




















"Es poco probable que un niño nacido en 2025 sea tan inteligente como la inteligencia artificial, pero eso no le quitará la felicidad o el sentido de plenitud". La frase, lanzada por Sam Altman, CEO de OpenAI, en una conexión en directo desde San Francisco, resuena con una fuerza extraña entre los pabellones faraónicos del Dubai World Trade Centre por donde corretean perrobots y relucen todo tipo de ingenios y maravillas tecnológicas para asombro de las muchedumbres de inversores de todas las naciones que se agolpan en sus pasillos.
No es una profecía apocalíptica, sino la descripción de lo que él mismo bautizó este verano como "la Singularidad Gentil": una transición hacia un futuro superinteligente que, contra todo pronóstico, podría no ser el fin de la humanidad, sino una simple y asombrosa evolución. "Si pudiéramos retroceder en el tiempo cinco años y mostrarle a la gente de 2020 los sistemas de IA de 2025, parecería una locura. Y sin embargo, aquí estamos. Tenemos estos sistemas y el mundo simplemente ha seguido adelante".
Ese "seguir adelante" tiene aquí, en Gitex Global 2025, la mayor feria mundial de la tecnología y la IA que ha abierto sus puertas en el emirato entre el 13 y el 17 de octubre, una escala que desafía la imaginación. Trixie LohMirmand, la directora del evento, lo define como un "organismo vivo". Las cifras apabullan: más de 6.000 empresas de 180 países repartidas en 26 pabellones, una confluencia global donde, según LohMirmand, la gente viene a sentir el "FOMO" (miedo a perderse algo). Y en el centro de todo, la ambición de los Emiratos Árabes Unidos de convertirse en la primera "sociedad nativa de IA" del planeta, un lugar donde, como afirma Peng Xiao, CEO del grupo tecnológico emiratí G42, la IA no es una herramienta, sino "un nuevo estilo de vida que todos debemos adoptar".
Para ilustrar hasta qué punto este futuro ya es presente, Xiao comparte una anécdota reveladora: el jeque Tahnoon bin Zayed, mandamás de la seguridad nacional y de un imperio financiero que incluye G42, diseñó su nueva casa, un complejo de arquitectura japonesa, introduciendo personalmente 500 prompts en ChatGPT. En su oficina, la proporción de empleados es de 10 agentes de IA por cada humano. "Si tu casa está diseñada por ChatGPT, si tienes más agentes trabajando para ti que humanos, la IA ya ha llegado", sentencia Xiao.
Esta revolución no se sostiene en el aire. Necesita una sala de máquinas, y en el corazón de esa sala late una guerra silenciosa y feroz por la velocidad y la energía. Andrew Feldman, CEO de Cerebras Systems, sube al escenario con una oblea de silicio del tamaño de un plato. Es su arma en la batalla contra el dominio de Nvidia. "En Cerebras, construimos el chip más grande en la historia de la industria de la computación", afirma. Su tesis es simple y demoledora: para que la IA sea verdaderamente útil, especialmente en sus formas más avanzadas y "agénticas", necesita dar respuestas casi instantáneas. "Nadie quiere esperar por las respuestas", y la arquitectura de Cerebras, asegura, es hasta 20 veces más rápida que las GPU convencionales.
Pero la velocidad tiene un precio. Uno que se mide en vatios. En uno de los paneles centrales del evento, tanto Sam Altman como Peng Xiao coinciden en una predicción que define el nuevo paradigma geopolítico: "El coste de la inteligencia eventualmente será igual al coste de la energía". La energía, proclama Xiao, "es la clave. Cada nación necesita tener una política y un plan energético inteligentes y ambiciosos".
Esta es la razón de ser de proyectos como Stargate UAE, una colaboración entre G42 y OpenAI para construir un superordenador de 1 gigavatio, con planes de expandirse hasta 5. Es una infraestructura de una escala sin precedentes. El debate sobre su sostenibilidad es inevitable. Feldman de Cerebras subraya que, como comunidad, "tenemos la obligación de inventar técnicas que sean más eficientes".
