

























La nave espacial que despegará dentro de unas semanas rumbo a la Luna con cuatro astronautas a bordo lleva un pedacito de España. Uno de los componentes electrónicos del vehículo espacial Orión ha sido diseñado y fabricado en Madrid, en concreto, en las instalaciones de la empresa Airbus Crisa en Tres Cantos. Si no hay más retrasos, la NASA intentará lanzar su misión lunar tripulada Artemisa 2 desde Florida el próximo 1 de abril, tal y como anunciaron los responsables de la agencia el pasado jueves.
Nos ponemos una bata, gorro y patucos protectores para entrar en la sala limpia del Centro de Pruebas, donde se somete a un duro examen a los equipos que viajarán al espacio. En estos laboratorios hay unas condiciones controladas de humedad, temperatura, presión y filtración de aire para mantener en un estado óptimo estos delicados componentes.
La pieza fabricada en esta planta madrileña es la Unidad de Control Térmico (TCU) del Módulo de Servicio Europeo (ESM, por sus siglas en inglés), que es una de las dos partes de las que consta la nave en la que viajarán los tripulantes de Artemisa 2, la primera misión que llevará astronautas a la Luna desde 1972.
Lo proporciona la Agencia Espacial Europea (ESA), que eligió a Airbus Defence and Space como contratista principal en Bremen (Alemania). La NASA aporta la otra parte de la nave -la cápsula de la tripulación o Crew Module-, fabricada por la empresa estadounidense Lockheed Martin. En esa cápsula es donde los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen pasarán los 10 días que durará este viaje y durante el cual darán una vuelta a nuestro satélite. No llegarán a alunizar, pero si todo va bien, se convertirán en los seres humanos que más se alejen de la Tierra.
Como explica Fernando Gómez-Carpintero, director general de Airbus Crisa, "Artemisa es un programa superambicioso que tiene la vista puesta en Marte y consta de una etapa previa que se desarrolla en la Luna, donde se tienen que validar todas las tecnologías y estudiar cómo se comporta el cuerpo humano durante estancias prolongadas en el espacio exterior".
De momento sólo se ha llevado a cabo Artemisa 1, que fue una misión no tripulada que voló en noviembre de 2022 y duró 25 días. Ahora, la nave Orión llevará por primera vez astronautas. "El Módulo de Servicio que se hace en Europaes como el soporte vital para que puedan vivir los tripulantes en la cápsula, pues proporciona propulsión, comunicaciones y energía.Tiene muchas funciones y es en esta parte de la nave donde van las dos unidades de control térmico que hemos desarrollado, fabricado y probado aquí en España", explica Gómez-Carpintero. Ambas son idénticas y redundantes, es decir, la nave lleva dos unidades porque todos los sistemas están duplicados por si uno falla.
"Nuestra unidad es como el cerebro térmico que garantiza que las condiciones son las adecuadas para la tripulación y que las temperaturas de todos los elementos del Módulo de Servicio permiten que todo funcione correctamente", expone este ingeniero industrial especializado en electrónica. Además, añade, "cualquier fallo se traduce en una variación de la temperatura en algún sitio de la nave. Si eso ocurriera, la unidad de control térmico lo detecta, reconfigura el sistema e informa al ordenador para que se transmita la información".

