























Treinta años después de fundar su firma en Barcelona, Teresa Helbig sigue más interesada en lo que está por venir que en lo que ya ha conseguido. Este otoño abrirá su primera tienda propia, ubicada donde hoy se encuentra el atelier que ha visto crecer la marca durante décadas, en pleno Eixample barcelonés. Un nuevo capítulo que llega en plena expansión de su línea prêt-à-porter y que confirma algo que atraviesa toda su trayectoria: la necesidad constante de seguir avanzando.
La apertura sirve también como excusa para revisar el camino recorrido. Del taller familiar a París, del oficio artesanal a los museos, de las primeras clientas a una comunidad internacional de mujeres con ADN -y actitud- propios. Treinta años dan para mucho. Estas son las claves que explican cómo se ha construido una de las voces más singulares de la moda española.
Mucho antes que diseñadora, Teresa Helbig (Barcelona, 1963) fue una niña que aprendió a imaginar. Hija única de una familia humilde del barrio del Poble-sec de Barcelona, encontró en la belleza una forma de evasión de una realidad gris. «Poco a poco vas construyendo tu refugio», asegura.
El universo Helbig no nace sólo del glamur clásico, sino también de lo raro y lo extravagante. A las divas del cine como Bette Davis o Lauren Bacall se suman cuentos inquietantes como La pequeña cerillera, de Hans Christian Andersen, y personajes como Miércoles Addams: «La veía estupenda, hacía lo que le daba la gana», recuerda Teresa.
La moda formaba parte de su día a día. El comedor familiar era también taller, un espacio donde patrones, tejidos y costura convivían con la vida cotidiana. Creció viendo trabajar a su madre, Teresa Blasco.
Empezó como escaparatista, pero con apenas 27 años diseñó una pieza que todavía hoy funciona como mito fundacional de la casa: un vestido de 800 plumas cosidas a mano que llevó a una boda y que supuso el impulso definitivo para lanzarse. «Fue mi gran día y el vestido causó sensación», recuerda. Hoy, una reinterpretación de aquel diseño puede verse en el Museo del Traje.
Su imaginario también se construyó entre vedettes y cabarés. Teresa creció fascinada por aquella Barcelona del Paral·lel más excéntrica y teatral, un imaginario que ha trasladado a su moda a través de pedrerías, brillos y plumas.
Detrás de cada diseño hay una atención minuciosa a aquello que a menudo pasa desapercibido: los tejidos, la construcción interior o el acabado de cada detalle. «Yo creo que es narrar historias a través de estos vestidos», explica Teresa sobre una manera de entender la costura, una mirada con la que fundó Teresa Helbig en 1996 en Barcelona.
El taller es el corazón de la firma: funciona como un ecosistema de oficios donde conviven costureras, bordadoras, especialistas en corte láser y otros artesanos con los que la casa colabora desde hace años. Un saber hacer colectivo que Teresa considera irremplazable. «Todo es honesto», resume sobre una manera de trabajar que reivindica el tiempo, el oficio y las manos detrás de cada pieza.

La creadora con algunas de sus piezas.VICTÒRIA ROVIRA (ARABA PRESS)
En Teresa Helbig siempre conviven dos pulsiones: la delicadeza y la rebeldía, la feminidad clásica y un punto irreverente. «Luchar por lo que uno cree... eso es muy nuestro», dice Teresa.
Nunca ha sido un gesto nostálgico, sino una forma de reivindicar el oficio. Bordados, tejidos intervenidos y técnicas manuales conviven con la investigación textil y las últimas innovaciones técnicas.
Teresa Helbig atesora piezas antiguas, pequeños objetos y prendas vintage que acaban filtrándose en sus colecciones: braguitas de los años 20, calcetines regionales o puntillas olvidadas.
Una de las obsesiones de la firma y un material recurrente. La piel aparece a través de transparencias, escotes y texturas, una sensualidad basada en el contraste: la aparente inocencia de un cuello cerrado frente a una espalda descubierta.
Chanel lo convirtió en un código propio, y Teresa Helbig ha hecho lo mismo desde su lenguaje. La firma trabaja este tejido reinterpretándolo con cadenas, rafia o cintas de raso.
La ropa nunca ha sido su único territorio. La firma ha ampliado su lenguaje a través de colaboraciones con diseñadores de joyas y calzado, y más recientemente mediante sus propias colecciones de sandalias o Mary Janes. Piezas trabajadas con piel, pedrería o lentejuelas.
Después de tres décadas construyendo piezas especiales desde la costura, Teresa Helbig abrió en 2025 una nueva etapa con su apuesta por el prêt-à-porter. Una línea de prendas más cotidianas, pensada en formato cápsula, que permite trasladar el lenguaje de la firma a otro terreno. «Sin perder nuestra esencia», dice.
La herencia no es solo biográfica, también emocional. De Teresa Blasco a su hija Zinash, las relaciones entre generaciones femeninas atraviesan su manera de entender la moda. También sus diseños, pensados para perdurar: «Nuestras prendas son para heredar de madres a hijas», detalla.
Mucho antes de que el empoderamiento se convirtiera en palabra de moda, Helbig ya hablaba de diseñar para mujeres con personalidad propia.
En la firma nunca aparecen mujeres previsibles. Brujas, aristócratas, bailarinas revolucionarias... forman parte de un imaginario donde la moda también se construye desde el carácter y el relato. «Sí, somos brujas, y a mucha honra», dice Teresa sobre esa figura femenina sabia, independiente e incomprendida. Mujeres que desafían las normas, que construyen su propio lenguaje y que entienden
Ha construido una comunidad propia unida por un mismo lenguaje estético y emocional. Actrices como Macarena Gómez, Emma Suárez o la directora Carla Simón forman parte de esa tribu. «Tenemos el mismo ADN», asegura Teresa sobre esas mujeres que nunca pasan inadvertidas.
Actrices como Halle Berry, Eva Longoria y Olivia Wilde han llevado sus diseños en alfombras rojas, proyectando el lenguaje de la firma más allá de España.

