Un año después de su alternativa un toro le partió cuatro vértebras. Volvió a aprender a andar. Abrió la Puerta Grande de Madrid, pero la pandemia lo devolvió al olvido. Descerrajó la Puerta del Príncipe y nadie lo contrató. Este Domingo de Resurrección torea en Sevilla con Morante y Roca Rey.

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David de Miranda (Huelva, 1993) cuenta su vida por resurrecciones, vitales, artísticas y, en definitiva, existenciales. Podría guardar anotadas en un pequeño cuaderno todas sus muertes. Por todo ello, o por todas ellas, este inminente Domingo de Resurrección en Sevilla, cuando haga el paseíllo con las máximas figuras del toreo, Morante de la Puebla y Roca Rey, sonará a justicia poética, a indemnización de la vida, a premio del destino por tanta lucha, por tanto triunfo negado, por la vez que dejó en una esquina la silla de ruedas. Ojalá sea ésta, su tercera resurrección, la definitiva: "Llevo 10 años preparándome para esta tarde".
Hace precisamente 10 años, José Tomás lo bendecía en su tierra con los santos óleos de la alternativa. Una temporada después un toro le partió cuatro vértebras [C1 y C2, D6 y D7], una lesión crítica. Bordeó el hospital de Parapléjicos de Toledo con una operación y una recuperación milagrosas. Pasó un año fuera de juego, esquivando la inutilidad, postrado en una cama, encorsetado el cuello con un collarín, aprendiendo a andar de nuevo. Consiguió sacudirse los calambres de brazos y piernas, volver a caminar con la verticalidad de ciprés que gasta y regresar reconstruido a los ruedos.
Remontó el vuelo y consiguió meter cabeza en la feria de San Isidro de 2019 para confirmar su alternativa. Aquel día soplaba en Las Ventas un viento inclemente y todo apuntaba a una tarde en blanco. Pero el último toro de Juan Pedro fue un huracán de casta, y nuestro hombre sintió que la suerte, por fin, le sonreía. Impactó en los fríos tendidos de la plaza de Madrid con su hieratismo de fuego y atravesó la Puerta Grande raptado por el entusiasmo de la multitud. La cosecha del triunfo, sin embargo, nunca llegó. Cuando tocaba recoger los frutos, la pandemia del Covid arrasó con todo. A la vuelta de la normalidad nadie se acordaba de David de Miranda. Otra vez debía empezar desde cero. Como cuando aprendió a andar, otra vez.
- ¿Se considera un tipo con suerte?
- Me siento, más que un tipo con suerte, un hombre afortunado, porque nadie me ha regalado nada.
- Es curioso que, a pesar de sus 10 años de alternativa, sigue siendo un torero nuevo para el gran público, que desconoce su cruda historia, su gravísima lesión de columna y el camino de ostracismo recorrido.
- Ese periodo me forjó como persona tanto como torero. La dureza del toreo es una forja, no me cabe duda. Es verdad que en esos momentos es difícil encontrarle un sentido y te preguntas por qué tan pronto, en mi primera temporada completa con matador en la alternativa, un toro me paró en seco durante un año entero. Ahora, con el tiempo, me doy cuenta de muchas cosas, y todas se enfocan en la escuela espartana del toreo. Es una profesión dura, y los percances forman parte de esa dureza.
- Mentalmente, ¿cómo se supera delante de la cara del toro un percance que bordeó el hospital de Parapléjicos de Toledo?
- No me sentía bien después de la operación. Un doctor de Huelva que seguía mi caso me recomendaba operarme otra vez. Esa intervención me hubiera impedido volver a torear, incluso hacer una vida normal. Pasé tres meses en la clínica de Asepeyo de Coslada (Madrid) rehabilitando. Un año en blanco en total desde el percance. Es difícil no sólo recuperarte, sino volver a la cara del toro. No tuvo la relevancia de una cornada grave, pero fue mucho peor. Salí adelante con la ayuda de mi familia y trabajando, también, mucho la mente. Toreo con una fijación en la vértebras.
- ¿Cree en Dios?
- La fe es a lo que te agarras cuando las cosas se tuercen.
- Abrió la Puerta Grande en su confirmación en Madrid, en plena feria de San Isidro 2019, pero, cuando parecía coger impulso, llegó el Covid.
- La pandemia truncó la fuerza de aquella salida a hombros y todo se frenó. Llegué a estar anunciado en 2020 en las ferias de Fallas y Sevilla, pero cuando volvió la normalidad no me volvieron a llamar y tuve que esperar de nuevo varios años.
- Hasta 2024 no volvió a estar anunciado en la Maestranza.
- Aquella tarde con la corrida de Santo Domecq [salió a hombros por la puerta de cuadrillas] me sirvió mucho en lo personal. Volví a creer de nuevo en mí.
- En 2025 lo repitieron en Sevilla y descerrajó la Puerta del Príncipe. Pero no valió para nada. Ninguna empresa le contrató. ¿Usted se lo explica?
- Cuando estás en el banquillo del ostracismo, incluso das cierta normalidad a que suceda. No toreaba más que en la provincia de Huelva, fuera del circuito de ferias. Sin visibilidad por la escasa importancia de las plazas, lo aceptas. Pero es muy duro psicológicamente cuando el triunfo ocurre en plazas de relevancia y tampoco vale. Me preguntaba a mí mismo qué más tenía que hacer. Ver que una Puerta del Príncipe tampoco vale me hacía sospechar de que el día que estuviera en una feria y no triunfase me iba para mi casa. La única feria en la que entré fue en la de Málaga. De Sevilla, a principios de mayo, a Málaga, a mediados de agosto, lo pasé mal. Cuatro meses sin nada fue una prueba compleja para la cabeza.

