




















En 1589 Venecia sufr�a una gran crisis. El imperio otomano, al este, y las rutas mar�timas de espa�oles y portugueses con Am�rica, al oeste, ahogaban el comercio y su posici�n de privilegio en el Mediterr�neo. La Rep�blica Seren�sima necesitaba nuevos ingresos para evitar la quiebra. Anhelaba un milagro econ�mico y el milagro lleg�. Ten�a nombre propio: Marco Bragadino. Con una labia equivalente a la de un argentino superdotado de oratoria de nuestro tiempo, este hombre anunci� ser capaz de resolver los problemas venecianos gracias a sus conocimientos de alquimia. Hizo una demostraci�n delante de los nobles de la ciudad: tom� un trozo de metal, lo reg� con una extra�a sustancia -cuyos ingredientes se neg� a revelar- y mostr�, tras purificarlo, una pepita de oro. Semejante poder, que garantizaba rescatar el Tesoro veneciano, no era barato. Los nobles, tan desesperados como fascinados, accedieron a todas sus demandas, por muy exc�ntricas que fueran, como vivir en un palacio o recibir el salario de un ministro.
No importaba el gasto: Venecia iba a regatear la decadencia gracias a Bragadino.
Al cabo de un a�o, nuestro protagonista abandon� a escondidas la ciudad de los canales, temeroso de los ataques de quienes dudaban de su talento para la trasmutaci�n de la materia y que hab�an revelado que Bragadino no era quien dec�a ser, un hijo ilegitimo de un famoso condottiero veneciano fallecido. Su verdadero nombre era Mamugn� y su origen era chipriota. March� hacia el norte en busca de una nueva oportunidad y pronto consigui� engatusar al duque de Baviera con sus prodigios �uricos. Pero los alemanes del pasado, como los del presente, son menos pacientes que los italianos. Bragadino fue ejecutado por farsante en la plaza del mercado de M�nich. Cost� trabajo. El verdugo necesit� de tres hachazos para decapitarle.
Los bregadinos del mundo siempre han aparecido en los m�rgenes de la sociedad, intentando prosperar a la espera de asaltar una comunidad cr�dula o codiciosa en un determinado territorio. Sin embargo, su Venecia resulta hoy ser el mundo entero. La explosi�n de caraduras que llenan la esfera p�blica es una de las caracter�sticas m�s llamativas de una �poca que da pie a un n�mero sorprendente de creencias, esperanzas y anhelos.
Eso sostiene Mois�s Na�m, director durante m�s de una d�cada de la revista Foreign Policy, columnista y ex ministro de Venezuela, que ha escrito, junto al periodista Quico Toro, el ensayo Charlatanes (Ed. Debate). Un libro dedicado al papel de los farsantes en la manipulaci�n de las masas y de los mercados. �Antes estos personajes se circunscrib�an a una geograf�a muy limitada, ahora son internacionales�, explica Na�m por videollamada. �Gracias a la tecnolog�a muchos se han convertido en virales y globales�. Ejemplos de ellos son el maestro de la autorrealizaci�n neerland�s Bentinho Massaro, la sanadora emocional Teal Swan o la secta para encontrar tu �llama gemela�.
Para saber m�s
Para la antrop�loga argentina Irina Podgorny, la l�gica de la estafa de estos sujetos es la misma, lo que ha cambiado es la escala. Antes se convert�a el plomo en oro y hoy se venden consejos de emprendimiento para hacerse millonario en tres meses. Antes se vend�a un crecepelo y hoy una dieta milagrosa para desterrar las lorzas sin esfuerzo. Antes se iba en carromato, hoy navegan por Instagram, TikTok y YouTube.
