los católicos que reciben la fe como un don, aquí la gente no cree: quiere creer. «Es el lema I want to believe. No es una fe normal. Es una intención. Decir yo creo sería admitir que crees en los ovnis. Es una admisión condicional. Sería divertido o bonito creer en la posibilidad de que existan los ovnis».
¿Qué hay en su interior? «Algunos creen que la nave misma es consciente. Otros describen pequeños seres. Otros científicos hablan de la hipótesis de que seamos nosotros mismos de otra dimensión quienes nos visitamos, por eso las interacciones son muy limitadas. Para no cambiar nada del presente».
En su primera incursión en lo desconocido, Diana Walsh Pasulka iba con los ojos vendados. Tyler la conducía por el desierto de Nuevo México. Iban a recuperar restos de una nave estrellada en 1974. Al rato de llegar, el detector de metales chivó la ubicación de un pedazo de artefacto. Estaba enganchado en el fondo de un agujero entre dos rocas. En seguida encontraron otro. Tyler cree que pertenecen al revestimiento de la nave. «Hablar de inteligencia no humana creo que nos lleva de vuelta a la religión. La religión es la interfaz que cada cultura ha desarrollado orgánicamente para tratar con inteligencias no humanas. 15 años antes me habría parecido una locura estar ahí», buscando aliens.
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