"Me identifico con la verdad, no soy capaz de mentir. El traje de luces es transparente y así soy yo".
- ¿Esa tarde en La Malagueta tuvo más repercusión que la propia Puerta del Príncipe?
- La complicación de los toros, la retransmisión por televisión, la presencia de Roca Rey, todo le dio dimensión y refrescó la memoria de la gente. Que empezó a ver que no era casualidad ni la Puerta del Príncipe de Sevilla ni la Puerta Grande de 2019 en Madrid. Esa tarde de Málaga marcó un punto de inflexión.
- Fue un impacto, un fogonazo que recordó a Paco Ojeda, una formidable locura. Aquel desafío en esos terrenos de cercanías, tan pronto, con el toro tan vivo, recorrió España como la pólvora.
- Para mí es un orgullo la comparación. Paco Ojeda ha sido mi ídolo, mi fuente, mi inspiración. Pero también me llena de responsabilidad porque hoy en día sale un toro con mucha movilidad y no son terrenos fáciles de pisar. Ese parón debe surgir, no ser buscado. Hacerlo temprano es lo más complicado.
- El toro de hoy, tan preparado, fuerte y bravo, no es, además, el de los años 80.
- Claro, por eso le decía, que con el toro que sale hoy es difícil que lo permita. El impacto de la faena de Málaga viene por ahí, con un toro que no humillaba, que no se entregaba.
- Arrancó esta temporada con fuerza, con un triunfo en la feria Olivenza, otro en Valencia, y ya venía con la Catedral de Manizales y el trofeo a la mejor faena de San Cristóbal. Cuando uno torero está en su momento, enrachado, todo acontece de otro modo.
- Es su otra cara. El toreo también es así. Cuando todo se encarrila y uno gana en confianza, todo fluye mejor.
- Le apodera ahora un figurón como Enrique Ponce. ¿Qué le aporta a su tauromaquia?
- Me considero un privilegiado de tenerle a mi lado Los toreros nos sentimos en muchos momentos muy solos delante del toro y creo que nadie mejor en un callejón, para una mirada cómplice, un consejo en un momento puntual... Yo he echado en falta esa figura en mi carrera y este año pues surgió la posibilidad. Quién mejor que alguien que lo han conseguido todo con la espada y la muleta. Soy una esponja a su lado, absorbo todo lo que puedo.
- No sé si ya son imaginaciones mías, pero en Valencia he percibido que su muletazo ha ganado en algo, puede que en enganchar más adelante las embestidas.
- Es verdad que incluso teniendo conceptos distintos, me está aportando mucho. Es necesario crecer profesionalmente y ofrecer al aficionado una vuelta de tuerca, una evolución. No todo tiene que ser ese arrimón, es primordial que también haya toreo fundamental y que sea bueno. Eso buscaba con el maestro Ponce. Me está aportando mucho en el trazo del muletazo, que sea más largo, en enganchar al toro más adelante, que vaya más acompasado con la cintura. Me aporta respetando los cimientos que me marcan.
- Que por momentos son, por ética y estética, muy José Tomás, tan comprometido y vertical.
- Es importante dejar que brote y permanezca la personalidad. José Tomás, mi padrino de alternativa, es otro de las fuentes en las que he bebido, en los finales de faena a veces se ve.
- Se miró también en el espejo de un torero tan bueno como fue Manolo Cortés.
- Me valió mucho justo antes de tomar la alternativa, un pedazo torero. Estuve con él en los dos últimos años de su vida.
"No todo tiene que ser ese arrimón, es importante que también haya toreo fundamental y que sea bueno. Eso buscaba con el maestro Ponce"
- Este inminente 5 de abril, por fin, llega el premio torear un Domingo de Resurrección en Sevilla y hacer el paseíllo entre Morante de la Puebla y Roca Rey, con una ganadería de élite como Garcigrande.
- Es un privilegio estar en ese cartel y en un día soñado. Todos los toreros queremos estar ahí alguna vez en nuestra vida, anunciados un Domingo de Resurrección. Y para mí se cumple un sueño. Es la recompensa, por qué no, a tantos años de esfuerzo, lucha y sacrificio. La ilusión camina a la par de la responsabilidad. Le diría que llevo 10 años preparándome para esta tarde.
- Antiguamente se diría que usted ha cogido "ambiente".
- No lo había sentido nunca, pero es bonito también que el público te espere. Es una motivación para poder ofrecer lo mejor de ti.
- Estrenará vestido, supongo.
- Sí, pero prefiero no desvelarlo.
- Huelva, su tierra, se convirtió durante años en su refugio, en su vivero.
- Aguardaba esas tardes de Las Colombinas, siempre entre figuras, para nutrirme de esperanza y poder aguantar los inviernos, tan largos y duros. Huelva siempre estaba.
- ¿Cómo contaría al gran público que no conoce a David de Miranda el torero que se va a encontrar?
- Me cuesta mucho definirme. Me identifico con la verdad, no soy capaz de mentir. El traje de luces es transparente y así soy yo.



