Antonio Jara, COO de la tecnológica española Libelium, ofrece un contrapunto pragmático: compara estos gigantescos centros de datos con las grandes infraestructuras del siglo XX. "Igual que hicimos grandes infraestructuras para el AVE o hemos hecho grandes autovías, ¿por qué no deberíamos tener la mejor infraestructura en un mundo digital?". La clave, argumenta, está en la fuente: si la energía es renovable, la infraestructura es sostenible.
El dinero fluye a raudales. Cerebras acaba de anunciar una ronda de financiación de mil millones de dólares. G42 y su filial MGX invierten sumas colosales en centros de supercomputación. Las valoraciones de las startups de IA alcanzan cifras estratosféricas. La pregunta flota en el aire acondicionado de los pabellones: ¿asistimos a una nueva burbuja punto-com o al nacimiento de una economía billonaria?
Feldman se erige como el principal defensor del optimismo. "No creo que haya una burbuja en este momento", asegura. A diferencia del año 2000, argumenta, hoy "las ganancias están explotando" a la par que los precios de las acciones. Y lo más importante, según él, está por llegar. El verdadero salto económico se producirá "cuando la IA comience a hacer cosas que no hacemos bien, cuando comencemos a reorganizarnos en torno a la IA".
Jara, desde una perspectiva que une hardware, software y rentabilidad, introduce una nota de cautela. "Yo creo que sin ninguna duda hay una burbuja claramente", afirma. La atribuye a unas expectativas desmedidas y a modelos de negocio que, en muchos casos, todavía están por demostrar. Sin embargo, matiza que esta especulación podría aterrizar en la realidad si se cumplen ciertos hitos en los próximos años. ¿El más importante? La llegada de la "Physical AI". "Actuar en el mundo físico es lo que ahora tenemos ese umbral y ese gran reto, y para eso son los robots". Cuando los agentes de IA no solo redacten correos sino que laven los platos, la especulación se habrá convertido en valor tangible.
El ritmo vertiginoso de la innovación choca de frente con la lentitud de los sistemas sociales y políticos. El dilema entre velocidad y control se convierte en el gran debate de fondo. LohMirmand advierte sobre el peligro del "exceso de regulación", que puede "asfixiar" a las pymes y startups que necesitan experimentar para encontrar su hueco en el mercado.
Feldman apunta directamente al modelo europeo: "Europa fue un poco culpable de esto, como que empezaron con el miedo y la regulación, y eso frena la innovación". Pero el reto no es solo de voluntad política, sino también técnico. Jara explica las dificultades de cumplir con normativas como la Ley de IA de la UE. La ley exige dos cosas que la IA generativa actual no puede ofrecer: determinismo (que dé la misma respuesta a la misma pregunta) y trazabilidad (que explique cómo ha llegado a una conclusión). Sin resolver esto, los modelos seguirán siendo "loros estocásticos", cajas negras inauditables.
Y luego está el empleo. El miedo al reemplazo masivo es palpable. Peng Xiao, cuya empresa utiliza agentes de IA a una escala de 10 a 1 sobre los humanos, prefiere hablar de "amplificación". Sus empleados, dice, ahora son "potenciados 10 a 1 a través de agentes de IA". Antonio Jara lleva la reflexión un paso más allá. Para él, la automatización de trabajos repetitivos y de bajo nivel es una "bendición". El verdadero cambio, sostiene, será más profundo. "La IA lo que nos va a generar es esa inteligencia aumentada o amplificada y ese mayor nivel de conciencia". Nos obligará a ser más listos, a formarnos constantemente, y creará, inevitablemente, "clases sociales basándonos en el nivel de despertar". En este nuevo mundo, la ignorancia ya no será una opción; será una condena a la irrelevancia.
En este tablero global, ¿qué papel juega España? Trixie LohMirmand observa que las empresas españolas, como muchas europeas, tienden a centrarse en mercados cercanos, inhibidas por una "falta de conciencia y de conocimiento del mercado" más lejano.
Y Jara propone una estrategia audaz basada en una metáfora culinaria. Estados Unidos y China, afirma, dominarán el "fast food" de la IA: los grandes modelos generalistas, baratos y accesibles para todos, como ChatGPT. "El fast food que es comida barata para todos, accesible a 20 dólares el mes, eso es OpenAI". Europa y, en particular, España, no pueden competir en esa liga. Su oportunidad reside en la "IA Gourmet". "Un modelo de estrella Michelin que te da exactamente una experiencia, algo único, creativo y específico, eso es lo que va a generar el gobierno de España". Se trata de desarrollar modelos de lenguaje pequeños (Small Language Models) y altamente especializados en los dominios donde España ya es una potencia: turismo, automoción, agricultura, sostenibilidad.
