
















Pablo Scarpellini Los Ángeles
Actualizado
Kaley tiene 20 años y empezó a consumir vídeos de YouTube cuando solo tenía seis. Tres años más tarde ya había descubierto Instagram. La joven de Chico, California, un pueblo universitario al norte de Sacramento, se abrió una cuenta y empezó a dejarse seducir por la sucesión insaciable de imágenes y vídeos que le hicieron perder interés automáticamente por otras cosas. Poco tiempo tardó en hacerse adicta al bombeo incesante de dopamina. Con 10 años ya era usuaria de TikTok y a los 11 se enganchó a Snapchat.
Kaley se acostaba conectada a las redes sociales. Se despertaba en medio de la noche para revisar sus notificaciones. Y lo primero que hacía por la mañana era abrir la aplicación de Instagram. Durante el histórico juicio celebrado en Los Ángeles desde finales de enero, con Meta y Google en el banquillo, declaró que dejó de pasar tiempo con su familia por estar enganchada a las redes. Hubo un día que llegó a estar 16 horas conectada a las stories.
Tanto tiempo de pantalla derivó en graves problemas de salud mental. Empezaron los episodios de ansiedad, la depresión y los pensamientos suicidas, un caso muy mediático en el que declaró Mark Zuckerberg, CEO de Meta, y que se ha zanjado con un veredicto histórico. Tanto Meta, matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp, como Google, propietaria de YouTube, deberán pagarle a la demandante, identificada solo por sus iniciales, K.G.M., un total de seis millones de dólares de indemnización por haber construido, de forma intencional, plataformas adictivas que causaron graves perjuicios a su salud mental.
El jurado consideró que ambas empresas actuaron «con malicia, opresión o fraude» a la hora de tomar decisiones sobre cómo mantener enganchados a sus millones de usuarios, un caso en el que estuvieron implicados de inicio tanto TikTok como Snap, compañía matriz de Snapchat. Ambas alcanzaron un acuerdo extrajudicial previo.
Lo expuesto durante el proceso coincide con el relato de Frances Haugen, ex empleada de Facebook que en 2021 filtró miles de documentos internos que evidenciaban que la compañía conocía los efectos nocivos de sus plataformas, especialmente entre adolescentes, pero priorizó el crecimiento y los beneficios económicos.
Los abogados de Kaley creen que la indemnización a su clienta debería haber sido aún mayor a tenor del volumen de facturación de estos gigantes tecnológicos. Solo Meta vale 1,3 billones de dólares en capitalización bursátil. Aun así, están satisfechos con el carácter histórico de la sentencia.
«El veredicto de hoy es un referéndum de un jurado a toda una industria, de que ha llegado la rendición de cuentas», afirmó Joseph VanZandt, uno de los abogados de la demandante.
Sienta, además, un sólido precedente para las miles de demandas similares -cerca de 2.500- que hay pendientes contra las compañías de redes sociales por el daño causado a millones de jóvenes, derivando en un trastorno por déficit de atención que cada vez se cobra más víctimas. Según un estudio de Gallup, un 41% de los adolescentes conectados a redes considera que su salud mental es pobre o muy pobre, con un uso promedio de 4,8 horas en Estados Unidos.
"Cuando el algoritmo se apoderó de ella, la doblegó hasta el límite", cuenta la madre de una joven que se suicidó
Hay casos extremos, como el de Annalee Schott, una joven de Colorado que se quitó la vida en 2020. Lori Schott, de Merino, Colorado, fue una de las madres presentes el día en que Zuckerberg se presentó en Los Ángeles para declarar en el juicio. Schott sostiene que su hija, una estudiante de bachillerato, era «una niña preciosa» que adoraba su vida en la granja en la que cuidaban de animales y plantaban alfalfa. Hasta que las redes sociales la fueron sumiendo en una depresión profunda.
«Cuando el algoritmo se apoderó de ella, simplemente se apoderó de ella y la doblegó hasta el punto de empujarla realmente al límite. Ella básicamente dijo: 'No tengo futuro. Esto acabará con el dolor'», dijo en una entrevista con NPR en referencia al suicidio. Su madre cuenta que Annalee no paraba de ver vídeos que glorificaban el hacerse daño, hasta que acabó por quitarse la vida hace seis años.
Para Meta es el segundo golpe judicial en dos días. El martes, un jurado civil de Nuevo México condenó al gigante tecnológico con sede en Menlo Park, California, a pagar 375 millones de dólares por comprometer la seguridad de sus millones de usuarios y facilitar la explotación sexual de menores en sus plataformas. Otros estados, más de una treintena, han demandado por motivos similares.
Phil Weiser, fiscal general y candidato demócrata a gobernador de Colorado, sostiene que elementos como el scroll infinito y o las notificaciones instantáneas hacen difícil que los jóvenes se desenganchen de las redes. «Te ponen muy difícil parar, porque su objetivo es mantenerte enganchado, incluso cuando saben que te está haciendo daño», dice.
Como en el caso de Nuevo México, Meta ya ha declarado que discrepa del veredicto y que va a apelar. «La salud mental de los adolescentes es profundamente compleja y no puede vincularse a una sola aplicación», indicaron en un comunicado. «Seguiremos defendiéndonos con vigor, ya que cada caso es diferente, y mantenemos nuestra confianza en nuestro historial de protección a los adolescentes en línea».
El portavoz de Google, por su parte, afirmó que su compañía también apelará porque el caso «malinterpreta la naturaleza de YouTube, que es una plataforma de streaming construida de manera responsable, y no un sitio de redes sociales». Por delante, una cascada de batallas judiciales y quizá, un cambio drástico de legislación que ponga freno a tanta adicción descontrolada.
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