

























A las 07.06 de la mañana del jueves (hora de Cabo Cañaveral, seis más en España) los acordes de Sleepyhead, la canción de Young and Sick empezaron a sonar en el espacio. Cuatro astronautas, de camino a la cara oculta de la Luna, más lejos de lo que cualquier ser humano haya estado nunca de su hogar, despertaron de una corta siesta escuchando: Todo va bien / todo va según lo previsto / Me dijiste que era como fuego alrededor del borde / Ardiendo sólido, ardiendo tenue, el borde ardiente / Como las estrellas que queman agujeros en la oscuridad. Y supieron que no era un sueño, que todo era real. Y que, por increíble que le pudiera parecer a nuestros antepasados, todo iba realmente bien más allá de la atmósfera.
La Orión, bautizada como Integridad por la tripulación, estaba orbitando en torno a la tierra, desprendida ya de su sistema de lanzamiento. Superados los minutos más angustiosos y arreglados los inevitables desperfectos cuando los motores del cohete más potente jamás construido se encienden y 2,6 millones de litros de hidrógeno y oxígeno líquidos empiezan a arder. Los astronautas estaban exhaustos, tras una montaña rusa de emociones imposible de entender para quien no lo ha vivido, pero en el espacio cada minuto es valioso y siempre hay algo importante que hacer. Fotografía, experimentos, pruebas de navegación, ajustes de rumbo. Y por si no fuera suficiente, algo de fontanería de emergencia.
"Después de un breve receso de 54 años, la NASA vuelve a estar en el negocio de enviar gente a la Luna". Con tono unamunesco, y enorme satisfacción, el administrador principal de la agencia espacial estadounidense, Jared Isaacman, celebró el lanzamiento, un éxito desde todos los puntos de vista ejecutado a la perfección. "En realidad, la misión será un éxito sólo cuando nuestros chicos se posen sobre el agua dentro de 10 días", matizó Isaacman insistiendo en que las celebraciones tendrán que esperar hasta entonces. Los especialistas de la NASA indicaron que los cuatro están "bien, seguros y de buen ánimo" pero que seguirán monitoreando su salud a medida que se avanza hacia la siguiente fase.
No ha sido nada fácil llegar hasta ahí, un esfuerzo coordinado por todo el planeta, con componentes esenciales llegados de Corea del Sur, España o Australia, entre otros. A los problemas que impidieron empezar la misión en febrero y marzo, por fugas de combustible y una obstrucción en el flujo de helio, se sumaron a última hora dos cuestiones capaces de abortar la cuenta atrás. Primero, el sistema de autodestrucción del cohete, diseñado sólo para ser usado en último caso si la tripulación se veía obligada a 'eyectar'. El segundo, muy relacionado, cuando una batería de ese mecanismo de última instancia empezó a dar lecturas imposibles de temperatura. Fueron cosas menores, unos sensores, que se solucionaron rápido.
Pero si la parte previa era delicada, lo más difícil, por imposible de prever y el poco margen de maniobra para resolver, arrancó cuando la cuenta atrás llegó a cero en Florida. En la primera hora de viaje espacial, la nave perdió temporalmente la comunicación con el centro de control de Houston. Fueron momentos muy tensos, pero la señal se recuperó sola. "El cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial de la NASA despegó de la plataforma con 8,8 millones de libras de empuje llevando la nave espacial Orión y a la tripulación de Artemisa 2, a la órbita terrestre y comenzando el gran regreso de Estados Unidos a la Luna. Aproximadamente 51 minutos después del lanzamiento, durante una transferencia planificada entre satélites, Orión sufrió un problema de comunicaciones, lo que provocó una pérdida parcial temporal de las comunicaciones, que se han restablecido", explicó el máximo responsable de la agencia.

Los astronautas dentro de la cápsula 'Orión'NASA
Poco después de dejar de ser visible para el ojo humano, Orión se separó con éxito del sistema de lanzamiento y sus cuatro paneles solares se desplegaron según lo planeado. También a tiempo, la tripulación ejecutó por primera vez la maniobra conocida como 'elevación del perigeo', cuando el sistema ICPS (Interim Cryogenic Propulsion Stage, ICPS) se encendió para dar la fuerza suficiente y elevar la altitud de Orión y colocarla en una órbita terrestre baja estable, esencial antes de la 'inyección translunar' hacia el espacio profundo.
