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Así alucinó en colores la inteligencia artificial con los...
Israel Zaballa MadridMadrid · 2024-05-03 · via Futuro

Cuando empezó a ver cuadros clásicos, la IA alucinaba, literalmente, en colores: descubría cosas que no existían, todo tipo de fantasmas pictóricos como un smartphone en la mano de una María Magdalena pintada en el siglo XVII, o un osito de peluche en lugar de una calavera en ese mismo lienzo de Luca Giordiano.

¡No daba ni una!

Una de las alucinaciones -así se las denomina técnicamente- más divertidas fue con La lucha de San Jorge y el dragón, de Rubens. «La primera vez, la máquina confundió la lanza, el caballo y el dragón con una motocicleta», confiesa entre risas Javier Pantoja, jefe del área de desarrollo digital del Museo Nacional del Prado.

La ciencia tiene mucho de prueba y error. Así que las comprensibles meteduras de pata, equivalentes a los primeros y tambaleantes pasos de un niño, no desanimaron a nadie. Los investigadores del Barcelona Supercomputing Center (BSC) que experimentaban con esta tecnología se tomaron los gazapos con sentido del humor y decidieron llamar al primer prototipo de la IA Saint George on a bike, un guiño a los espejismos moteros de su criatura.

La herramienta mejoró con el entrenamiento y para el proyecto del Museo del Prado se la rebautizó como FrAI Angelico, en referencia al autor de La Anunciación, el primero del centenar de cuadros del museo que han servido para educar el ojo artístico de la IA. La pinacoteca, junto con el BSC, pretende enseñar a la inteligencia artificial a ver e interpretar obras pictóricas por sí misma con fines educativos y documentales.

Para Pantoja, los avances han sido prometedores: «La máquina ya logra reconocer formas, por ejemplo, una figura humana, unas alas de ángel o una espada. Luego, relaciones de posición entre esas formas. Y por último, hace inferencias de esas relaciones. Por ejemplo, si encuentra una figura humana con halo y alas, entenderá que es un ángel. Y si está junto a una mujer, deduce el tema de la anunciación».

Puede parecer pura lógica, pero lo que sería obvio para cualquier aficionado a la pintura con dos ojos bajo las cejas es todo un avance para las máquinas. «Las inteligencias artificiales están alimentadas con imágenes de internet, y ahí el porcentaje que representa el arte es pequeño. Ha sido interesante ver cómo se comportan las IA con cuadros porque está menos acostumbrada», explica el responsable de innovación.

Como indica Pantoja, en las redes sociales no abundan las Madonnas renacentistas pintadas al óleo o los frescos de inspiración mitológica, sino los selfies de playa, gimnasio o restaurante. Más habituada a nuestros objetos contemporáneos, no es de extrañar que la IA creyera ver bates de béisbol en pinturas de hace 500 años. Ahora, FrAI Angelico identifica estos anacronismos: el alumno progresa adecuadamente.

Aclara Pantoja que su pretensión no es artística: «El proyecto FrAI Angelico se restringió desde el principio a una IA, por decirlo de algún modo, analítica, no generativa. No queríamos crear un nuevo Velázquez ni un nuevo Goya. Queremos investigar cómo utilizar la IA para nuestro trabajo, y nuestro trabajo no es crear obras de arte».

AI arte

'La Anunciación' original de Fra Angelico que sirvió para entrenar a la AI.MUSEO NACIONAL DEL PRADO

Defiende el experto la necesidad de explorar la utilidad de la IA como herramienta de gestión museística sin entrar en el debate más filosófico que están propiciando las versiones con funcionalidades más creativas: «Nosotros no somos la antorcha que señala por dónde deben ir las nuevas formas de creación. Nuestra función es conservar, investigar y difundir nuestras colecciones. No podemos entrar a opinar sobre lo que es arte verdadero y lo que no... Aunque desde luego, sí estoy convencido de que ya no se puede hacer un Velázquez, porque eso ya pasó, ya se hizo, ya se pintó».

