






















Fue en 1964 cuando el profesor Marshall McLuhan enunció la Teoría de la Comunicación que, desde entonces, ha servido de faro al oficio periodístico: "El medio es el mensaje". El padre del concepto de aldea global advirtió que los medios de comunicación ya estaban moldeando la conducta de un ser humano, que había vivido aislado de lo que ocurría a su alrededor hasta la invención de la imprenta y afrontaba entonces la revolución de los medios electrónicos: radio, televisión y teléfono.
Pero, ¿qué ha sucedido desde entonces? ¿Intuía siquiera el bueno de McLuhan que llegaría un momento en el que la información estaría por todas partes? ¿Que estaríamos conectados 24 horas del día siete días por semana? ¿Que la sociedad llegaría a sufrir infofatiga? Probablemente, no. A finales del siglo XX era difícil imaginar dónde íbamos a estar en el primer cuarto del XXI y cuál sería el papel de los medios de comunicación.
Haga la prueba: encienda el televisor nada más levantarse. Da igual el canal. Usted, enciéndalo. Comprobará que, salvo una finísima franja nocturna reservada al entretenimiento puro, la cobertura informativa ocupa casi toda la parrilla. Y aquí volvemos a lo de "el medio es el mensaje". En un mundo en el que las breaking news hace rato que han reemplazado al Teletexto, en el que buena parte de la sociedad se informa a través de las redes sociales y en el que la inteligencia artificial amenaza con dejar las redacciones como un solar, ¿qué sentido tienen los informativos de toda la vida? O dicho de otra manera: ¿para qué diantres sirve hoy un telediario?
Para responder a esta pregunta hemos reunido por primera vez a los directores de informativos de las principales cadenas de nuestro país y a los presentadores de noticias más populares de España. Al otro lado de la cámara, Carlos Franganillo, director de Informativos Telecinco y conductor de las noticias de las nueve de la noche; Pepa Bueno, directora, editora y presentadora del Telediario 2 de La 1; Vicente Vallés, director y presentador de Antena 3 Noticias 2; y Helena Resano, presentadora de los informativos laSexta Noticias de las 14.00 horas.
Los cuatro hacen el mismo diagnóstico: "Dentro de la saturación informativa, el espectador y el ciudadano necesitan confirmación, certeza, credibilidad y orden". Cuatro sustantivos que son ahora mismo el mayor reto y, a la vez, el gran aval de los informativos.
"Somos una especie de filtro entre lo viral y lo relevante", defiende Resano. "Por eso, en la redacción hablamos mucho de bajar el diapasón, de bajar el ruido y contar lo que de verdad importe".
"Somos zahoríes en busca de agua potable", añade Pepa Bueno.
En las bambalinas de los informativos nos citamos también con Juan Pedro Valentín, director de Noticias Cuatro; Francisco Moreno, director de los Informativos de Mediaset; Jon Ariztimuño, director de Informativos de TVE; Santiago González, director de Informativos de Antena 3; y César Antón, director de Informativos de laSexta.
Según el informe Digital News Report, realizado por la agencia Reuters y la Universidad de Oxford, más del 60% de los adolescentes y jóvenes adultos tienen dificultades para distinguir una noticia real de un bulo, mientras que entre los adultos hay una creciente preocupación por la desinformación y la fatiga informativa.
Conscientes de la situación, las direcciones de informativos ya están sembrando para que la generación que ahora no se informa a través de las cadenas tradicionales de televisión acabe haciéndolo. "Cuando firmen una hipoteca, lo harán. Y ahí es donde entra esa siembra, que sepan quiénes son los que informan", apunta César Antón desde laSexta.

"Cada vez es más importante poder seducir al espectador. No podemos seguir haciendo un informativo a la vieja usanza"
Carlos Franganillo, Telecinco
En los años 90, las tres principales majors informativas estadounidenses (CBS, ABC y NBC) acumulaban solo con sus telediarios entre 30 y 40 millones de telespectadores. Hoy no llegan a los 19 millones. Hace tres décadas, únicamente los noticieros hablaban de política y se sumergían en cuestiones internacionales. Hoy los informativos son los que, proporcionalmente, menos tiempo dedican a la información en las parrillas. Antes, después y durante de su emisión sufrimos un bombardeo de alertas, debates, tertulias, conexiones en directo, coberturas en vivo, tuits, reels, stories... Pero no significa ni mucho menos que los informativos hayan perdido relevancia social. Más bien lo contrario, asegura Juan Pedro Valentín: "Ahora, más que nunca, los informativos son un producto que tiene plena vigencia". Resumiendo: "Dame media hora y te contaré el mundo".
