Cultiva la novela negra, la histórica, la literatura juvenil y el ensayo, siempre abonado al éxito de ventas. Su última obra es biográfica: 'Con nadie'. Versa sobre la figura del general Campins, quien en 1936 se negó a adherirse al levantamiento

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- Antes de entrar en su nuevo libro [Con nadie, editorial Destino], le quería preguntar sobre el anterior, Las fuerzas contrarias. ¿Cómo reaccionarían hoy los agentes Bevilacqua y Chamorro al constatar el tsunami de corrupción que generó la pandemia en el gobierno?
- Buena pregunta. En algún momento la responderé a través de sus propias andanzas, así que no sé si debo anticipar demasiado. En el año 2025 los dos siguen en activo en la Unidad Central Operativa, que está en el centro de muchas de esas investigaciones. Lo que sí puedo adelantar es que comparten la inmensa decepción de la ciudadanía española y harán lo que puedan desde su trabajo. Los policías y guardias civiles no pueden resolver los males, sólo contribuir a contenerlos.
- Plantea en Con nadie -la historia de un militar que se negó a adherirse al levantamiento de 1936- una tensión constante entre obediencia y conciencia. ¿Sería posible un Miguel Campins en el régimen político actual?.
- Esa dicotomía se da permanentemente. En las encrucijadas de Miguel Campins se dio de forma muy violenta y existencial. Aquí a lo mejor no está tan comprometida la existencia, pero sin duda hay personas que se ven obligadas por su conciencia a responder si siguen atendiendo las órdenes que reciben o se apartan, y me consta que hay quien se aparta.
- A propósito de la obediencia ciega, ¿qué es el sanchismo?
- Vaya por Dios. Vamos a ver cómo te respondo esto. Empezó como algo que parecía prometer una renovación y un sacudirle el polvo a su propio partido y al país, y ha acabado como una polvareda más.
- ¿Es Campins un héroe incómodo?
- Es incómodo sobre todo para sí mismo, porque su lealtad a sus principios y a su deber le lleva a situaciones muy comprometidas y onerosas para él. Quizá también sea incómodo para quienes quieren hacerse una idea de la historia y del país que sea conforme a sus intereses. España es un país complicado para que nadie esté demasiado contento con los suyos.
- En términos cívicos, ¿qué significa hoy ser leal como lo fue su héroe?
- Pasa por mantener la independencia de criterio, no avenirse al vasallaje y mantener la lealtad al decoro y a los principios que permanecen.
- Usted evita el maniqueísmo en el relato de la Guerra Civil. ¿Seguimos presos de la lectura binaria?
- En buena medida sí. A mucha gente le conviene y hay quien hace caja con esa visión binaria. Es más difícil vender y sostener una mirada que tenga en cuenta las muchísimas aristas de cada episodio, aunque el cuadro general esté claro. En 1936 España estaba en una encrucijada difícil y los militares sublevados decidieron que fuera una tragedia y un desastre.
- La soledad atraviesa todo el libro. ¿Es esa soledad una elección o una condena?
- Para él fue una condena porque se quedó solo desde el principio de su vida hasta el final, pero también fue aprendizaje y forja. Recordar ese aprendizaje es una elección y una lección para todos, porque todos estamos o estaremos solos.
- ¿Hay algo nuevo en este momento tan convulso de la historia del mundo que lo haga diferente?
- Se nos han removido los cimientos de nuestro propio conocimiento de la realidad de una manera difícil de reparar. Nuestro conocimiento está sometido a perturbaciones, manipulaciones y mistificaciones que no somos capaces de controlar, por lo que resulta muy difícil saber dónde está la verdad de las cosas.
- Parece que funciona esto de «polariza que algo queda».
- Sí. Entre la cantidad de gente que cree lo que quiere creer y los que se dedican a que la realidad parezca lo que no es, resulta muy difícil encontrar un fiel en la balanza.
- ¿Existe el lado bueno en la guerra de Irán? O mejor dicho, ¿dónde están los buenos?
- Los dos contendientes son difíciles de respaldar. Hay alguien defendiendo su posición, mientras que Israel y Estados Unidos han desencadenado una guerra destructiva que no han calculado bien. Es muy cuestionable que esta devastación fuera la única solución posible, ya que a día de hoy no ha resuelto nada y ha complicado mucho más la situación.
- En España todavía parece que existen las dictaduras buenas o malas según la ideología, como Cuba y Venezuela, que se vendieron como paraísos entre la izquierda.
- Es una pregunta filosófica, porque no todas las dictaduras oprimen por igual ni por las mismas razones. Sinceramente, me cuesta mucho pensar que haya una situación de gobierno autoritario que pueda ser mejor que otra.
- ¿Las palabras fascismo, fascista o facha han perdido su calado a base de abusar de ellas?
- Yo me he considerado una persona de izquierdas sin practicarlo como un dogmatismo, ni ser la coordenada principal de mi presencia en el mundo, pero muchos me consideran facha por escribir de guardias civiles o porque me hayan hecho guardia civil honorario y legionario de honor. Según eso sería facha sin remedio, megafacha o facha turbo. Sin embargo, sigo pensando lo mismo que a los 15 años sobre la justicia social, la rebelión militar del 36 y la fractura social. Mis ideas son más de izquierdas que de derechas.
- Volviendo a la literatura, ¿en qué territorio literario se encuentra más a gusto: la novela negra, la histórica o el ensayo?
- Me encuentro a gusto en cualquier lugar donde halle una historia y un personaje que me interpelen y me lleven a hacerme preguntas no evidentes, sin respuestas cerradas, invitando al lector a buscar la suya.
- Con la aparición de Uclés, ha reverdecido el debate que asocia los superventas a la falta de calidad literaria. ¿Qué le provoca este debate?
- Es un debate con fundamentos lógicos deficientes. Pueden coexistir la mucha venta con la mucha calidad, o la poca calidad con la mucha o poca venta. El Quijote es muy vendido y excelente. Si un libro es bueno o no, lo dice el texto, no las cifras de ventas. La metamorfosis de Kafka es una magnífica novela y muy vendida hoy, pero en 1923, un año antes de su muerte, sólo le liquidaron cinco ejemplares vendidos.
- Por último, ¿tiene ya en mente un nuevo proyecto?
- Sí, de hecho lo estoy escribiendo. No quiero decir demasiado, pero me voy al siglo XV. Me está resultando muy terapéutico leer lo que alguien escribía hace 500 años, que resulta muy actual pero está sustraído al ruido y la manipulación del siglo XXI.




















