

























POV (Punto de vista, por sus siglas en inglés): eres una chica tipo B», comienza diciendo una voz femenina mientras el encuadre de la cámara muestra el caos doméstico de su habitación. Con el deslizamiento de un dedo por la pantalla, el escenario cambia drásticamente. De nuevo, una mujer joven se coloca frente a su teléfono y, convencida, asegura: «Estos son los pasos a seguir para convertirse en una coquette girl como yo». Una vez más, el vídeo de TikTok comienza igual que el anterior. No es una anomalía algorítmica, sino la prueba fehaciente de que la identidad ya conforma un binomio inseparable con las redes sociales. Gym bro, It girl, clean girl, golden retriever boy... Todas etiquetas que hoy plagan las plataformas y con las que también se vincula a celebridades del día a día. La ciencia considera probado que se puede predecir el contenido que un usuario frecuenta utilizando únicamente algunos rasgos de su personalidad. Pero, ¿es posible que estas plataformas también afecten a la propia construcción de la identidad de quienes las consumen?
En los espacios virtuales, los usuarios seleccionan lo que muestran de sí mismos y a menudo se termina difuminando gradualmente la línea entre el yo performativo y el yo real, es decir, entre la imagen que se proyecta y la personalidad íntima. Para quienes habitan en el centro de este fenómeno, como Ariadna Giner (Barcelona, 1998), creadora de contenido de estilo de vida y belleza, estas etiquetas de identidad trascienden la pantalla. Ella lo tiene claro: su personalidad es la de una Pinterest girl. «Ser así no es algo estético ni superficial, como podría parecer; para mí es una forma de vivir», apunta la influencer sobre su deseo de encasillarse en un estereotipo. El término al que hace referencia procede de Pinterest, la plataforma de inspiración por excelencia, y su aplicación en este contexto es casi poética. «Es como romantizar tu vida. Hago las cosas porque las voy a ver estéticas, porque me voy a sentir bien haciéndolas», recalca. ¿El origen del término Pinterest girl? En su caso, una estrategia de branding para crear una comunidad de seguidores. ¿El resultado? Un arquetipo virtual de personalidad que se ha filtrado a su realidad física.
Giner describe una vida cotidiana en la que el orden y la belleza son casi imperativos. «Me levanto como una hora y media antes de salir de casa para que me dé tiempo a hacer toda mi rutina tranquilamente, mientras el resto en casa están dormidos. Me gusta mucho ir despacio, disfrutar y romantizar cada cosa que hago», explica esta creadora de contenido con más de 130.000 seguidores. Su búsqueda de la vida estética la comparten otras figuras conocidas en redes como Irene Nortes, creadora de contenido inspirador. También entra en esta clasificación la mexicana Brenda Calva. Ella es una that girl, un arquetipo en el que la perfección se vuelve un hábito. Es una joven con una vida organizada, hábitos saludables y estéticamente correcta. «Significa ser esa niña que, sin esforzarse en llamar la atención, es súper interesante por sus hobbies, hábitos, forma de pensar, de vestirse y de ser», asegura la joven, con más de 120 mil seguidores en Instagram.
¿Por qué existe esta necesidad de encorsetar la existencia en personalidades específicas? La psicóloga Lara Ferreiro, especialista en desarrollo emocional, encuentra la respuesta en la fragilidad contemporánea del yo. Según explica, esta tendencia a las etiquetas se gesta a partir de la necesidad juvenil de pertenencia a un colectivo de iguales. No es la única evidencia. Un informe de la oficina europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya alerta de que uno de cada 10 adolescentes presenta problemas con las redes sociales, un dato que cobra un matiz antropológico cuando Ferreiro lo asocia directamente a la moda de los arquetipos digitales. «Este ecosistema favorece las etiquetas. Desde luego, es una tendencia en ascenso, donde ya no solo se representa a un personaje social, sino que tú ya empiezas a organizar tu forma de ser en torno al personaje», asegura.
Brenda Calva, conocida en redes por su contenido de estilo de vida y por impulsar el tipo de personalidad that girl, explica que todo lo que publicita también se lo lleva a su vida privada. «Normalmente me despierto entre las cinco y seis de la mañana para alistarme para mis entrenamientos y ensayos de danza y priorizo mi crecimiento personal sobre todas las cosas», explica Calva sobre su rutina diaria. Lo mismo sucede con la catalana Ariadna Giner, quien aplica «al 100%» todos aquellos consejos que reparte en sus plataformas. «Intento hacerlo siempre al máximo en mi vida real, intento que todo siga una armonía muy Pinterest».
"En lugar de explorar realmente quién eres, te adhieres a una etiqueta, a una estética, a un guion social ya empaquetado"
Lara Ferreiro, psicóloga especialista en desarrollo emocional
Lo que las redes sociales han popularizado no es un concepto nuevo, desde luego, sino una nueva versión de la tendencia de muchas personas a adoptar roles en busca de seguridad. «En lugar de explorar realmente quién eres, te adhieres a una etiqueta, a una estética, a un guion social ya empaquetado. Los arquetipos digitales te dan una sensación de pertenencia y te ahorran el coste emocional de experimentar con identidades más abiertas», señala la experta en desarrollo emocional. Esta autocategorización a la que se refiere funciona como un bálsamo contra la incertidumbre que provoca la libertad absoluta.