�Los charlatanes son agentes hist�ricamente ligados a la adopci�n temprana de las innovaciones y medios m�s importantes surgidos en la edad moderna�, explica Podgorny, que es autora de Charlataner�a y cultura cient�fica (La Catarata) y Charlatanes. Cr�nicas de remedios incurables (Eterna Cadencia de Buenos Aires). �Usaron la imprenta para publicitar sus curas, los dispositivos �pticos como telescopios para mostrar grandes 'maravillas' en la feria, y el cine para convertir expediciones y arqueolog�a en espect�culo, mezclando siempre ciencia, aventura y relato visual�.
La viralidad ha sido el impulso determinante que ha convertido a muchos charlatanes en pol�ticos populistas de gran �xito. Lo que so�� Bragadino con lograr en Venecia es algo que, en 2026, suena a una ambici�n modesta. �Vivimos en una �poca de oro para los charlatanes�, afirma Mois�s Na�m.
Prueba de ello es el fantasma que recorre las p�ginas de su libro, que no es otro que el de Donald Trump. Hablamos del m�s grande, del que m�s lejos ha llegado nunca dentro de este colectivo de talentosos farsantes, al menos en la historia contempor�nea.
�Entre un vendedor de aceite de serpiente y el charlat�n pol�tico actual las similitudes son enormes: ambos simplifican un problema, juegan con la escasa capacidad de verificaci�n de sus v�ctimas y ofrecen soluciones milagrosas�, dice In�s Olza, investigadora en Ling��stica del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra. �Su labor consiste en nuevas recetas para un plato conocido. Pueden ponerse nuevos disfraces, pero el mecanismo discursivo es el mismo�.
Que Trump es un charlat�n, no es un juicio ideol�gico sino un hecho. Trump es el mejor de todos porque cuenta con apoyo popular y domina una t�cnica recaudatoria de fondos. Su familia, seg�n estima una investigaci�n de The New Yorker, ha podido ganar 3.400 millones de d�lares a lo largo de su carrera pol�tica. El mayor volumen de ingresos procede del sector de las criptomonedas, que les ha generado 2.400 millones de d�lares.
Pero el estilo farsante de Trump para hacer dinero viene de lejos. En 2004 fund� la Universidad Trump, un proyecto educativo que ofrec�a t�tulos de grado, posgrado y hasta de doctorado. Eso a pesar de que las autoridades le advirtieron que no pod�a usar el t�rmino universidad porque no cumpl�a con los requisitos exigidos, muy estrictos en EEUU. Pero Trump no la cerr�. Al contrario, promocion� su excelencia formativa que daba acceso a las supuestas f�rmulas que hab�an llevado a su famoso fundador a triunfar en el mundo de los negocios.
En su testimonio bajo juramento, el comercial Ronald Schnackenberg desvel� que, en realidad, los fundamentos de la universidad trumpiana promov�an �una estafa que obligaba constantemente a vender algo m�s�. El primer mandato que recib�an desde arriba era conseguir que los estudiantes pagaran primero 1.500 euros por un seminario completamente vac�o de contenido, luego en ese mismo curso se les vend�a el seminario de �lite por 35.000 d�lares, en el que realmente se les revelaban consejos m�gicos de inversi�n. Y si aceptaban esa tarifa, hab�a que sacarles m�s dinero con productos que no se agotaban: desde libros hasta apuntes confidenciales. Siempre hab�a un escal�n m�s en la sabidur�a del m�todo Trump.
"Los charlatanes son agentes hist�ricamente ligados a la adopci�n temprana de las innovaciones", sostiene la antrop�loga Irina Podgorny
Las denuncias de muchos de los alumnos siguen embarradas en eternos procesos judiciales por culpa de la legi�n de abogados de Trump. Se estima que el presidente pag� 40 millones de d�lares s�lo en seis meses en servicios legales para atender todos los casos que le acorralan. Lo mejor es que ese dinero apenas ha salido de su fortuna. Como buen charlat�n, sufraga estos honorarios con donaciones de sus seguidores.
