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Fue simpatizante de la República española y héroe de la resistencia en París, comandante en el ejército francés de ocupación de Alemania, militante del Partido Comunista hasta su expulsión, pensador cercano siempre a la izquierda pero libre de ataduras, padre del "pensamiento complejo", con un pie siempre en la rabiosa actualidad hasta su muerte a los 104 años y su diagnóstico para los tiempos que corren: "Soy un optimista-pesimista: tengo esperanza en medio de la desesperación"...
Edgar Morin, testigo y parte de los grandes eventos del siglo XX, deja un "vacío inmenso" en el panorama intelectual francés y mundial, como recordó su propia esposa, la socióloga Saban Abouessalam en el momento de anunciar su muerte, ocurrida el viernes en Marruecos: "Su valentía, su fidelidad a las personas y a las ideas, su exigencia moral y su esperanza siguen acompañándonos".
"Pensamiento complejo, vida fructífera, espíritu universal", fue la despedida que le tributó Emmanuel Macron, que en el 2021 le invistió con la Gran Cruz de la Legión de Honor con motivo de su centenario en el Elíseo. El presidente francés le despidió como "el pensador del siglo" y "el humanismo personificado", en la primera de una larga letanía de tributos.
"Antifascista, luchador de la resistencia, teórico de la complejidad", escribió en las redes el líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon. "Edgar Morin recorrió el siglo iluminándolo", fue elogio del ex presidente François Hollande, con quien mantuvo un pulso intelectual. "A lo largo de su vida buscó comprender el rumbo de la humanidad, brindándole las claves para comprender su evolución".
El homenaje más atinado fue probablemente el que le rindió el ex primer ministro y candidato presidencial con la Francia Humanista, Dominique de Villepin: "Comprendió mejor que muchos que el futuro se construye no sobre certezas rígidas ni sobre simplificaciones brutales, sino sobre el esfuerzo paciente por conectar aquello que nuestra época suele separar: razón y poesía, ciencia y conciencia, nación y humanidad, libertad y fraternidad".
Nacido en París en 1921, en el seno de una familia de judíos sefardíes, Edgar Nahoum se desdobló en el seudónimo de Edgar Manin (como el personaje de André Malraux en La Condición Humana) durante la ocupación nazi y de ahí derivó a Edgar Morin, cuando alguien entendió mal su apellido, que sería el definitivo.
Fogueado como soldado de la resistencia en la liberación de París, se incorporó como teniente al ejército francés de ocupación de Alemania en el 1945 y vivió temporalmente en Landau in der Pfalz junto su primera gran amor, Violette Chapellaubeau. Esa experiencia sirvió de inspiración para su primer libro Año cero de Alemania.
Fue miembro del Partido Comunista francés, pero sus críticas a la línea estalinista le valieron su expulsión. "Sentí como una decepción infantil, enorme y muy breve", escribió el propio Morin mirando hacia atrás, en el libro que dio cuenta de su distanciamiento del comunismo, Autocrítica.
En 1952 ingresó en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), gracias a su proximidad a intelectuales como Pierre George o Georges Friedmann. Participó en el lanzamiento de revistas pioneras de la sociología, como Arguments o Communications, y extendió su inquietud intelectual al análisis de la cultura de masas con El espíritu del tiempo, uno de sus libros más celebrados.
Se dejó fascinar por América Latina, pasó un tiempo examinando California como "laboratorio de la modernidad" e intentó descifrar el significado de Mayo del 68 en las páginas de Le Monde. En la década de los setenta arrancó su gran obra, El Método, con seis volúmenes que tardaría casi tres décadas en completar y con el propósito enciclopédico de desentrañar "la complejidad que se impone tanto al conocimiento científico como al estudio de los problemas humanos, sociales y políticos".
Frente a la fragmentación creciente del mundo moderno, Morin buscaba ante todo "entender la realidad en su totalidad" y hacerla accesible al común de los mortales, con libros como Introducción al pensamiento complejo o La complejidad humana, que alternaría con títulos de largo alcance como El hombre y la muerte, La violencia en el mundo o Tierra Patria, con el que inició una incursión en el terreno medioambiental que culminaría con El primer año de la era ecológica o Ecologizar al hombre.
En Para resistir la regresión, Morin anticipaba el auge de la extrema derecha, y en Cultura y barbarie europeas y De guerra en guerra: de 1940 a Ucrania, el pensador del siglo ahondaba en las heridas reabiertas del viejo continente. Sus críticas al pueblo judío, "de perseguidos a perseguidores del pueblo palestino", le valieron duras críticas en los últimos meses de su vida.
En Lecciones de un siglo de vida, publicado con motivo de su centenario, intercalaba sus experiencias de momentos históricos con sus hallazgos intelectuales y su filosofía personal para la longevidad: "La vida solo es soportable si se introduce en ella no la utopía, sino la poesía; es decir, la intensidad, la celebración, la alegría, la comunión y el amor".
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