
















"Vivimos en tiempos inciertos. Se están librando conflictos armados en nuestra zona del mundo. El terrorismo, los ciberataques y las campañas de desinformación se utilizan para debilitarnos e influir en nosotros...Debemos estar preparados para el peor de los escenarios: un ataque armado contra Suecia". En noviembre de 2024, ocho meses después de entrar en la OTAN, el Gobierno del país escandinavo envió a sus ciudadanos un folleto para enseñarles "a actuar en caso de crisis o guerra". Una guía que contiene indicaciones sobre qué alimentos y suministros hay que tener en casa, cómo actuar ante un atentado terrorista o un ataque aéreo, o instrucciones para hacer una evacuación y prestar primeros auxilios a heridos.
La invasión rusa en Ucrania trajo de nuevo la guerra a Europa hace cuatro años y puso en alerta a países que se habían acostumbrado a la paz. Pero no ha sido ni mucho menos el único conflicto bélico responsable de las estadísticas negras que está dejando esta década en lo que se refiere a las guerras que se libran en el mundo.
Las elaboran precisamente en Suecia. La Universidad de Uppsala inauguró en 1971 el Departamento de Investigación de la Paz y del Conflicto, que gestiona una base de datos que abarca conflictos y violencia organizada desde 1946. A finales de los años 70 pusieron en marcha el Programa de Datos de Conflictos de Uppsala (UCDP por sus siglas en inglés), del que es jefa de proyecto la analista política Therese Pettersson.
Su equipo se dedica a investigar las guerras en el mundo, cuántas víctimas causan y quiénes son. Podríamos decir que cuantifican el horror para analizar las tendencias. Y la tendencia de los últimos años es indiscutiblemente mala antes incluso de que el pasado 28 de febrero comenzara la guerra en Irán que mantiene en vilo al mundo. Porque en este centro sueco se ocupan de todas las guerras, también las 'olvidadas', las que rara vez aparecen en los medios de comunicación y acaparan el debate público.
En 2001, publicaron el primer conjunto de datos retrospectivo que cubría el periodo 1946-2000. Desde entonces, sus estadísticas se han actualizado cada año y se ha convertido en una de las bases de datos más usadas en estudios de paz y seguridad internacional.
Su último informe, difundido a mediados de 2025, mostró que el número de conflictos armados en el mundo alcanzó un máximo histórico en 2024, batiendo a su vez el récord registrado el año anterior. Se contabilizaron 61 conflictos activos en los que participó al menos un Estado, frente a los 59 de 2023. Once de esos 61 conflictos alcanzaron el nivel de guerra -los que causan al menos 1.000 muertes relacionadas con combates en un año-. La de Ucrania fue la más mortífera, con 76.000 muertes relacionadas con combates ese año. Su análisis de 2025 aún no ha concluido pero sigue la misma tendencia al alza: "Los datos preliminares sugieren que el nivel actual es el más alto registrado por UCDP desde el inicio de la recopilación de datos en 1946", adelanta.
Ahora están haciendo también el seguimiento del conflicto en Irán, aunque como explica esta investigadora, "recopilar datos fiables en medio de una guerra en curso es extremadamente difícil, especialmente cuando el uso de internet está restringido y el acceso a las zonas afectadas es limitado". Según las estimaciones de organizaciones de derechos humanos, "los ataques en Irán han superado el umbral de guerra, es decir, 1.000 muertes relacionadas con combates. Los enfrentamientos en Líbano entre Israel y Hizbulá, que en nuestra base de datos se considera como un conflicto diferente, aún no han alcanzado ese umbral, aunque la intensidad actual de los ataques sugiere que podría alcanzarse pronto".
"Los ataques con misiles nunca han producido una transición política ordenada, y nada sugiere que Irán vaya a ser la excepción"
Esa dificultad para obtener datos fiables quedó de manifiesto también durante las masivas protestas internas de la población civil en Irán que se produjeron meses antes del ataque de EEUU e Israel a Irán. Las estimaciones del número de muertos por la represión del Gobierno iraní oscilaron entre los 7.000 y los 36.500 muertos. Según Pettersson, "la cifra más creíble es de alrededor de 20.000 muertos y se basa en evidencias médicas procedentes del interior de Irán citadas por Naciones Unidas. La lista verificada de 7.000 nombres representa el mínimo absoluto, ya que fue recopilada durante un apagón casi total de internet, organizado específicamente para impedir la documentación de los hechos. Por otro lado, la cifra de 36.500 muertos se basa en documentos de inteligencia filtrados que ninguna fuente independiente ha podido confirmar", argumenta.