Que Trump sea el primero en llegar tan alto no significa que sea el �nico. Para los autores de Charlatanes, Berlusconi es el �paciente cero� de esta era de incertidumbre que vivimos, alguien que descubri� que lograr apoyo electoral requer�a la misma t�cnica comercial que vender detergente para lavavajillas. Aunque seguramente el caso m�s flagrante del �xito de un coro de charlatanes lo protagoniz� el Brexit, en 2016. Quienes m�s mintieron al electorado con informaciones falsas en aquella campa�a, m�s r�dito pol�tico obtuvieron. Boris Johnson lleg� a primer ministro, mientras que el incombustible Nigel Farage, l�der populista brit�nico, podr�a acabar pronto en Downing Street, seg�n apuntan algunas encuestas.
En 2026 ya hay suficientes datos para hacer un retrato robot del charlat�n politiquero. Na�m y Toro lo dibujan: De casi todos se dice que son encantadores, quiz�s superficiales. Aparentan ser muy inteligentes, tienen un ego superlativo y su imperio se construye vendiendo sus m�ritos y talentos de forma desaforada. Nunca sienten empat�a por quienes destruyen, son irascibles si se les contradice y les gusta mucho el sexo. Se centran en lo inmediato y cuando piensan en algo a largo plazo, descarrilan.
Otro fen�meno peculiar de esta edad de oro del manipulador es que muchos de sus golpes los han dado gracias a su inmersi�n en las guerras culturales de esta �ltima d�cada. Han sabido ver antes que nadie que el mejor combustible por manipular es la polarizaci�n. Porque con esa tensi�n que no cesa sus v�ctimas se hacen menos preguntas.
�A una persona despiadada le resulta f�cil manipular los sue�os partidistas para obtener beneficios o poder�, sostiene Na�m. �Por eso la guerra cultural en EEUU es una de la mayores minas de charlatanes del mundo�.
Los hay en cualquier espectro ideol�gico. El charlat�n es flexible y cuando conviene se hace de derechas, de izquierdas o de centro. Estos son dos ejemplos en la tierra prometida de los tah�res a ambos lados del Mississippi ideol�gico.
Por el extremo m�s reaccionario, Brian Kolfage resulta el m�s fascinante. Hablamos de un veterano de guerra tullido de la Guerra de Irak que mont� varios foros de ultraderecha que, seg�n los jueces, eran aut�nticas maquinas de fake news. Pero esa no fue su mejor creaci�n charlatanista.
En 2018, Kolfage vendi� a su comunidad una idea y, aun mejor, un eslogan: �Construimos el muro� (We Build the Wall). Seg�n sus postulados, si los progresistas de Washington iban a retener los fondos para impedir que Trump levantara el muro con M�xico que hab�a prometido en su primera campa�a electoral, �l conseguir�a fondos por la v�a privada. En su campa�a recaud� mil millones de euros de sus entusiastas seguidores. Lo que pasa es que no ten�a intenci�n de construir nada. En 2022 entr� en prisi�n condenado por fraude a los donantes.
M�s sofisticado fue el timo de las activistas antirracistas Regina Jackson y Saira Rao, que crearon una organizaci�n radical defensora de la ideolog�a woke. �C�mo funcionaba? Consegu�an que una persona les pagara 2.500 d�lares para que acudieran a su casa para ense�arle a ella y a sus amigos blancos lo racistas que eran. Si sus clientes reconoc�an que ten�an un amigo negro, eran reprendidos. Eso, para Jackson y Rao, era s�lo una coartada de su supuesto supremacismo oculto. M�s bronca ca�a si confesaban haber donado dinero a una ONG contra el racismo. Esa demostraci�n, para ellas, no era m�s que una forma miserable de expiar tus pecados y los de tus antepasados esclavistas. Eras una basura humana, pero ellas te curaban. Si pagabas, claro.
�Qu� habr�a logrado hoy Marco Bragadino con la ayuda del mundo digital? Quiz�s tendr�a tres millones de seguidores en redes sociales, habr�a inflado artificialmente una criptomoneda suya -llamada, pongamos, el bragadicoin- y es posible que viviera en el Palacio del Quirinal de Roma. Hoy ser�a emprendedor, youtuber y presidente de la Rep�blica Italiana.
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