El rapero y poeta londinense publica su segunda novela, Una vida buscando, donde ahonda en la juventud siendo trans, en la precariedad y en el relato familiar

El rapero y escritor británico Kae Tempest.
Actualizado
Hace una década, Kae Tempest (Londres, 1985) -aún bajo el nombre Kate- dejó fijadas cuáles eran las obsesiones que le rondaban. Lo hizo en las rimas que componían su primer álbum, Everybody Down, y en las líneas que armaban su primera novela, The Bricks that Built the Houses. Una intrincada madeja familiar atravesada por la precariedad, la violencia, las drogas, la identidad, la huida... Todo eso sigue ahí 10 años después, pero el rapero, poeta y escritor londinense parece haber empezado a desentrañar algunos de esos hilos. O eso, al menos, parece desprenderse de su segunda novela, Una vida buscando (Random House).
«Cuando escribo una novela, que es un trabajo duro para mí, pienso mucho menos en lo que el sistema le hace a la gente, pero mi filosofía, mi moral, mis esperanzas y mis miedos están de alguna manera. No es mi intención, pero esa sangre es la que corre por mis venas», expone Kae Tempest en una salita del Hotel Único de Madrid, donde el londinense revisa algunos de los títulos que pueblan una librería antes empezar esta entrevista. Sus agentes han impuesto que solo se le pregunte por su novela, pero esta, en parte, está atravesada por sus experiencias.
Rothko, su protagonista, es un joven trans que regresa a su ciudad tras 15 años de encierro para recorrer algunos de los pasajes de una adolescencia en femenino, de un cuerpo que no le pertenecía y de una sociedad que le era hostil. Ese protagonista, inspirado en la experiencia propia y, sobre todo, en la de un amigo de Tempest, encuentra algunas de las respuestas en Fletcher, el segundo personaje trans de la novela. Y es él quien dice una frase definitiva: «La cura es la transición. La cirugía. La testosterona. Luego tendrás una vida feliz y normal». «Es agradable poder funcionar en un momento, pero eso no significa que con la transición y la operación todo esté resuelto. Aún tienes que seguir adelante con la vida, pero llegas a un punto en el que hay un alivio de un nivel básico de dolor», agrega Tempest.
- ¿Este tipo de personajes y de historias son las que le hubiera gustado tener en su adolescencia? ¿Son una ayuda para esos jóvenes trans que se están descubriendo?
- ¿Tú podrías recordar alguna novela que haya sido importante para ti cuando eras joven? ¿Cuál es? ¿Y por qué fue importante para ti?
- Supongo que Úrsula, en Cien años de soledad, me ayudó a entender alguna dinámica familiar en esa época.
- ¿Tiene eso que ver con el género? Se trata del espíritu de esta persona, el alma es lo que nos arrastra en la ficción. En ella seguramente entendiste algo y te entendiste a ti mismo. El poder de la empatía existe ahí de una manera que no está en el mundo. Sí, claro que es importante contar nuestras historias para que los niños y jóvenes trans puedan ver ejemplos de personas trans mayores, extremadamente importante, pero eso no impulsa la conexión por sí solo, es el alma de esos personajes. Por eso, lo más importante que podemos hacer es crear personajes auténticos, eso es lo que puede generar una conexión, ahí reside el poder.
Lo trans, aunque vehicular, es solo uno de los elementos que componen esta segunda novela de Kae Tempest. A su lado fluyen, desbocadas, la rabia y las adicciones que ya se veían en sus primeros proyectos musicales y literarios. «La rabia y la desesperanza golpean con fuerza a mis personajes. Más, cuando hablamos de adictos. Puedes vivir en tu herida para siempre y sentir que mereces el dolor que sufres, que todo es culpa de los demás. Eso es más fácil que decir que eres responsable de tu propio estado. O puedes salir de la herida e intentar vivir».
Y, sin embargo, desde ahí también afloran la madurez y una cierta mirada compasiva con esa gente a la que la vida no para de golpear. Algo que enlaza con uno de los últimos proyectos musicales del inglés, Irish Goodbye, su colaboración en el álbum del trío norirlandés Kneecap. Precisamente en la canción que uno de sus integrantes, Móglaí Bap, dedica a explicar -y entender- el suicidio de su madre. «La música es una gran parte de mi vida y de la vida de las personas cercanas a mí. A menudo me doy cuenta de que cuando no podemos comunicarnos, cuando es difícil decirnos lo que queremos, inconscientemente elegimos música para explicar las cosas que no podemos a nuestros amigos y familiares».
Lo hace a través de The Pogues, de Stevie Wonder, de The Everly Brothers, de Roberta Flack... Al ritmo de cada uno de sus temas se va profundizando en el relato familiar que Kae Tempest quiere exponer. Y también en los sueños que las circunstancias vitales de esos personajes y la precariedad a la que se enfrentan les han arrebatado. De ahí que el inglés haya elegido All I Have to Do Is Dream, A Place in the Sun o Dirty Old Town. «¿No somos todos gente con problemas y sueños que no se cumplen? Lo que sucede en una vida es complicado, la gente pasa por muchas cosas, pero yo intento que mis personajes no se definan por sus dificultades. No quiero que mis personajes estén marcados por lo que hacen en sus peores días. Igual que no quiero conocerte a ti por lo que hiciste en tu peor día. Quiero conocerte cuando te sientes bien. Pero diría que en mi corazón resuena eso por lo que sé de la gente y de la vida».
- Lo que ha cambiado en sus relatos con los años es que ahora parecen encontrar una salida y cierta esperanza.
- Es importante encontrar belleza en los personajes y en el mundo aunque estén involucrados en cosas muy duras. Incluso cuando un ser humano ha sufrido, aún es posible encontrar algo bello. Esto es algo que he aprendido. Ahora siento gratitud porque la gente, aunque sufrimos, todavía podemos reír. Aunque estemos de luto, tengamos dolor o estemos enfermos. Siento que debe haber un equilibrio cuando creas ficción entre reflejar el mundo y ofrecer algo. Si voy a tomarme tiempo para crear un mundo, tiene que haber generosidad en lo que ofrezco.
Una vida buscando
Kae Tempest
Traducción de Gabriela Castellotti. Random House. 312 páginas. 22,90 ¤ Ebook: 10,99 ¤