El caso de éxito de Cartagena sirve como ejemplo perfecto de esta estrategia. La ciudad diseñó su Zona de Bajas Emissions utilizando un gemelo digital, una simulación basada en IA que permitió optimizar el plan, maximizar los beneficios y minimizar el impacto negativo antes de poner un solo ladrillo. Este enfoque, basado en datos y en la búsqueda de un retorno de inversión tangible, es la esencia de la "IA Gourmet". Y las condiciones para cocinarla existen: talento, una red eléctrica robusta y una abundancia de energía solar. El interés internacional es real. Andrew Feldman de Cerebras lo deja claro: "disfrutaríamos mucho de la oportunidad de tener nuestro primer gran despliegue en Europa en España. Nos encantaría".
Gitex no es solo sobre IA. Es sobre la convergencia de lo que LohMirmand llama las "Industrias 5.0", donde la biotecnología y la neurotecnología ocupan un lugar central. El futuro no solo se programa, también se edita y se decodifica.
Trevor Martin, CEO de Mammoth Biosciences, una empresa pionera en la tecnología de edición genética CRISPR, sube al escenario para anunciar que estamos entrando en una "nueva era de la biología". Señala un dato sorprendente: el crecimiento en ingresos de los nuevos medicamentos para la obesidad no solo ha sido más rápido que el de ChatGPT, sino que sus ingresos absolutos ya son mayores. La biotecnología, asegura, creará las próximas empresas de un billón de dólares. Su objetivo es pasar de tratar síntomas a curar enfermedades genéticas con una sola inyección. Pone como ejemplo un fármaco en desarrollo para los triglicéridos altos, al que describe como una "vacuna contra comer hamburguesas".
Pero Martin va más allá de curar enfermedades. Plantea las preguntas que definirán el siglo XXI: "¿Por qué detenerse ahí?". La tecnología, afirma, ya hace posible cosas que suenan a ciencia ficción. ¿Y si pudiéramos tener más músculo sin ir al gimnasio? ¿O necesitar solo cuatro horas de sueño por noche? "Desde una perspectiva tecnológica, estas cosas son posibles", declara. "La pregunta que quiero plantear en sus mentes hoy es, como sociedad, ¿es esto algo que queremos?".
Matt Angle, CEO de Paradromics, presenta la primera interfaz cerebro-computadora (BCI) de alta tasa de datos. Su objetivo inicial es restaurar la comunicación para personas con parálisis severa, permitiéndoles hablar a través de un ordenador con solo intentar mover los labios. Pero el horizonte es mucho más amplio. Angle no lo considera especulación, sino una derivación natural de la tecnología: "para una BCI de suficiente ancho de banda, podría entregar a tu cerebro una experiencia sensorial que es indistinguible de la realidad". Un día, dice, podrías caminar por las ruinas de Atenas y, con solo activar la interfaz, ver y oír la ciudad en su apogeo hace 2.000 años, entendiendo el griego antiguo gracias a una traducción instantánea. La fusión entre hombre y máquina ya no es una fantasía.
Gitex es un torbellino de futuros posibles, un lugar donde la ambición parece no tener límites. Sam Altman habla de la necesidad de que la tecnología y la sociedad "coevolucionen", de que avancen juntas en un diálogo constante para asegurar que el progreso no deje atrás la humanidad. En un mundo donde las máquinas serán, por definición, más inteligentes que nosotros, la meta última sigue siendo la felicidad y la plenitud.
Pero quizás la reflexión final más contundente la ofrece Peng Xiao. Mientras el mundo debate los riesgos y las promesas de esta nueva era, él advierte contra el mayor peligro de todos. "El mayor fracaso hoy", concluye en su discurso, "será el fracaso de la ambición". Gitex Global 2025 es un llamado a pensar lo impensable, a abrazar un cambio de paradigma que ya no es lineal, sino exponencial. La única opción, parece susurrar el desierto, es correr hacia el futuro.
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