Para esta investigadora, la escalada en Irán es altamente preocupante: "Las campañas aéreas y los ataques con misiles nunca han producido una transición política ordenada en ningún lugar, y nada en esta campaña sugiere que vaya a ser la excepción", advierte. «Aún no hemos registrado los eventos posteriores al 3 de marzo, pero la organización Media Luna Roja Iraní estima que al menos 1.400 personas han muerto en Irán desde el 28 de febrero. El objetivo declarado era pasar de atacar objetivos militares a provocar un cambio de régimen, pero sin un plan, sin fuerzas terrestres y sin un socio político dentro de Irán que pueda concretar ese resultado".
¿Qué escenarios hay por delante? "El conflicto ya es regional, y Washington tiene el interruptor para apagarlo. Aun así, Irán ha construido toda su doctrina militar en torno a la idea de absorber los golpes y responder el tiempo suficiente como para desgastar la voluntad política del atacante. Si Trump se mantiene en el plazo de cuatro o cinco semanas que ha proyectado y acepta como suficiente la degradación militar lograda, podría terminar pronto. Si los objetivos de EEUU siguen ampliándose hacia un cambio de régimen, o si se hace necesario un componente terrestre para asegurar el estrecho de Ormuz, el calendario cambiará y el conflicto podría volverse más prolongado y geográficamente más amplio".
Por tanto, desde su punto de vista, "la principal preocupación para la comunidad internacional es el riesgo de que la escalada continúe y expanda el conflicto geográficamente o dificulte la desescalada diplomática". No obstante, no ve indicios de que el conflicto actual en Irán vaya a conducir a una confrontación militar entre Estados Unidos y otras grandes potencias como Rusia o China: "Rusia está ocupada con la guerra en Ucrania, y China se ha centrado hasta ahora principalmente en la influencia económica y diplomática más que en una implicación militar directa".
Sí teme que la guerra en Irán pueda afectar a las negociaciones de paz en Ucrania, en las que "la presión internacional ha sido crucial, al igual que el apoyo internacional ha sido fundamental para mantener la capacidad militar de las fuerzas ucranianas. Si la atención se desplaza hacia otras zonas de conflicto, esto podría traducirse en una menor presión sobre Ucrania y Rusia para negociar, pero también potencialmente en un menor apoyo a Ucrania".
Y mientras tanto se abren otros frentes. En el primer año de su segundo mandato, Donald Trump ha lanzado campañas de bombardeos en siete países (Irán, Yemen, Siria, Irak, Somalia, Nigeria y Venezuela) y ha amenazado con anexionar Groenlandia e intervenir en Cuba: "Dado que Trump insistió en que pondría a EEUU en primer lugar y que no se implicaría en guerras en el extranjero, el ritmo de la implicación militar me ha sorprendido. Al mismo tiempo, ha demostrado repetidamente su disposición a actuar de forma impredecible, lo que hace difícil anticipar lo que puede ocurrir en el futuro".
Para esta analista, "resulta especialmente preocupante el incremento de los conflictos interestatales que se ha visto en los últimos años, dado que tienen el potencial de volverse más letales que los conflictos internos debido a los recursos y al poder militar implicados". "Una de las explicaciones es que el orden internacional basado en reglas, históricamente respaldado por el poder de EEUU, está siendo cada vez más cuestionado", reflexiona.
La incursión de EEUU en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro a principios de año puede agudizar esta tendencia: "El hecho de que el respeto por la integridad territorial y por el derecho internacional parezca haberse debilitado podría, sin duda, aumentar el riesgo de que otros dirigentes hagan lo mismo en otros contextos. Cuando las grandes potencias transmiten la señal de que esas normas son menos vinculantes, puede reducirse el coste político para otros gobiernos que estén considerando la expansión territorial o una intervención militar".
"El orden internacional basado en reglas, históricamente respaldado por el poder de EEUU, está siendo cada vez más cuestionado"
En lo que respecta al número de víctimas, globalmente se estima que en 2024 murieron 160.000 personas por violencia organizada, lo que situó a ese año como el cuarto más violento desde que en 1994 se produjera el genocidio en Ruanda. Por otro lado, 2022 fue un año excepcionalmente mortífero porque, según recuerda Pettersson, "vimos dos guerras extremadamente letales desarrollándose al mismo tiempo: la guerra en Ucrania, que ha continuado con el mismo alto nivel de intensidad, y la guerra en Tigray entre el gobierno etíope y el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), que provocó al menos 160.000 muertes solo en 2022. Esa guerra terminó con un alto el fuego en noviembre de 2022, lo que condujo a una disminución sustancial de las víctimas mortales a nivel global en 2023. Tanto la guerra de Tigray como la guerra en Ucrania se caracterizaron por la guerra de trincheras y el uso de infantería, más que por la guerra de guerrillas, lo que se tradujo en un elevado número de bajas".