Amit Kshatriya, administrador asociado de la agencia, indicó que habían detectado un problema con el controlador del inodoro de la cápsula y su solución llevó unas cuantas horas. Es la primera vez que para la comodidad, e intimidad, de los tripulantes hay un retrete, separado además de la parte principal por una puerta. Kshatriya añadió que hubo también un problema con una válvula del tanque de agua. Hay cuatro tanques en realidad, y una válvula de cruce conecta los dos que reciben agua. "Se supone que debe estar abierta para asegurar el flujo máximo pero ya saben, cuando sacudes las cosas, pasan cosas", dijo en referencia a la brutal energía generada por el cohete. "Anticipamos que pasarían cosas de este tipo, es normal", aseguró.
Cuando llevaban poco más de 12 horas orbitando, Houston interrumpió un breve descanso para una segunda maniobra. La nave espacial encendió de nuevo el motor principal de su módulo de servicio durante 43 segundos elevando el punto más bajo de su órbita y refinando la trayectoria. "Este encendido crucial colocó a Integrity en una órbita terrestre alta estable que se alinea con su ruta hacia la Luna. Los miembros de la tripulación volverán a su período de descanso durante otras cuatro horas y media antes de ser despertados nuevamente para comenzar su primer día completo en el espacio", explicó la NASA, que este jueves celebró su primera reunión de misión para evaluar todos los sistemas y consideró que todo estaba listo, dando luz verde para el próximo encendido de "inyección translunar" (TLI), el que enviará a los astronautas fuera de la órbita terrestre hacia la Luna por primera vez desde 1972. Si todo sigue según el plan, se producirá en la madrugada española, a la 1.49.
La TLI es uno de los momentos más esperados. Los astronautas han completado ya satisfactoriamente las pruebas de operaciones de proximidad, uno de los primeros objetivos de la misión. Artemisa 2 dará la vuelta a la Luna, pero no tocará el satélite. Hará las pruebas necesarias para que si todo va bien, Artemisa 4 logre alunizar en 2028. Y para eso es imprescindible analizar el desempeño de la Orión durante las maniobras manuales a corta distancia alrededor de otra nave.
La NASA, como China, no sólo quieren volver a la luna, caminar sobre ella, sino construir una base. Y eso exige ir muchísimo más allá de lo hecho hasta ahora. "Durante la actividad, que duró aproximadamente 70 minutos, la tripulación guio la nave espacial mediante una serie de maniobras controladas de aproximación y alejamiento, utilizando la etapa de propulsión criogénica provisional (ICPS) como referencia. Al finalizar la demostración, Orión ejecutó una maniobra de separación automática para alejarse de forma segura de la ICPS. Posteriormente, la 'etapa' realizará su propia maniobra de eliminación para reingresar a la atmósfera terrestre sobre una región remota del océano Pacífico", explicó la agencia en un comunicado.
El viaje a la Luna durará unos cuatro días, y la vuelta otros tanto. Para poder salir de la órbita terrestre, encenderá sus motores durante poco más de seis minutos, acelerando para escapar de la atracción gravitatoria de la Tierra. Para eso, todo tiene que cuadrarse. La posición, la velocidad y la altura precisa. Las magnitudes de la misión superar lo intuitivo para los humanos. La nave alcanzó primero una órbita inicial, volando dura una hora y media en forma elíptica a una altitud aproximada de 185 por 2.250 kilómetros. La segunda órbita, muchísimo más grande, requiere algo menos de 24 horas, en una elipse de unos 185 y 74.000 kilómetros, lo más lejos que nunca nadie ha orbitado también alrededor del planeta. Ahora mismo, Kristina Koch, que tenía amplia experiencia en el espacio, es ya también la mujer que más lejos ha estado de nuestro planeta, porque la Estación Espacial Internacional vuela en una órbita terrestre casi circular a unos 400 kilómetros sobre nuestro planeta.
En los próximos días, la tripulación podrá contemplar un eclipse de cerca, y ver la corona del Sol. "Será una oportunidad genial y única", celebró Lori Glaze, administradora interina de la NASA. "Habrá muchas buenas imágenes", afirmó, en especial ante la posibilidad de que se logre algo parecido a la conocida como Earthrise la icónica y hermosísima imagen de la órbita de la luna tomada por William Anders en 1968, durante la misión del Apolo 8. O similar a la Pale Blut Dot, el Punto Azul Pálido, la imagen de la Tierra tomada en 1990 por la sonda espacial Voyager 1 e inmortalizada por Carl Sagan. "Sé que los equipos han estado analizando las posibles oportunidades. Han considerado diferentes fechas de lanzamiento, así que sé que realmente van a hacer todo lo posible. Entiendo que los han equipado con equipo adicional para la captura de imágenes con cámaras", admitió Glaze. Artemisa 2 es una misión increíble, y necesita una imagen a la altura para incrustarse en la imagen de las generaciones que no vivieron la emoción de la era Apolo.
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