La réplica o 'modelo de calificación' de la Unidad de Control Térmico de la nave 'Orión' que usan para hacer ensayos.
España, recuerda, contribuyó en los años 60 a las misiones Apolo con la antena de Fresnedillas de la Oliva (Madrid), a través de la cual llegaron las primeras palabras que pronunció Neil Armstrong al llegar a la Luna -hoy en día la estación madrileña de la NASA se encuentra en Robledo de Chavela y sigue formando parte de la Red del Espacio Profundo de la agencia de EEUU-. Pero con Artemisa, la colaboración va a ser mayor: "Es la primera vez que la NASA confía elementos críticos de la nave espacial a una empresa española", destaca.
Este contrato es, para el director de la compañía, "una consecuencia de muchos años de trabajo" y un motivo de satisfacción para la empresa: "Estamos muy orgullosos y no ha sido casualidad que la NASA nos haya elegido a nosotros para desarrollarlo en Tres Cantos", defiende.
La compañía Crisa (acrónimo de Computadoras, Redes e Ingeniería Sociedad Anónima) se fundó en 1985 y desde entonces han salido de esta planta componentes electrónicos para cientos de misiones espaciales. Para la NASA, por ejemplo, construyeron la estación meteorológica de los robots marcianos Curiosity, Perseverance o InSight. La nave europea BepiColombo, que a finales de año llegará a Mercurio; Juice, que explorará el sistema de Júpiter, las naves que estudian el Sol o los cohetes Ariane y Vega son otras misiones destacadas a las que han contribuido.
También ha salido de estas instalaciones la electrónica de la antena de los SPAINSAT NG, los satélites militares de comunicaciones seguras más avanzados de Europa. Uno de ellos, el SPAINSAT NG II, quedó recientemente inutilizado tras chocar con una partícula en el espacio, por lo que van a tener que fabricar un tercer satélite que lo reemplace.
Desde 2000, la empresa forma parte del grupo Airbus: "Desarrollamos productos para Airbus pero también para otros clientes", explica su director.
El programa para construir el Módulo de Servicio Europeo de Orión fue aprobado por los países miembros de la ESA en 2012, tal y como repasa Jesús Ortiz, experto de Airbus en sistemas electrónicos para el espacio: "Los diferentes subsistemas salieron a licitación, entre ellos la Unidad de Control Térmico, y nuestra empresa firmó el contrato en 2014. Fue todo un reto para nosotros porque era la primera vez trabajábamos en una unidad que iba a ir en un entorno habitable, así que hubo que seguir todos los estándares aplicables a misiones tripuladas", recuerda este ingeniero, que precisa que tardaron entre tres y cuatro años en desarrollar la unidad térmica para la misión Artemisa 1. La cuantía económica del contrato no ha sido revelada.
Una vez lista la unidad térmica, la mandan a la planta alemana de Airbus, que es donde se integran todos los componentes electrónicos del Módulo de Servicio Europeo aportados por las diferentes empresas que han ganado contratos. Después, esta parte de la nave Orión es trasladada al Centro Kennedy de Florida (EEUU) para que los técnicos de la NASA la unan a la cápsula de tripulantes. Posteriormente, la nave se ensambla en el supercohete Space Launch System (SLS) de la NASA, que la pone en órbita rumbo a la Luna.
Durante Artemisa 1, el vuelo de prueba de Orión a finales de 2022, las unidades térmicas "tuvieron un funcionamiento impecable", según Gómez-Carpintero. Ahora están deseando verla despegar de nuevo. El lanzamiento de Artemisa 2 estaba previsto para principios de febrero de este año, pero fue pospuesto a marzo por una fuga de combustible durante el ensayo general de la misión y, posteriormente, retrasado hasta abril por un problema con el flujo de helio de la etapa superior del cohete SLS. Una avería que, según aseguró la NASA el jueves, ya ha sido solucionada.
A diferencia de la cápsula donde viajan los astronautas, que se utilizará en diferentes misiones, el Módulo de Servicio Europeo se desprende del resto del vehículo durante el viaje de regreso a la Tierra y entra en la atmósfera para desintegrarse, por lo que hay que fabricar uno nuevo para cada misión.
Ya han salido de la planta madrileña las unidades de control térmico que irán en las futuras misiones Artemisa 3, 4 y 5, cuyos objetivos acaba de modificar la NASA. Hasta hace unos días, el plan era que Artemisa 3 alunizase con astronautas en 2028, pero la agencia espacial de EEUU ha reestructurado su programa lunar: la tercera misión orbitará la Tierra en 2027 para probar tecnologías claves para el alunizaje, y Artemisa 4 será la que aterrice en la Luna con astronautas al año siguiente.