El origen de todo esto, explica, está en los 12 arquetipos de Carl Jung: una especie de patrones universales que residen en el imaginario colectivo y que representan motivaciones fundamentales como el orden, la libertad social y hasta el ego. La taxonomía digital ha rescatado estas categorías de personalidad, de las que ahora se sustraen los términos coquette girl, del que forma parte la famosísima Lana del Rey, además del that girl o Pinterest girl de Calva y Giner. Esta última se identifica con la personalidad tipo B: «Calma, flexibilidad, creatividad y menos reactividad al estrés», describe Ferreiro. Y añade: «Digitalmente, son el tipo de persona que se identifica con la estética soft, pinterest o aesthetic».Su caso no es único. Irene Bello, otra creadora de contenido, también se posiciona dentro de esta categoría. Ella misma lo corrobora en varios vídeos de su cuenta de TikTok, en los que enumera rasgos de su personalidad: «Por ejemplo, me despierto y antes de irme a trabajar no hago la cama, o después de ir en Metro no me lavo las manos al llegar a casa. Cosas que en mi rutina no me doy cuenta».
Esta personalidad B no es la única que existe, claro. Las letras del abecedario se extienden por doquier, aunque las más destacadas son las cuatro primeras. «El A nació históricamente vinculado a rasgos como competitividad, impaciencia, urgencia, hiperexigencia y orientación al logro», explica Ferreiro. Esto es lo que digitalmente se traduce en la llamada «estética de la productividad», menciona la experta madrileña. Y añade: «El tipo C es más difuso y menos robusto como categoría, aunque suele asociarse a personas muy complacientes y perfeccionistas, que buscan no molestar en redes sociales». En última instancia -y siguiendo el orden alfabético-, se agrupan los conocidos tipo D, aquellos que son más propensos a experimentar emociones negativas. «Esto, llevado al extremo, puede llevar incluso a delitos de odio».
Jung, fundador de la psicología analítica, demostró sin quererlo que el ecosistema que ahora han creado las redes sociales sí contiene una base científica. «Representan arquetipos con los que te identificas, pero luego hay una performance que es tan exagerada... Están hiperficcionados, y eso es lo que más me preocupa», recalca Ferreiro. La especialista y autora del libro Ni un capullo más (Grijalbo) incide en algunos de los problemas derivados de esta tendencia en alza. «Cuando basamos la personalidad en un acto performativo, la identidad suele evolucionar hacia una dependencia extrema hacia esta etiqueta impuesta y se pierde flexibilidad personal».
"Ser así no es algo estético ni superficial, como podría parecer; para mí es una forma de vivir"
Ariadna Giner, una 'Pinterest girl'
Lara Ferreiro lo resume con claridad: «Una identidad sana no es una sola etiqueta sostenida, sino una estructura suficientemente sólida formada durante muchos años». Según afirma, basar toda la personalidad en este tipo de acto presenta múltiples síntomas negativos como la llamada rigidez del yo. La experta plantea una pregunta: ¿Dónde está el límite entre una performance en las redes y una intromisión en nuestro yo real? «El problema empieza cuando el personaje deja de ser una herramienta expresiva y se convierte en una obligación interna. Si el arquetipo es un juego expresivo, puede ser creativo, pero si se vuelve una estructura rígida que dicta tu valor y conducta, estaría interfiriendo en tu yo real», menciona.
Llama la atención que esta tendencia sea predominantemente femenina en su representación mediática. Mientras que los hombres suelen agruparse dentro de arquetipos de competencia o vinculados al estatus como gym bro -ese que siente pasión por el entrenamiento de fuerza y el físico-, el universo de las clean girls como Hailey Bieber o las que poseen esa energía main character como la creadora de contenido Bea Carpio, parece centrar la construcción de la identidad en la mirada externa y el ritual del autocuidado. Los datos, de hecho, demuestran que la autoestima también juega un papel clave en la construcción de la personalidad en redes. Y es que más de nueve de cada 10 mujeres sufren problemas de autoestima debido al uso inadecuado de estas plataformas, tal y como se desvela de un estudio elaborado por la Red de Atención a las Adicciones UNAD. Hay excepciones, por supuesto, y no son pocos los que asocian la dulce y amigable personalidad de golden retriever al actor británico Tom Holland.
Para las protagonistas, estas etiquetas se quedan muy lejos del estigma, y se tratan más bien de una herramienta de empoderamiento. En el caso de Ariadna Giner, ser una Pinterest girl e identificarse como tal es «un deber» que ella misma se ha asignado. «Intento aportar todos esos valores a las personas que se identifican de la misma forma que yo. Es una guía para aportarme a mí y aportar al resto». Brenda Calva concuerda con esa opinión: «Creo que las redes sociales en general existen para influenciar a las personas. Mi contenido sí influye en las personas que lo ven, y aunque eso conlleva una gran responsabilidad, también me motiva mucho». La psicóloga recoge, por su parte, los puntos más positivos de esta tendencia viral: «De alguna forma tomas una estética y te sientes apoyada por esa tribu urbana o esos grupos de amistad. Puede servir como laboratorio transitorio porque se convierte en una definición total del yo en pobreza».
Al final del día, la frontera entre lo que somos y el postureo se vuelve borrosa. Las redes sociales han permitido que la llamada Generación Z experimente con su identidad en un catálogo a escala global, y tome como referencia a las celebridades del momento para un mayor impacto. Y, seamos sinceros, ¿quién no ha querido lucir una estética tan cuidada como la de Hailey Bieber o un carisma tan marcado como el de María Pombo? Las posibilidades son ilimitadas. Así que, a veces, y solo a veces, merece la pena quedarse en TikTok y descubrir cuáles son esos pasos a seguir para convertirse en una coquette girl. ¿O no?
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