Vicente Vallés, que desde hace 67 meses cuenta con el colchón y la tranquilidad que da ser líder con las Noticias 2 de Antena 3, no advierte "ningún peligro" en el hecho de que haya mucha información disponible. "El peligro sería lo contrario", advierte. Para Vallés, los informativos no tienen porque ser "el centro neurálgico de una cadena", aunque sí tiene muy claro que "no deben tener otro objetivo que el de contar las noticias ofreciendo al espectador los datos de aquello que ha pasado, y aportando contexto y análisis". Es decir, "periodismo".
En la España de hace un par de décadas (o tres), la hora a la que empezaba el telediario era sagrada. Era ese momento del que hablaba McLuhan: el instante en el que un prescriptor (el presentador) trasladaba a la audiencia lo que estaba sucediendo en nuestro país y en el mundo, sacando a cada españolito del aislamiento. Hoy las nuevas tecnologías, como asegura Antón, nos han llevado a que "toda la información esté colocada en el mismo formato: un cuadrado vertical [el dichoso teléfono móvil] en el que todo ocupa lo mismo porque todo cabe en ese espacio que movemos arriba y abajo con el dedo o clicando en la noticia que te ha mandado un conocido a través de WhatsApp".
Lo que siempre había sido uno de los mayores valores de la prensa escrita -su capacidad para ordenar la información en secciones concediendo más o menos espacio a las noticias en función de su relevancia y diferenciando la opinión de la información- ahora es una función que recae en los telediarios, según el director de laSexta Noticias. "El informativo ha venido a ocupar ese espacio de jerarquización que no hace tanto era exclusivo de los periódicos: ordenar el cerebro de las personas", explica. "Un informativo te ordena lo que ha pasado, te lo sistematiza, te lo interpreta... Y la interpretación no está sólo en entradillas un poco más o menos afiladas, sino en el orden y en la jerarquía".
Se trata de una evolución lógica en un mundo saturado con tantos mensajes, pero no la única a la que se han tenido y se tienen que enfrentar los informativos. Es Pepa Bueno desde TVE la que abre un melón que, después, todos sus compañeros y competidores compartirán: el valor añadido de un telediario.
"Ante la sobreinformación, ante la indigestión de información que tiene cualquier persona que se conecta a un teléfono móvil por la mañana, ¿cuál es el valor añadido que nosotros aportamos?", se pregunta. "¿Por qué le dices al espectador: 'Siéntese a las nueve de la noche o al mediodía, que le voy a contar la actualidad que ya le ha llegado por mil sitios?'". Y vuelve, como hará después también Juan Pedro Valentín, a reafirmarse en que ese valor añadido es "encontrar agua potable en medio de una inundación".

"Es fácil coger el atajo de la tensión para conseguir audiencias, pero en el telediario tenemos que hacer un debate editorial serio y profundo"
Pepa Bueno, TVE
Para el presentador de informativos, para el director, para el editor y para cada uno de los miembros que conforman una redacción, lo más difícil es hallar agua que no esté contaminada. "Y para ello es primordial la credibilidad, el papel del conductor como alguien que con su sola presencia transmite confianza y credibilidad".
Los datos de las audiencias confirman un descenso progresivo y generalizado en el seguimiento de los informativos catódicos. No se debe a una cuestión confianza, qué va. En realidad responde a la caída que está experimentando la tele generalista y el éxodo de público a otras plataformas. En la actualidad, el aparato considerado durante tanto tiempo el electrodoméstico rey de la casa tiene que compartir su corona con los móviles, las tablets y los portátiles. La televisión generalista ha perdido un 5% de espectadores en los últimos tres años, según los datos del último barómetro de la Unión de Televisiones Comerciales en Abierto (UTECA). Los informativos también pierden audiencia, pero a pasitos pequeños. ¿Por qué? Porque la televisión sigue siendo la vía preferida para informarse de un acontecimiento extraordinario o para consumir noticias de gran impacto (72,6%), frente al 68% que recurre a ella para informarse a diario.
Según UTECA, los medios tradicionales (televisión, prensa y radio) son los preferidos por la población española cuando buscan información "veraz, creíble y contrastada". Buena parte de ese mérito recae en la valoración que los espectadores hacen de los presentadores de informativos y telediarios.