El tono nude es uno de sus colores fetiche.VICTÒRIA ROVIRA (ARABA PRESS)
Las novias Helbig rara vez responden a una idea convencional de lo nupcial. Son propuestas para emocionar, sorprender y dejar una imagen memorable en el tiempo. «Cuando sus nietos vean la foto dirán: wow», dice Teresa sobre una línea que ocupa un lugar central dentro de la firma.
En 2023 llegó uno de esos reconocimientos que funcionan como una confirmación. Teresa Helbig recibió el galardón como un estímulo, no como una meta. «Esa palmadita en la espalda sirve para decir: lo estamos haciendo bien. Continuamos con mucha hambre», asegura.
Durante años fue una de esas fantasías que parecían lejanas. Desfiló en la ciudad en 2024. «Tú sueña, que a lo mejor se cumple», recuerda la diseñadora.
Lo que empezó con el diseño de los nuevos uniformes de Iberia se ha convertido en una alianza creativa. Dos años después, la aerolínea fletó un avión para su desfile en París, bautizado con su nombre. «Ha sido un gran reto», reconoce la diseñadora.
Para Teresa Helbig, una colección no termina en la ropa. La escenografía, la música y los códigos visuales forman parte de una experiencia pensada para contar algo más allá de la pasarela. Una de las más simbólicas fue la barricada que levantó en su debut en París, formada por una columna de muebles de madera teñidos de blanco en una propuesta de espíritu combativo que rescataba los valores de la Revolución Francesa.
Estados Unidos es una de las grandes apuestas de la firma. Showrooms, clientas y presentaciones especiales han llevado la marca hasta Nueva York o Los Ángeles, dos enclaves estratégicos. «Sigue teniendo mucho potencial», remata Helbig.

Unas Mary Jane de la creadora.VICTÒRIA ROVIRA (ARABA PRESS)
A lo largo de los años, la firma ha desarrollado piezas cinematográficas que le han permitido ampliar su imaginario. Una apuesta que ahora culmina con un documental dedicado a sus 30 años de trayectoria.
Las piezas más simbólicas de la diseñadora forman hoy parte de una colección del Museo del Traje que reconoce el valor cultural de su trabajo y su aportación a la moda española.
En un momento en que muchos diseñadores acaban integrados en grandes grupos, Teresa Helbig sigue defendiendo una estructura propia y una manera de trabajar ajena a la lógica industrial. «Nos permite la libertad de laboratorio, de verdad», resume. Una filosofía que también se refleja en la producción local, el trabajo por encargo y una relación muy estrecha con los artesanos.

Varias prendas de cuero y gasa de Teresa Helbig.VICTÒRIA ROVIRA (ARABA PRESS)
El próximo noviembre, abrirá su primera tienda en Barcelona, ubicada donde hoy se encuentra el atelier, en pleno corazón del Eixample. Nace con la voluntad de acercar la marca al público sin perder el ritmo pausado. «Será un bombazo», bromea.
Detrás de las plumas o los desfiles siempre ha estado la misma necesidad de crear otros mundos. También de refugiarse en ellos. «Un reto. Todo el rato. Un susto o muerte», resume Teresa sobre una trayectoria que todavía sigue escribiéndose.
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