























En la primera planta del centro comercial Aragonia de Zaragoza, uno de los menos transitados de la ciudad, se halla una academia con un concepto revolucionario en España. Un lugar en el que los niños que no están interesados en perseguir los clásicos sueños de ser futbolista o cantante pueden formarse para ser inventores y poder cambiar el mundo.
En octubre de 2018, el proyecto de la Academia de Inventores vio la luz de la mano de Luis Martín, Esther Borao y Jorge Mata, tres auténticos frikis de la ingeniería y la creación de herramientas, que tenían la ambición de brindar a los más jóvenes un espacio en el que poder desarrollar sus aptitudes e inquietudes tecnológicas.
En este centro, de no muy grandes dimensiones, niños y niñas de 3 a 18 años reciben clases de mecánica, robótica, ciencia y programación. Estas están divididas en cuatro espacios, decorados en base a la temática que se aborda en cada uno de ellos y equipados con pantallas, ordenadores, impresoras 3D, sopletes y todo tipo de herramientas. Además, cuentan con una quinta estancia en la que los niños más pequeños reciben sus primeras clases.
"Nuestros alumnos empiezan en Baby Inventores, donde intentamos que descubran que existe la electricidad o la colorimetría mediante experimentos. A los 6 años pasan a Mini Inventores y ahí subimos un poco la carga. A medida que crecen, las asignaturas adquieren una mayor dificultad, hasta que llegan a los 16 años y empiezan a formar parte del Club de Inventores", explica Luis Martín. "En esta última etapa, que dura dos años, eligen un proyecto y trabajan en él durante todo el curso".
Allí hay niños y adolescentes que llevan más de cinco años recibiendo clases de forma semanal, lo que les permite tener una formación tecnológica mucho más amplia que el resto de sus compañeros del colegio o del instituto.
Un buen ejemplo de ello es Vega Callén, quien empezó en el centro a los nueve años. Ella, que hoy tiene 16, quiere ser programadora de videojuegos, y comenzó las clases para "aprender cosas que no se dan en el colegio".
Vega, junto a Luis Martín y otros tres niños, se presentó a Got Talent, el concurso televisivo de Mediaset, hace tres años. Cada uno de ellos llevó un invento propio y se lo mostró al jurado para que lo probara. Ella llevó su 'casco palomitero', que, explica, "básicamente era un casco de obra con un cubo de palomitas montado sobre un soporte diseñado por impresora 3D para comértelas sin esfuerzo, con solo darle a un botón".
Ataviada con su bata blanca, recuerda que "lo mejor de la actuación fue cuando Ian, el niño más pequeño de todos, cogió su 'ristificador' (una especie de escopeta de papel higiénico) y disparó a Risto Mejide en la cara, con lo que nos quedamos todos alucinando".
Otro alumno de la Academia es Darío Pelegrín, de 15 años, que se matriculó a los 10 y todavía continúa recibiendo clases. Levemente cohibido por la grabadora, rememora varios proyectos que le ha encantado realizar, como "un polígrafo funcional con un papel higiénico y una sujeción para un bolígrafo o un sensor de humedad útil para regar plantas de manera automática cuando estas necesitan agua".

Darío Pelegrín, alumno de la Academia de InventoresToni GalánE.M.
Quiere ser ingeniero mecánico y no descarta trabajar algún día en el gran circo de la Fórmula 1, para lo que, reconoce, saca ya una cierta ventaja a sus compañeros de clase. "El año pasado nos pusimos a soldar en la asignatura de Tecnología y, mientras nadie entendía lo que había que hacer, para mí resultaba fácil, porque llevo cinco años haciéndolo aquí", explica.
Ambos reconocen estar "muy contentos" con su experiencia, porque les ha permitido acceder a "conocimientos que nos van a ser muy útiles en el futuro". Asimismo, les ha servido para "conocer gente de nuestra edad que tiene nuestros mismos intereses, que no es algo muy normal".
Eso mismo era lo que buscaban Luis, Esther y Jorge al crear este centro, ya que ellos, cuando eran pequeños, no tuvieron la oportunidad de acceder a un espacio en el que explorar de dónde venía su interés por inventar.
"Fue así como surgió la idea de la Academia de Inventores. Igual que un niño con inquietudes musicales va al conservatorio y sigue un proceso hasta especializarse, aquí ocurre lo mismo con quienes sienten interés por la ciencia y la tecnología. Pueden empezar a formarse antes de los 18 años y llegar a la universidad con una base sólida", expone Martín.
Sobre su formación, Luis indica que "Jorge es técnico superior de electrónica y automática, Esther es ingeniera industrial y yo soy ingeniero electrónico e industrial". Se conocieron cuando los dos varones regentaban un hackerspace (centro donde personas con intereses compartidos en tecnología, ciencia, arte digital o electrónica se reúnen para socializar, colaborar y trabajar en proyectos) en el barrio de La Magdalena de Zaragoza y allí decidieron aliarse para aunar sus cualidades y vivir de la tecnología.
En primera instancia, decidieron montar una empresa de desarrollo tecnológico-creativo, pero la falta de beneficio económico los llevó a derivar su actividad a la formación de particulares y empresas.
Mediante esta vía entraron en contacto con Edelvives. Su director general, Alejandro Cebrián, explica desde la sede central de la editorial aragonesa que "Luis, Jorge y Esther vinieron a presentarnos un robot educativo y, aunque el proyecto no nos gustó demasiado, nos quedamos enamorados de su frescura, de su capacidad y de su visión". Así, surgió la oportunidad de que la compañía decidiese apostar por ellos, para lo que les cedió el centro en el que hoy imparten sus clases.
La Academia de Inventores actúa como centro de Investigación y Desarrollo para la editorial. Cuentan con una sección dedicada a la creación de herramientas STEAM que puedan ser aplicadas en el proceso educativo para alumnos de colegios e institutos de todo el país.
Una de sus creaciones fue el maletín de Electrolab, un kit educativo de Arduino (plataforma de hardware y software de código abierto) que sirve para crear proyectos de programación y fomentar el pensamiento computacional. En el colegio de El Pilar Maristas de Zaragoza ya trabajan con esta herramienta. Su director, José Luis Escudero, explica que esta herramienta se ha "empleado para que los alumnos hagan un proyecto relacionado con frecuencias de sonido, detección de registros de cada uno de los sonidos, volumen...".
Con todo, tras atravesar una grave crisis por la pandemia, Luis, Jorge y Esther cuentan con un equipo de 30 personas a su cargo, han logrado reunir a más de 450 alumnos y expandirse hacia Madrid y Valencia, donde han replicado al milímetro el centro de Zaragoza. Además, explican, "la intención es que la Academia de Inventores se desarrolle hacia un modelo de franquicias y estar presentes en todas las ciudades de España con más de 100.000 habitantes", para revolucionar el mundo con nuevas invenciones.
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