El informe Imagen 2025: principales cadenas y programas, realizado por la consultora Personality Media, revela que ninguno de esos rostros suspende. Es decir, gozan de esa credibilidad de la que habla Pepa Bueno. Sin embargo, sobre ellos sobrevuela una amenaza nueva: perderla. Si se esfuman la credibilidad y la confianza, nada de lo que se quiera comunicar después será posible sin una salud informativa adecuada. Y es que, como afirma Francisco Moreno, "la credibilidad de un prescriptor es lo que permite a la gente encontrar un faro de certeza en un mundo cada vez más confuso".
Hace ya unos años, probablemente por culpa de la pandemia, la sociedad española cambió la mayoría de sus hábitos. Los relativos al entretenimiento televisivo, también. Los programas del corazón, que hasta ese momento eran los reyes del share, han sido desplazados desde entonces por el infoentretenimiento y por "ese estado de ansiedad que ha generado probablemente la política". En parte propiciado, explica Moreno, por "la polarización que vivimos", por un nuevo tipo de comunicación política y por "una sociedad cada vez más emocional que racional".

"Hay quien cree que un informativo pierde espectadores si no aporta entretenimiento simplista. Pero los datos no avalan esa tesis"
Vicente Vallés, Antena 3
Todo es actualidad, todo es constante información, pero ¿es todo información veraz? "Las redes sociales campan a sus anchas sin ningún tipo de vigilancia", lamenta Santiago González, director de Informativos de Antena 3. "Mientras, a los informativos cada vez se nos regula más. Es un reto que aceptamos, pero es una diferencia brutal entre cómo se tratan los contenidos en las redes y cómo los tratamos nosotros".
Para superar dicho reto, como señala Pepa Bueno, se necesita "una redacción formada por buenos periodistas", comprometida con "el conocimiento acumulado y el valor de los expertos" y no olvidar que "tenemos que estar conectados con la vida". "Es una tarea difícil, compleja, que hay que hacer a mucha velocidad y para la que se necesita mucho dinero", reivindica.
Porque sí, el periodismo, como apunta también Carlos Franganillo, es un valor "prémium". "Nuestro valor es que quien te lo cuenta es un ser humano, no una máquina. Y eso requiere inversión y salud informativa".
"Si la noticia te la cuenta alguien que tiene credibilidad y detrás hay una redacción de periodistas que se aproxima con honestidad a la realidad, la confianza existe", afirma Bueno. "Lo repetiré una y mil veces: una aproximación honesta".
Es Ariztimuño el que, además de asumir la responsabilidad de ser el director de la semilla de la que brotaron todos los informativos actuales, los telediarios de La 1 y La 2, las dos únicas cadenas que existían hace 35 años, incide en que el mayor desafío de los informativos "es convertirse en un refugio de veracidad".
"Es fácil coger el atajo de la tensión para conseguir audiencias mayoritarias", dice Bueno. "Pero en los telediarios e informativos tenemos la obligación de hacer un debate editorial serio y profundo para que en esa selección -lo que cabe en media hora de telediario- se incluyan las cosas propositivas que se hacen en España y en el mundo".
Como sociedad, comparte Valentín, "tendríamos que recapacitar sobre la salud informativa que tenemos". Igual que cuando anuncian un medicamento en la televisión y al final se oye la voz que advierte que "puede ser perjudicial para su salud", con la información debería pasar lo mismo. "La gente no es consciente de que si no existe la salud informativa puede ser muy perjudicial para la democracia". Para el director de Noticias Cuatro, la salud informativa de un país "no se cuida", pese a que "deberíamos cuidarla como sociedad". "Igual que un ser humano no puede vivir comiendo siempre ultraprocesados, no se puede consumir ultraprocesados informativos como un loco porque vas a acabar intoxicándote y, probablemente, la realidad te va a parecer muy aburrida".
¿Es más aburrido comer brócoli que una hamburguesa con triple de queso y bacon? Sí. "¿Es mejor para la salud el brócoli que la hamburguesa? Por supuesto", zanja Valentín.
Helena Resano analiza esta (in)digestión informativa desde el plató de laSexta. "Nosotros nos tomamos un tiempo para reflexionar sobre las noticias, sobre los datos que han ocupado titulares durante la mañana. Es decir, le damos al pause para explicar de forma más clara la dimensión, el alcance de esa afirmación o de esa decisión".
En definitiva, y en esto todos vuelven a coincidir: "La diferencia no está en qué contamos, sino en cómo lo analizamos y qué preguntas nos hacemos que otros no se hacen".