Otra de las tendencias que se desprenden de sus estadísticas es que "en los últimos años se han registrado niveles crecientes de violencia dirigida explícitamente contra civiles. Esta tendencia también continúa en 2025, con un aumento aún mayor de las muertes causadas por este tipo de violencia según nuestros datos aún no publicados. Las masacres vinculadas a la guerra civil en Sudán, en particular la violencia en Al Fashir, en Darfur, impulsaron esta tendencia en 2025", explica Pettersson.
En total, UCDP registró en 2024 13.900 muertes en ataques dirigidos contra civiles, un aumento del 31% respecto a 2023. El grupo terrorista Estado Islámico fue el actor más mortífero, responsable de 3.800 víctimas civiles, la mayoría en la República Democrática del Congo (RDC). "Los conflictos en la RDC -porque hay varios en curso al mismo tiempo- son un ejemplo de los llamados conflictos olvidados de los últimos años. El más destacado en la actualidad enfrenta al gobierno congoleño con la alianza AFC, respaldada por Ruanda, de la que el movimiento M23 es un componente clave. Este conflicto se intensificó significativamente a finales de 2024, cuando las fuerzas de la AFC tomaron el control de grandes partes de la provincia de Kivu del Norte", expone.
También existe una dimensión regional en este conflicto: "Ruanda respalda a los rebeldes congoleños, mientras que rebeldes ruandeses combaten junto al gobierno congoleño. Además, hay conexiones con conflictos en Burundi", contextualiza.
Pese a ello, la situación en Sudán o República Democrática del Congo recibe poca cobertura de los medios, algo que sigue impresionando a Pettersson: "Lo que todavía me sorprende en este trabajo es lo increíblemente diferente que es el flujo de información según el conflicto: cómo algunos conflictos acaparan completamente los informativos mientras que otros ni siquiera llegan a los titulares". A lo largo de los años, repasa, "hemos tenido muchos de estos conflictos olvidados: Yemen durante muchos años, Sudán, Myanmar, la República Democrática del Congo o Etiopía; mientras que en otros recibimos actualizaciones varias veces al día, como ocurre con Gaza o con el actual conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán".
"Cuando se trabaja con estos datos se hace muy evidente que se necesita un esfuerzo más sistemático para tener una visión general de lo que ocurre en el mundo", reclama esta analista, que asegura que "es muy difícil obtener una imagen precisa de la realidad basándose únicamente en lo que vemos en los medios de comunicación".
En su tarea de intentar recabar datos fiables en zonas de conflicto, "procuran utilizar tantas fuentes diferentes como sea posible para corroborar y triangular la información procedente de zonas de conflicto, por ejemplo las propias partes beligerantes, testimonios de testigos presenciales, organizaciones de derechos humanos, ONG locales, familiares de las víctimas, etc.", explica. "Como norma general, tendemos a confiar en las partes en conflicto cuando reconocen sus propias pérdidas, pero no necesariamente en las afirmaciones que hacen sobre las pérdidas del enemigo", señala Pettersson, que afirma que los datos del UCDP "no deben considerarse una lista completa de todas las muertes violentas en un país, sino una base que se utiliza para estudiar tendencias y patrones a lo largo del tiempo y del espacio",
Otro de los retos a los que se enfrentan en su centro de investigación es la dificultad de distinguir entre civiles y miembros de grupos armados: "Cada ataque individual, batalla, bombardeo aéreo o incidente con minas terrestres se registra como una observación independiente con coordenadas geográficas y una fecha específica. Para cada evento también registramos el número de víctimas pertenecientes a las dos partes en conflicto, el número identificado como civiles y una categoría que denominamos identidad desconocida".
En algunos conflictos, advierte, es extremadamente difícil determinar la identidad de las víctimas: "Esto puede deberse a un acceso limitado a la zona afectada, a informes contradictorios o a la ausencia de documentación fiable. Ocurre sobre todo en casos de violencia vinculada al crimen organizado, donde la distinción entre civiles y combatientes suele ser difusa, y también en situaciones en las que se utilizan formas de guerra indiscriminadas, como la artillería o los bombardeos aéreos en entornos urbanos".
Así, en conflictos como el de Gaza "ha resultado difícil obtener estadísticas fiables sobre qué víctimas son civiles y cuáles tienen vínculos con grupos armados. Es un área sometida a intensos bombardeos aéreos, muy densamente poblada y prácticamente aislada -de modo que periodistas y organizaciones internacionales no tienen acceso. Además, la infraestructura necesaria para registrar este tipo de estadísticas fue destruida muy pronto", explica. "La categoría de 'identidad desconocida’ es nuestra forma de señalar esa incertidumbre o falta de claridad en las estadísticas. Sin embargo, la información suele mejorar con el paso del tiempo, cuando es posible investigar y analizar lo que realmente ocurrió y cuando los datos dejan de ser tan sensibles por razones puramente estratégicas".
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。