Para Pantoja, la IA será útil como apoyo en tareas documentales: «Puede encontrar relaciones en las imágenes más allá de lo definido en el título de la obra, lo que llamamos clusters de coincidencias. Al bajar imágenes de un archivo sin título, la máquina puede facilitar un primer cribado. Por ejemplo, te diría si es un San Pablo representado con una espada. Nos permitiría un etiquetado previo automático, aunque luego lo revise un humano».

La juguetona idea de poner FrAI Angelico a la herramienta fue de Joaquim Moré, experto en lingüística computacional y uno de los impulsores del proyecto desde el Barcelona Supercomputing Center. «Trabajar con el Museo del Prado en un proyecto de IA y arte ha sido como tener el Santo Grial», asegura por videoconferencia. «Parece que la IA es de ciencias y el arte de letras, como si fueran mundos opuestos. Yo, por el contrario, creo que la IA puede ayudarnos a comprender la cultura y que, a su vez, el arte puede hacer que la IA avance». Su mayor satisfacción ha sido poner los cimientos de una inteligencia artificial capaz de ponerse en contexto: «Al ayudar a la IA a interpretar obras del pasado también la estamos preparando para que sepa interpretar nuestro presente dentro de 100 años. Es decir, cuando nuestro presente sea pasado».

Suena a película con saltos mortales temporales de Christopher Nolan, pero la visión de Moré tiene su lógica: algún día la IA también verá los objetos que salen en nuestros post de Instagram o vídeos de TikTok como si fueran antiguallas. Por eso, controlar sus alucinaciones de ahora puede vacunarla contra las del futuro.

La interpretación de obras del pasado prepara a la IA para leer nuestro presente en 100 años

FrAI Angelico tiene, además, aplicaciones algo menos abstractas. «La primera que se nos ocurrió fue para personas con discapacidad visual. A menudo, en los museos se comenta el cuadro, pero dando por supuesto que lo estás viendo», explica Moré, y apunta a la ventaja que supondría para los ciegos disponer de una descripción más completa generada con IA.

«Además, puede ser didáctico gracias al detector de objetos. La IA identifica elementos típicos de un tema. En La Anunciación, por ejemplo, sabíamos que muy probablemente tenía que salir un pájaro, pero nosotros solo fuimos capaces de verlo al acercarnos mucho al cuadro», dice sobre la capacidad que tiene la herramienta de poner al ojo humano sobre la pista de posibles hallazgos. «Maria Cristina, por ejemplo, no había visto el pájaro», bromea el investigador. Se refiere a Maria Cristina Marinescu, la informática del BSC en el proyecto que también participa en la videoconferencia con PAPEL.

«¿Sabes qué es un grafo?», pregunta ella. «Mmm... ¡no!», se sincera este periodista. A continuación, la investigadora se esfuerza en explicar las tripas de la tecnología describiendo, como en primero de IA para principiantes, cómo se le esquematiza la información a la máquina para que conecte elementos y haga inferencias: «Un nodo puede ser un caballo, que conecta con otro que es una persona, esta a su vez con armadura o espada...». Hasta la gata que salta sobre su mesa parece entenderlo.

Según ella, esta forma arborescente de organizar las cosas para el cerebro digital de la IA es importante: «Si las computadoras no entienden lo que hay en términos de datos y metadatos, difícilmente puedes desarrollar aplicaciones pedagógicas o de cualquier otra índole en los museos».

Lo que quizá no lleguen nunca a comprender las máquinas es por qué unos humanos convierten sus emociones en pinceladas y otros hacen cola para ver el resultado. Lo resume el propio Moré en un momento de la entrevista: «A mí me encantan Las meninas, un cuadro que tiene algo que ninguna IA va a poder nunca detectar... el aire».

Quizá sea precisamente en lo invisible donde se encuentre la última frontera.