Además, la presentadora tiene muy claro que los informativos no pueden "ponérselo fácil al espectador". Tienen que empujar al ciudadano a cultivar el pensamiento crítico: "No podemos tratar al espectador como a un sujeto pasivo. El periodismo honesto es el que invita a pensar, no el que da la consigna masticada. Cada escaleta es una batalla por la atención de un ciudadano que es más crítico que nunca. Nuestra lealtad es con su derecho a saber la verdad, no sólo a consumir imágenes impactantes".
Eso teniendo en cuenta, como asegura Vicente Vallés, que "nunca debe faltar lo obvio: la noticia; y que siempre sobra, también, lo obvio: aquello que no es noticia".

"Cada escaleta es una batalla por la atención de un ciudadano más crítico que nunca. Nuestra lealtad es con su derecho a saber la verdad"
Helena Resano, laSexta
Suena, valga la redundancia, obvio, pero el presentador y director de Noticias 2 de Antena 3 insiste. "Quizás hoy no sea tan obvio", se lamenta. "Hay quien considera que un informativo pierde espectadores si no aporta una dosis de entretenimiento simplista. Mi criterio es que los datos no avalan esa tesis".
Algo que señalan Vallés, Bueno, Resano y Franganillo, y de lo que muchos ciudadanos cada vez son más conscientes, es que el agua que encuentren los zahoríes de las redacciones de los informativos tiene que ser potable, tiene que ser clara y estar bien diferenciada del "simplismo" de las redes sociales, pero también debe presentar un buen sabor. Al final, esto es televisión. La palabra clave la da Franganillo: "Seducir".
El presentador de la segunda edición de Informativos Telecinco y director de los mismos en la cadena coincide con sus compañeros en que los medios de comunicación en general, y los informativos en particular, siguen teniendo una rol fundamental: el de "jerarquizar la realidad y dar veracidad a las cosas que los ciudadanos han estado escuchando a lo largo del día sin haber sido contrastadas".
Franganillo habla de rigor, pero también del valor creciente de la seducción.
-¿Y cómo se hace eso cuando nos acorrala la fatiga informativa?
-Ya no podemos hacer un informativo a la vieja usanza.
"No podemos obligar al espectador a que nos vea sólo porque lo hacemos muy bien; la televisión es algo más", añade Juan Pedro Valentín. «Somos conscientes de que tenemos que acercarnos a los códigos de la televisión, y eso incluye la seducción. Tenemos que generar interés teniendo muy claro que los contenidos de los informativos no son los más atractivos, pero que tenemos una obligación moral en contar esos contenidos. Si nosotros descartamos los asuntos complicados y nos quedamos solo con los fáciles, estaremos haciendo un tipo de informativo que probablemente no va a saciar la petición de un montón de espectadores que quieren información. Y si nos quedamos solo con los contenidos más duros sin saber traducirlos y seduciendo con ellos, nos quedará un informativo demasiado duro para un espectador de televisión», explica el director de Noticias Cuatro. Aplicando el símil gastro, no se trata únicamente de ofrecer hamburguesa o brócoli: también hay evitar proponer solo turrón o solo papilla.
Para que las noticias en televisión sigan conservando su sex appeal es clave igualmente «el paraguas de la marca», como lo denomina Santiago González. ¿A qué se refiere? A que la información y quién trabaja con ella tienen que remar en la misma dirección. El director de Informativos de Antena 3 lo resume en una frase: "No dejar ningún espacio a los malos". Es decir, a los intoxicadores y propagadores de fake news.
Otro de los grandes desafíos de los informativos, asegura González, es tutelar a los canales en los que no hay orden ni concierto, ni reglas, ni exigencia de credibilidad: las redes sociales. Adaptarse a su lenguaje es una de las prioridades de todas las direcciones de informativos de todas las cadenas. Y poco a poco se va consiguiendo, aunque demasiado despacio para el ruido que "los malos" siguen generando.
La palabra con la que coinciden muchos de estos rostros y directivos de la información televisiva es "ayudar". Ayudar a que "la gente sepa que nosotros hemos hecho un trabajo", dice Ariztimuño. "Y ser conscientes de que tenemos una oportunidad extraordinaria", añade Pepa Bueno.
Según Valentín, "los telediarios son más importantes que nunca en un mundo donde ya no se trata de establecer qué es verdad, sino cuál es el relato". "Tenemos delante -continúa Moreno- una enorme oportunidad para el periodismo más convencional y más clásico. Somos el último dique frente al alud de la IA y la desinformación".
-¿Cuál es la revolución pendiente de la información en nuestro país? -le preguntamos a Resano.
-Me temo que la gran revolución no será la tecnológica. Será la revolución de la confianza.
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