Pero antes tendrá que despegar con éxito Artemisa 2. En el centro de pruebas madrileño tienen un componente idéntico a las Unidades de Control Térmico que están ensambladas en la nave que se encuentra en el Centro Espacial Kennedy de Florida. Lo llaman modelo de calificación porque, en palabras de Gómez-Carpintero, "es como el modelo de sacrificio" sobre el que hacen "una campaña masiva de pruebas para replicar las condiciones que hay en el espacio". En el ensayo mecánico se le somete a un nivel mayor que las unidades que van a ir al espacio. "Buscamos los límites ya que tiene que funcionar sí o sí. En la Luna no hay servicio técnico, así que si algo falla, no lo puedes arreglar", explica.
El objetivo, añade Jesús Ortiz, es que cumpla los requerimientos de la misión con margen: "Por eso, un leitmotiv que usamos mucho es:Test as you fly, fly as you test (prueba como vuelas, vuela como pruebas)".
La Unidad de Control Térmico está dentro de un contenedor de color negro y asas rojas de unos 30 centímetros de longitud. Pesa 10 kilos y medio y tiene un volumen de 16 litros. Uno de los mayores desafíos en el mundo espacial es lograr que los equipos sean lo más robustos posible con el mínimo peso posible: "En el espacio no hay aire, todo el calor que genera el componente se tiene que evacuar por conducción y para que la conducción sea buena, necesitas meter aluminio. Además, el aluminio permite que la caja sea lo más rígida posible pues hay mucho estrés mecánico. Pero como es muy caro poner masa en órbita, tiene que pesar lo menos posible", cuenta Gómez-Carpintero.
Jorge Peña, responsable del Centro de Pruebas, nos conduce por los diferentes laboratorios por los que pasan las piezas que volarán al espacio para someterlas a condiciones similares a las que tendrán que soportar. Hay una sala en la que hacen el llamado ensayo de compatibilidad electromagnética para comprobar cómo el equipo se comporta respecto al resto de la electrónica que hay en una plataforma. "Lo que buscamos con este test es que el equipo sea limpio magnética y eléctricamente, es decir, que haga muy poco ruido. Y el ruido se mide a través de los cables. Para escuchar el ruido de la unidad, tengo que hacer silencio absoluto a nivel eléctrico. Por eso, estas mesas y todo este suelo son de cobre", explica el director de la compañía.

Uno de los laboratorios en los que realizan los test a los componentes
A continuación, se llevan al laboratorio de ensayos mecánicos, donde hay plataformas vibradoras: "Aquí sometemos a las unidades a un estrés mecánico superior al que van a experimentar, sobre todo durante el lanzamiento, cuando van integradas en el cohete", detalla Peña.
Luego pasan por la sala de ensayos ambientales o térmicos, donde se exponen a diferentes ciclos de temperatura, de frío y calor, durante varios días seguidos. "Tenemos dos tipos de máquinas, que básicamente son como un horno y una nevera; todas funcionan a presión ambiente, no en vacío", compara Peña. "El equipo ha sido diseñado para tener en su estructura externa temperaturas que oscilen entre los -25 y 60 grados", precisa su colega Jesús Ortiz.
El examen incluye el paso por una de las tres cámaras de vacío térmicas que reproducen el ambiente que hay en el espacio profundo, incompatible con la vida. En total, la campaña de pruebas de las unidades térmicas de Orión dura unos dos meses y medio, y en la planta de Bremen, se hacen pruebas adicionales.
Esta pieza de la nave Orión no es la única aportación de España al programa lunar Artemisa. En Airbus Crisa se fabrica también un componente de la futura estación orbital lunar Gateway, que la NASA va a construir junto a la ESA, Japón y Canadá, y que tendrá varios módulos. "Nos encargamos del sistema de distribución de energía, que es una parte muy importante porque es como la estación eléctrica de la estación espacial. Gestiona toda la energía a bordo. Una vez sales de la atmósfera, necesitas energía para todo: para respirar, para navegar, para ver, para comunicarte, para hacer experimentos...", resume Gómez-Carpintero.

El director de Airbus Crisa, Fernando Gómez-Carpintero
Desde Airbus Crisa están haciendo el sistema para el primer módulo habitable de la estación, llamado HALO, cuyo lanzamiento está previsto para 2028. La unidad que viajará a la Luna se encuentra en una de las salas del centro de pruebas, cubierta por mantas térmicas. "Son casi 400 kilos de componentes electrónicos", dice el ingeniero.
La plataforma orbital Gateway irá creciendo e incorporando más módulos. El siguiente se llama Lunar I-Hab y España también contribuye a él:"Hemos conseguido que la NASA nos seleccione para hacer las estaciones eléctricas", afirma orgulloso Gómez-Carpintero, que destaca el papel de la industria de nuestro país. "Me gustaría que los españoles supieran que hay tecnología que va a ir a la Luna hecha aquí en España, en Madrid, y que no hace falta irse a Houston para poder trabajar en esto", defiende. "El espacio está en ebullición, y hacen falta más vocaciones técnicas. Nosotros tenemos una visión clara de fomentarlas entre los niños y las niñas, y que sepan que aquí la NASA hace cosas".
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